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Cuando Andrés Caicedo casi oye a Patti Smith

Por: Rosario Caicedo

Rosario Caicedo, hermana del escritor, cuenta la historia de un regalo que nunca alcanzó al destinatario.


A mediados de 1976, Andrés Caicedo y yo hablamos por teléfono...esas llamadas del siglo pasado...llamadas caras, carísimas, llamadas casi mágicas por lo difíciles que eran...la voz tartamuda de mi hermano a miles de millas de distancia: "¡Rosarito, Rosarito, esta vez no te voy a pedir un disco de los Stones! Anota: Patti Smith. El long play se llama HORSES y la foto es una maravilla. La tomó un tipo de apellido raro, un genio. Y ella es muy buena. Búscalo, Rosarito y me lo traes cuando vengas...yo estoy bien mal y a mí los discos me ponen contento"...

Y siguiendo sus instrucciones, con una bebé de meses me fuí a buscarlo. Y nada que lo encontré...agotado estaba en las únicas dos tiendas de discos que existían en New Haven, Connecticut. Otra carísima llamada a Andrés Caicedo: " No está aquí, Andrés... que solamente en Nueva York y yo no puedo viajar así de fácil ahora con la nena...."

Y estas fueron sus instrucciones:

"¡Anda a la tienda donde compré los discos pirata de calidad de los Stones y diles a los vendedores que lo necesitas tener, que es materia ‘de vida o muerte’ y verás que te hacen caso!" “A matter of life and death" un disco de Patti Smith? Ok, pensé, a tratar se dijo...a actuar de "hysterical fan" de alguien que no tenía idea quien era... Y así lo hice. El vendedor del almacén de los discos piratas, un hippie de 1975, volando en algún viaje extraterrestre, me creyó toda la mentira: " I DIE for Patti Smith, die, die, die!" " Oh, man, what can I tell you, oh, man...look, I have a promotional copy which is not for sale, but give me 20 dollars and it will be yours." Y yo se los dí. Veinte dólares. Una fortuna en 1976. Para mí. Para muchos. Y me fuí con el disco de Andrés a mi apartamento para oír por primera vez en mi vida a Patti Smith. Lo que más me gustó fué la carátula: esa muchacha con ojos directos y desafiantes como si estuviera diciendo: Miren quien soy: me visto como me dá la gana, me peino como me dá la gana y canto como me dá la soberana gana. Viéndola solamente en ese pedazo de cartón blanco, me hacía querer bailar como me diera la gana. Y así se lo dije a Andrés cuando lo llamé para decirle que la misión estaba cumplida. " Te lo llevo en diciembre -- creo que vamos a poder ir-- te lo doy de regalo de Niño Dios. " Trato hecho", me dijo. Y se rió: " Sí, Patti Smith de Niño Dios." Y así quedamos.

Y no pude ir en diciembre, y Andrés se mató en marzo sin recibir mi Niño Dios, sin oír a Patti Smith. Sin verla motivando a cada uno que vió esa carátula icónica a ser lo que eran y a hacer lo que se les diera la gana. Y el regalo que nunca alcanzó al destinatario está ahora entre mi colección de discos.

La copia de la autora.