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| 4/24/2005 12:00:00 AM

La ola izquierdista en Colombia

Lunes 25. "¿Por qué la ola roja de gobiernos de izquierda en Latinoamérica no parece llegar a Colombia?, ¿sucede algo raro en la izquierda colombiana?", se pregunta Darío Acevedo Carmona, lector de SEMANA.COM.

La ola izquierdista en Colombia La ola izquierdista en Colombia
Mucha gente se pregunta ¿por qué la ola roja de gobiernos de izquierda en Latinoamérica no parece llegar a Colombia?, ¿sucede algo raro en la izquierda colombiana?

Para responder estas inquietudes bien vale la pena echar un vistazo a algunos procesos políticos recientes en la región. Mientras tendencias y agrupamientos radicales de izquierda en Guatemala y El Salvador accedieron a negociar la paz después del derrumbe de la URSS y del Muro de Berlín, sus émulos en Colombia en cambio se tornaron más beligerantes y menos propicios a cualquier cambio, cuando más cambiaron su imaginario heroico con la figura de Simón Bolívar.

A su vez las guerrillas del Cono Sur se amoldaron a los procesos de democratización después de las horribles experiencias dictatoriales de Pinochet, Videla y compañía. Tanto en los primeros países como en estos últimos, la izquierda es mirada sin los prejuicios del pasado, sin los temores propios de la guerra fría. Es una izquierda atenuada y en buena medida realista y pragmática en el ejercicio del poder. No obstante las diferencias de matiz que se hay entre los diferentes movimientos, la opinión pública de estos países observa con interés la ocupación de importantes espacios políticos por parte de estos agrupamientos.

No es sólo un asunto de pragmatismo o de moderación doctrinaria, también juegan las limitaciones históricas que impone un modelo económico que ha sabido adaptarse a ciertos giros y cambios y que no renuncia al propósito de insistir en la ortodoxia fiscal y en las bondades del libre comercio. Es claro que ninguna opción de izquierda está en capacidad de forzar una reforma radical de dicho modelo, ni siquiera la brasileña que está al frente de la novena economía mundial.

La izquierda colombiana es otro cuento. La que se puede considerar institucional, la que acepta las reglas del juego democrático, se mueve entre la desconfianza hacia la democracia y la actitud antiestatista, piensa que todo lo que provenga del Estado merece la desconfianza y por ello su discurso sigue siendo en buena medida contestatario, poco propositivo y poco afirmativo respecto de las instituciones, las acciones de la fuerza pública son catalogadas como represión oficial. Además, esta izquierda, en la que hay brillantes dirigentes, no ha podido superar el divisionismo ni ha podido establecer serias diferencias de ideas y de procedimiento con respecto a las ideas y procederes de los partidos tradicionales, algunos son tan gamonales como cualquiera de los tradicionales e incluso algunos se empeñan en darle oxígeno a anacronismos históricos.

Sin embargo, lo que más seriamente obstaculiza la transformación de la izquierda colombiana en una fuerza moderna, respetable, moderada y madura es la persistencia obtusa de la lucha armada como instrumento vigente para la búsqueda de la reforma de la sociedad. La izquierda radical que apela e insiste en el camino de las armas perjudica a aquella otra que pretende marcar diferencias y crea un ambiente propicio para los malentendidos y para que todo lo que huela a izquierda sea estigmatizado por sectores importantes de la población.

La experiencia de gobierno de los Garzones en Bogotá y en el Valle del Cauca bien vale la pena proyectarlas como el signo inequívoco de que sí es posible soñar con una izquierda civilista. Una izquierda que sea capaz de ser autoctrítica, de tomar distancia frente a las presiones de los clientelistas de su campo, que no apele al populismo y que sea rotunda en condenar la lucha armada, que no caiga en la trampa de justificarla ni política ni sociológicamente, puede alcanzar resultados significativos. Por ello hay que desearle éxitos al experimento de los garzones y esperar que se impongan a los intereses oportunistas de barones de sacoleva roja.

No quiero terminar esta idea sin expresar la siguiente consideración: el escenario que más le conviene o que es más propicio para un triunfo de la izquierda en Colombia en las elecciones presidenciales, es aquel en el que la lucha armada y la violencia política de todo pelambre hayan sido derrotadas o reducidas por el Estado a la más mínima expresión. Prisioneros de un hirsuto sectarismo antiuribista, tanto el Polo como la Alternativa Democrática, se niegan a entender y a aceptar que sólo el fortalecimiento del Estado y la recuperación del monopolio de la fuerza por parte de éste, en suma la relegitimación del mismo, es lo que puede abrir las puertas a una lucha pacífica, franca y civilista por el control del gobierno. Lo contrario es seguir en contravía de la historia.

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