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| 2/12/2006 12:00:00 AM

¿Realmente quién merece esta oportunidad?

Heiddy Gutiérrez, lectora de SEMANA.COM, se hace la pregunta comparando las prebendas a los paramilitares desmovilizados y el juicio riguroso al secuestrador del avión de Aires.

¿Realmente quién merece esta oportunidad? ¿Realmente quién merece esta oportunidad?
Dura es la ley, pero es la ley. Esa sería la explicación más razonable para entender por qué las dos personas que se tomaron el avión de Aires tendrán que hacerse responsables penalmente por sus actos. Sin embargo, haciendo un análisis menos jurídico y más social, no hay que desconocer que la ley ya no es tan dura como en otros tiempos. Una muestra de ello es la creación de leyes más flexibles como la de justicia y paz. En su formulación se ignoran crímenes y violaciones a los derechos humanos que han cometido en el transcurso de su actividad los miembros de las Autodefensas. El Gobierno sacrifica la verticalidad con la que debe aplicarse la ley penal en pro de una paz que, en mi concepto, sólo beneficia a unos pocos. Ahora bien, rechazando toda manifestación de violencia, sin importar la mayor o menor gravedad de las consecuencias que esta genere, es necesario reflexionar sobre lo siguiente: la ley se aplica con menos dureza con quienes durante décadas han sido infractores flagrantes de la ley y que se han lucrado con sus acciones violentas, desproporcionadas e injustas. Pero es dura con alguien que sólo buscaba la reivindicación de un derecho adquirido por la vía legal y que el Estado ha ignorado con desidia. Pero todo el peso de la ley sí cae sobre el secuestrador del avión de Aires, Porfirio Ramírez. Durante el "secuestro" del avión -que duró sólo unas horas- respetó la vida de todos sus ocupantes, permitió que mujeres y niños salieran del avión. Las preguntas que hay que hacerse a continuación son entonces: ¿Por qué tanta desigualdad?, ¿por qué tanto escándalo por parte de muchos? Si vamos a perdonar y olvidar la conducta de muchos que por años han sido los causantes de la muerte de miles de colombianos, que han dejado a muchas familias sin hogar, a centenares de mujeres violadas y lucrado con el narcotráfico, ¿por qué somos tan severos con el señor Ramírez?, ¿por qué algunos se santiguaron y cuestionaron la ya cuestionada seguridad aérea?, ¿por qué no podemos juzgar a este señor con la misma misericordia que juzgamos a los paramilitares? Mi intención, repito, no es justificar la violencia o fomentar la delincuencia como una forma de tomar la justicia por las propias manos, pero si la de dar una perspectiva objetiva ante nuestra situación. Si realmente queremos que hechos como el secuestro del avión de Aires no se repitan, si no queremos que padres y madres sin trabajo o con condiciones laborales injustas no roben latas de atún o pan de los grandes supermercados, si no queremos que las calles se llenen de vendedores ambulantes, entonces entendamos que el gobierno debe diseñar lineamientos políticos de profundo contenido social, que realmente ataquen los factores de pobreza e inequidad, que generen realmente oportunidades para el mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos. También invito a todos los lectores a hacer un ejercicio pedagógico respondiendo la pregunta: ¿que haría usted si estuviera dentro de un pozo profundo y oscuro del que no puede salir solo? Yo, haría lo que fuera necesario hasta que alguien se percatara de que estoy ahí y me ayudara a salir. Creo que eso fue lo que hizo el señor Ramírez: gritó desesperado en busca de auxilio.

EDICIÓN 1879

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