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| 1/23/2005 12:00:00 AM

¿Por qué no?

Jueves 27. Aunque el gobierno ya descartó la posibilidad, Leonor Fernández, lectora de SEMANA.COM, cree que la mejor solución para los desmovilizados es entrar al Ejército.

¿Por qué no? ¿Por qué no?
Ya empezaron a aparecer en Montería y en Norte de Santander los primeros problemas con los desmovilizados de las AUC. Por una parte, parece que no les llegan a tiempo los subsidios ofrecidos, y por otra, ya se les acusa a algunos de estar delinquiendo nuevamente.

Y es que, reincorporar a la vida civil estos grupos violentos, acostumbrados solo a guerrear, no ha sido nunca sencillo.

A veces, han ocurrido en la historia circunstancias fortuitas que resolvieron el problema. Esto, por ejemplo, le ocurrió a España después de esa larga lucha contra los moros que duró más de 600 años.

Cuando en 1492, lograron por fin vencerlos y expulsarlos, se terminó también con la forma de vida de cientos de soldados y mercenarios que difícilmente podían adaptarse a la bucólica y provinciana existencia de las ciudades castellanas. El retorno a la vida civil de estas huestes, enseñadas sólo a guerrear, se tornaba en un problema casi tan grave como la misma ocupación de los moros. Pero, providencialmente, apareció América, y entonces, estas hordas guerreras, sedientas de aventura, tuvieron una razón de ser: la conquista de las tierras americanas.

Este tipo de circunstancias, ha ocurrido, sin embargo, muy pocas veces en la historia. Lo usual es que, al término de las guerras, los vencedores se vean necesariamente enfrentados al problema de reubicar y devolver a la vida civil, no solamente a muchos miembros de su ejército sino, principalmente, a los miembros de los ejércitos enemigos, culpables en ocasiones de crímenes atroces.

Sucedió en Alemania, en donde, al terminar la Segunda Guerra Mundial, no se pudo, desde luego, ejecutar y condenar a todo el ejército alemán que sembró el terror y la desolación en Europa. Ni siquiera pudo hacerse esto con los guardias que custodiaron y asesinaron en los campos de concentración a millones de judíos. Sólo pudieron ser juzgados y condenados los más altos jefes militares. El resto del ejército debió continuar prestando sus servicios al país luego de la derrota. Algo similar ocurrió en Japón, en China, en Rusia.

Y algo similar ha ocurrido también ahora en Irak. El ejército americano ha debido contratar para la seguridad del país -no obstante el riesgo- a los mismos guardias que prestaban servicio durante el régimen del depuesto Saddam Hussein. No hay otra forma de lograr la paz. No se puede fusilar a todo una nación ni a todo un ejército. Sólo los cabecillas y quienes hayan cometido crímenes de lesa humanidad deben responder por ellos.

Nuestro país debe enfrentar también ahora esta circunstancia. Miles de violentos están entregando las armas. A pesar de sus detractores, la desmovilización ha sido un gran logro del Presidente Uribe, un paso imprescindible para alcanzar la paz. Pero, esta realidad debe ser manejada con mucha inteligencia para no fracasar.

Un país como el nuestro con una taza tan alta de desempleo, con miles de desplazados solicitando ayuda, con un Seguro Social en crisis, con hospitales, universidades y escuelas quebrados, con municipios indigentes que no pueden brindar a sus habitantes los servicios básicos, con una miseria galopante que se ha ido convirtiendo en verbo que conjugan a diario miles de colombianos y con una guerrilla apátrida que no permite utilizar el Presupuesto Nacional para resolver estos problemas, no puede, de ninguna manera, subsidiar a los miles de reinsertados que -a Dios gracias- día a día van dejando las armas.

A pesar de que esta opción ha sido rechazada por el Gobierno, yo insisto en preguntarme: ¿Por qué no ponemos a hacer a los paramilitares y a los ex guerrilleros, lo que realmente saben hacer?, ¿por qué no incorporamos estos guerreros al Ejército Nacional?, ¿por qué desperdiciar en ellos sueldos y subsidios, si pueden ganárselos legítima y patrióticamente, luchando al lado de los militares colombianos?, ¿por qué arriesgarnos a que, probablemente sean reclutados por la guerrilla o por la delincuencia contribuyendo así a hacer más difícil y doloroso este conflicto?

¿Es acaso esto algo que puede ser cuestionado internacionalmente? Creo que no. Todos los países lo han hecho en su momento. Además de los casos ya citados, tenemos también el ejemplo de la Legión Extranjera de Francia donde se reclutaba mercenarios de todas partes del mundo para luchar en sus guerras coloniales.

Si la reinserción fracasa, fracasa también la esperanza de paz. Usemos entonces el sentido común. Aprovechemos el entrenamiento que tanto paramilitares como guerrilleros han recibido. Usemos su experiencia en el combate y pongamos a los desmovilizados -que no tengan delitos atroces por los cuales responder- a luchar junto a nuestro heroico ejército, por la paz de Colombia.

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