valle del cauca

Destruyen busto del escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal en Tuluá, Valle

El autor de ‘Cóndores no se entierran todos los días’ interpreta la destrucción del monumento como una amenaza.


La destrucción del busto del escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, en Tuluá, Valle del Cauca, ha generado indignación y rechazo. Al monumento, ubicado en el barrio Santa Isabel de este municipio, desconocidos le arrancaron la cabeza. La placa con su nombre también fue dañada. Esta no es la primera vez que pasa.

Los habitantes del barrio Santa Isabel han solicitado la pronta reparación del busto en honor al escritor. “La ignorancia es atrevida”; “Aquí en Tuluá falta cultura ciudadana, hasta cuando tanta rabia con las personas que a través de los años nos han dado reconocimiento internacional, de eso nos debemos sentir orgullosos de que ‘Gardeazábales’ no salen todos los días”; “Monumento mutilado por el odio y resentimiento de los mediocres”, son algunos de los comentarios de los ciudadanos en redes sociales sobre el hecho.

Gardeazábal, por su parte, no pidió la reparación del busto y aseguró que interpreta su destrucción como una intimidación contra él. “Que tumben el busto por segunda vez es más que suficiente. Como respuesta a la terquedad de la comunidad tengo que agradecer, pero lo que está sucediendo es una amenaza contra mí”, dijo.

El autor de Cóndores no se entierran todos los días señaló que este acto es una represalia a sus posturas y opiniones. Es una clarísima advertencia, yo digo muchas cosas y conozco el lenguaje de mi pueblo. Además, es la lógica, si a usted le tumban dos veces una estatua y usted está vivo, el siguiente tiene que ser el vivo”.

En ese sentido, afirmó que si la destrucción del busto hubiera sucedido en otra ciudad, podría tratarse de un acto vandálico, pero en Tuluá “esa clase de mensajes están cargados de significado y mayúscula peligrosidad”.

“Después de la segunda destrucción del busto en mi honor en un parque de Tuluá espero que lectores y oyentes entiendan por qué mi cadáver no puede reposar en esa tierra e irá al Museo Cementerio de San Pedro en Medellín para que me entierren parado”, argumentó.

En 2012, once días después de que la estatua y la placa fueran instaladas, desconocidos atacaron el busto por primera vez. Antes del acto vandálico, cuando recién fue inaugurado el monumento en el barrio Santa Isabel de Tuluá, el exalcalde agradeció afirmando que serviría para que su nombre y el de su obra fueran recordados, pero bromeó diciendo que al final a los “bustos y a las estatuas siempre los cagan las palomas”.