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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Si yo fuera alcalde

El profesor Diego Calle se pone, por unos minutos, en los zapatos del alcalde de Medellín.

Si yo fuera alcalde Si yo fuera alcalde

Como nunca seré elegido alcalde de Medellín, la ciudad que vivo y disfruto, puedo darme el lujo de botar corriente, como cualquier ciudadano, soltando ideas. Unas tienen la ventaja de que desde el punto de vista económico, o no tienen costo, o lo tienen muy bajo. Otras son difíciles, pero no imposibles de realizar y ameritan planes concretos para financiarlas.
 
Si me eligieran alcalde empezaría por rodearme bien,  no me dejaría llevar de mis sentimientos de camaradería con mis amigos, pues gerenciar una ciudad tan compleja como Medellín es más difícil que manejar una exitosa compañía, posición que ningún ejecutivo responsable puede desempeñar acertadamente si no cuenta con excelentes colaboradores. Y para rodearme bien no necesitaría presupuesto económico alguno.

Hecho lo anterior, buscaría la manera de conseguir la colaboración de la empresa privada que, en momentos difíciles, es la que puede ayudar a solucionarlos, y para lograrlo le daría la seguridad de que mi equipo de trabajo es el mejor y lo halagaría con cosas razonables como la creación de incentivos que, aunque de entrada aparenten mermar los ingresos del municipio, a la hora de la verdad los incrementan como consecuencia de la eficiencia, la productividad y el crecimiento económico. Esto tampoco tiene costo.

Buscaría también el apoyo ciudadano, reuniéndome frecuentemente con los líderes cívicos y comunales, con los empresarios y periodistas y con la gente común y corriente, dándoles la oportunidad de opinar, no prometiendo lo imposible, sino cumpliendo lo prometido y haciéndoles ver que se está trabajando por la ciudad, con dedicación, honestidad y profesionalismo. Conseguir este apoyo tampoco cuesta económicamente.

Entonces dividiría los proyectos entre los fácilmente realizables y aquellos que requieren financiación y empezaría por los primeros para poder mostrar resultados que me dieran la credibilidad necesaria para acometer más adelante los segundos.

Trataría de embellecer a Medellín y hacerla más amable para que sus habitantes mejoraran su calidad de vida y la volvieran a querer. Arreglaría los parques y les pondría iluminación y juegos infantiles, repararía las fuentes, quitaría los peligrosos policías acostados, cortaría la maleza, acabaría con el mugrero y con la horrible proliferación de vallas y construiría una moderna vía al bello Parque de los Deseos, Parque Norte, Jardín Botánico y el que será el proyecto EXPLORA  que se puede aprovechar mucho más para deleite de los medellinenses y nuestros vecinos de los municipios del Área Metropolitana. Estas iniciativas son fáciles de hacer y tienen un costo bajo y manejable que se podría financiar reduciendo gastos suntuarios, despilfarro y burocracia.

Como algo novedoso haría que los propietarios de lotes vacíos localizados dentro del perímetro urbano pagaran una pequeña sobretasa para convertirlos en zonas verdes mientras se construyen.

Logrado lo anterior, me dedicaría a los grandes proyectos como el parque ambiental La Pradera, la cárcel en Pajarito y el mejoramiento definitivo de la malla vial, así como la creación de un enorme cuerpo de vigilantes civiles, debidamente seleccionados y preparados, que además de ofrecernos la seguridad que tanto necesitamos, redujera en forma drástica el desempleo al dar la oportunidad de trabajar honestamente a los menos capacitados.

¿Con qué recursos haría todo esto y lo que no menciono por falta de espacio? Los buscaría y los encontraría, pues ya habría vendido la imagen de estar haciendo bien las cosas y se habría demostrado honestidad y sensatez. Con esos logros, Medellín se pondría de moda ante los ojos de todos y tanto la refinanciación de la deuda actual como la financiación de los nuevos proyectos serían posibles, pues las bancas nacional e internacional colaboran cuando se les presentan propuestas serias y debidamente respaldadas.

Ojalá quede algo de mi botadera de corriente y que los que de verdad tienen el poder actúen antes de que sea demasiado tarde.
 
* Historiador de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín.

EDICIÓN 1888

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