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Ataque sicarial en lavadero de vehículos dejó dos muertos y un herido en Cartagena

Ante los impactos propinados, la tercera víctima se encuentra en grave estado de salud.


Durante la tarde de este lunes un trágico hecho se presentó en el barrio Huellas de Alberto Uribe, en Cartagena, cuando dos hombres que se movilizaban en una motocicleta atacaron a un grupo de personas que se encontraban en un lavadero de la zona.

El ataque sicarial se presentó luego de que un sujeto, que iba como parrillero, llegara al lavadero La Fe, al parecer, en búsqueda de atentar contra una persona que se encontraba allí, por lo que de manera indiscriminada lanzó varios disparos.

En el hecho resultaron heridas tres personas, que fueron remitidas de manera inmediata hacia un centro asistencial de la ciudad, en el que lamentablemente se confirmó que ante los impactos recibidos, dos de ellos llegaron sin signos vitales, y la tercera persona estaría en grave estado de salud.

Miembros de la Policía Metropolitana de Cartagena arribaron el lugar del crimen para el esclarecimiento de los hechos, en que testigos indicaron que dos de las personas que habrían resultado baleadas serían empleados del lugar.

El hecho se registró a las 3 de la tarde d este lunes
El hecho se registró a las 3 de la tarde d este lunes - Foto: Suministrada

Por su parte, las autoridades continúan con la investigación para dar con el paradero de los responsables materiales e intelectuales del ataque sicarial. Asimismo, la comunidad exige que se tomen medidas que brinden garantías de seguridad, ante los golpes delictivos que atraviesa en el último mes.

Alerta en Cartagena: la inseguridad tiene en jaque a La Heroica

El crimen del fiscal paraguayo Marcelo Pecci el pasado martes, en el exclusivo sector de Barú, en Cartagena, no solo fue un hecho desafortunado que desencadenó un impacto mediático en Suramérica, sino que desnudó ante Colombia y el mundo el problema de inseguridad que acarrea esa ciudad desde hace varios meses.

Las cifras no mienten y son contundentes: según información de la Policía, entre el 1 de enero y el 1 de mayo de 2022, asesinaron a 118 personas en La Heroica. Un récord de homicidios si se tiene en cuenta que el año pasado hasta el 31 de julio, esa misma medición rondaba los 109 casos. Es decir, en tres meses mataron más ciudadanos que en todo un semestre del periodo anterior.

La muerte del fiscal Pecci, que podría tener tintes trasnacionales, no habría sido casualidad. En Cartagena hay oficinas de sicarios que se encargan de cumplir trabajos hacia propios y extraños. Además, hay una fuerte puja por el control territorial del microtráfico en zonas estratégicas como la Torre del Reloj o sitios aledaños al centro histórico.

Las dos estructuras que atemorizan a Cartagena están identificadas como Los Robledos, una banda que, según las autoridades, llegó desde Medellín a finales del año pasado, y un reducto del Clan del Golfo. Esos dos brazos armados urbanos son los causantes, en la mayoría de casos, de los números disparados de homicidios, extorsiones, hurtos y secuestros exprés.

Por todo ese coctel delictivo, y anticipándose a hechos como el ocurrido con el fiscal Pecci, la Embajada de Estados Unidos recomendó en noviembre del año pasado a sus ciudadanos no visitar ciertos puntos de la ciudad más importante para el turismo en Colombia.

“Ha habido un aumento de la actividad criminal en toda Cartagena a medida que se han reducido las restricciones de covid-19, y ha habido varios eventos criminales notables en el barrio de Chambacú, área este del Centro Comercial Caribe Plaza y en el sur”, decía el comunicado.

Frente a esto, el alcalde William Dau dijo en su momento: “Un turista no tiene por qué ir a meterse a un barrio tenebroso a las dos de la madrugada; esas son cosas de lógica”. Seis meses después de aquella frase, sus palabras aún le siguen pasando factura, pues la inseguridad de Cartagena no es algo de espacios geográficos, estratos sociales u horarios específicos.

Al fiscal Marcelo Pecci lo mataron en uno de los sectores más exclusivos de la ciudad, en una playa privada y a las nueve de la mañana, frente a centenares de personas. Sus sicarios llegaron en motos acuáticas y lo balearon mientras tomaba el sol.

Pero luego de la advertencia de la Embajada de Estados Unidos que el alcalde ignoró, en Cartagena mataron a 35 personas en enero, uno de los meses más violentos de los últimos ocho años. De estos sucesos, 18 fueron por sicariato; 115, por riñas; uno, por atraco, y otro más, por un presunto linchamiento.

En febrero, la tendencia fue casi similar: 24 homicidios, de los cuales 13 fueron por sicariato, y nueve, en riñas. En marzo subieron, de nuevo, las cifras de asesinatos a 31 casos, 23 de ellos por la modalidad de sicariato.

Y si las cifras no son suficientes, también se podía echar un vistazo a las historias de inseguridad, que cada día son más. Mientras la pelota de responsabilidades pasa de un despacho a otro, Cartagena pierde poco a poco su reputación como una zona segura. La ciudad vitrina de Colombia enfrenta, en términos de seguridad, uno de sus periodos más críticos.