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| 5/22/2005 12:00:00 AM

¿Polos opuestos?

Las explicaciones de Samuel Moreno sobre la actuación del Polo Democrático en la aprobación en primer debate de la Ley de Garantías de la oposición resultan poco creíbles, opina el politólogo Giovanni Mantilla.

¿Polos opuestos? ¿Polos opuestos?
Causa sorpresa, por decir lo menos, ver al senador Samuel Moreno, presidente del Polo Democrático, defender de manera airada en una reciente entrevista la actuación de la bancada de su partido en la aprobación en primer debate de la llamada Ley de Garantías de la oposición.

Moreno se daba a la difícil batalla de afirmar que el Polo no sólo no había llegado a ningún acuerdo con la bancada uribista y con representantes del gobierno sobre cuatro artículos de la ley (relacionados, vale mencionar, con varios aspectos clave para las elecciones como lo son el acceso a medios, la financiación de campañas y el derecho a réplica, entre otros), sino que sus votos no habían marcado la diferencia que consiguió la eventual aprobación del controversial proyecto.

En esta ocasión, la vehemencia de Moreno para defender la moral del Polo, que se ha caracterizado por ser casi religiosamente anti-oficialista, resulta sin duda comprensible. A estas alturas del debate político en torno a las próximas elecciones presidenciales, sería un claro exabrupto aceptar públicamente que un partido de oposición (en particular uno tan alejado de las causas del gobierno) se trance con los sectores que apoyan a Uribe, para lograr réditos financieros y mediáticos en su propio beneficio. Exabrupto que podría bien ser leído por la opinión pública y por los simpatizantes polistas como la "venta" de su partido.

Explicaba Moreno entonces, como aclaración y conjuración de las "pérfidas calumnias" que en su opinión habían difundido los medios de comunicación, que el Polo no habría negociado nada con el gobierno.

Por el contrario, lo que habría sucedido es que los sectores oficiales habrían únicamente recogido unas propuestas del Polo en esa materia, y las habrían incluido en el articulado final del proyecto aprobado. Dejando de lado las importantes diferencias semánticas y políticas entre un "acuerdo" Gobierno-Polo y una "aceptación voluntaria" de las propuestas del Polo por parte del Ejecutivo, es evidente que, de hecho, sí hubo por lo menos un gesto de negociación de parte y parte, manifiesto en las expresiones de complacencia y satisfacción de personajes insignes del Polo como Gustavo Petro, Germán Navas y Antonio Navarro, difundidas por los medios tras la aprobación del mentado proyecto.

En particular si se observa el importante guiño de Navarro, que por su condición ya natural de precandidato presidencial había pedaleado sin tapujos la inclusión de asuntos clave para el desempeño del candidato de oposición en una eventual afrenta electoral contra Uribe.

Por estas razones -aunque no sean solamente éstas- es que, a pesar de ser entendibles, las explicaciones del presidente del Polo resultan poco creíbles. Intentar hacer creer, después de ocurridos los hechos, que los parlamentarios polistas no tuvieron nada que ver en la aprobación del articulado, y que el Gobierno habría actuado por voluntad propia, resulta ya irrelevante para la discusión, por la simple razón que la evidente satisfacción de los representantes del Polo (y el beneficio correlativo de sus tres precandidatos a la Presidencia) termina por legitimar, de tajo, un eventual escenario electoral reeleccionista con Uribe como protagonista. Causa en la que sin duda nadie habría imaginado ver involucrado al Polo Democrático.

Falta ahora ver, más allá de la controversia mediática de coyuntura, si se trata en este caso de un resquebrajamiento político al interior de Polo, de una decisión pragmática guiada por una estrategia electoral de cara a la inminente aprobación de la reelección, o de un extraño (y poco santo) acercamiento entre un partido de oposición y el Gobierno nacional. En cualquier caso, es predecible que el menos favorecido por este errático tejemaneje de una ley tan trascendental para el futuro político del país - esto sin mencionar los desaires del Partido Liberal-, resulte siendo el propio sistema democrático colombiano que, por falta de transparencia, quede más debilitado de lo que ya está.

*Politólogo de la Universidad de los Andes.

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