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"Enfrentar con alegría los problemas es parte de nuestra tradición"

La puerta falsa ha sido testigo de la historia de Bogotá desde 1816. En 204 años es la primera vez que tienen que despedir a todos sus empleados sin la certeza de cuándo van a reabrir.

Sobre la calle 11 con carrera sexta, al lado de la Catedral Primada y a pasos de la Plaza de Bolívar, se encuentra el mítico restaurante La puerta falsa. Allí, a las nueve de la mañana, con un sol radiante en Bogotá y las calles desoladas por la cuarentena, Carlos Sabogal, dueño y administrador del negocio, le abre las puertas a SEMANA.

El hombre de 84 años dice que es la primera vez en su vida que sale de su casa sin rasurarse. “Dije que no me iba a afeitar hasta que se acabara la cuarentena y mire”, asegura sonriendo. La barba plateada le hace juego a su pelo y sus cejas abultadas. Mientras abre el local, reniega del decreto presidencial que prohíbe la salida de los mayores de 70 años: “Deberían dejarselo a la responsabilidad de cada cual. ¿Cómo puede ser posible que a estas alturas de mi vida tenga que pedirle permiso a alguien para salir a la calle?”, dice.  

El negocio está vacío. En otros tiempos, eso no habría pasado. Hace unos meses los comensales hacían fila para entrar atraídos por delicias como chocolate, café, agua de panela, quesos, almojabanas, tamales, ajiaco y golosinas típicas que fascinaban a los visitantes. Pero desde que se decretó el simulacro y después la cuarentena nacional La puerta falsa no ha abierto. Ni siquiera hacen domicilios y los ahorros alcanzaron para pagar los sueldos de los empleados hasta el mes de mayo. “Habíamos estado en aprietos, pero nunca angustiados. Hoy estamos muy angustiados”, dice el señor Sabogal. 

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