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| 2/6/2005 12:00:00 AM

Vida legal

Lunes 7. De ahora en adelante, los colombianos -y cientos de ilegales más- podrán salir a las calles españolas con la cabeza en alto y exigir sus derechos ante sus jefes, escribe Otoniel Parra sobre la legalización de extranjeros en el país europeo.

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Como en el poema inmortal del colombiano Eduardo Zalamea Borda, en "El Sueño de las Escalinatas", inspirado en las riberas del anciano Ganges, "crece y crece la audiencia", en este caso de miles de colombianos, probablemente más de los 360.000 que se dice viven en España en situación irregular, ante los anuncios oficiales de una legalización para su estadía en este país.

El de Colombia es solo una parte del conglomerado extranjero residente en la península proveniente de los cuatro puntos cardinales. Los inmigrantes han llegado de naciones como Cuba, Santo Domingo, Panamá, Perú, Ecuador y otros de Centro y Suramérica, Ghana, Kenia, Congo, Marruecos o Camerún en África y los lejanos de la antigua Unión Soviética y Asia como China, Corea y Mongolia.

Este fenómeno es más evidente en ciudades costeras del mediterráneo, a donde llegan casos dramáticos y tristes, como los cientos de pateras, barquitos rudimentarios construidos en la penumbra de las noches africanas, con sobre cupo de angustiados seres, muchos de los cuales terminarán en el fondo del mar.

Hacia el centro del país, en localidades como Torrejón de Ardoz, a pocos minutos de la capital y en barrios como Lavapies, La Latina y Cuatro Caminos en Madrid, es notoria la integración extranjera que poco a poco ha florecido hasta ofrecer ya en el transcurso normal de la ciudad una multirracial y variopinta convivencia, que pocas sorpresas ofrece a los lugareños.

En estos sitios de calles siempre atiborradas de transeúntes, menos dentro del sagrado horario de la siesta (una a cinco de la tarde en promedio) puede verificarse a diario por un mismo andén el caminar presuroso de ciudadanos extranjeros, bajo la zaga de sus propias costumbres y formas de vida importadas y empotradas en lo posible dentro del nuevo marco ciudadano que por diversas circunstancias han adoptado.

Esta es la España del nuevo milenio, un caleidoscopio étnico cultural, muy fiel al contexto histórico de este reino que por cientos de años ha sentido sobre el lomo de sus tierras el paso y la estadía de diversos pueblos que de alguna manera dejaron y dejan algo de su impronta con sus fallas y aciertos. Es una realidad que solo la miopía de trasnochados nacionalismos puede ignorar.

Sacudidos por esta realidad, tanto el gobierno anterior como el actual han considerado sano enfrentar el problema. Aunque con diferentes puntos de mira. En el pasado, Aznar brindó una regularización de puertas abiertas que sobredimensionó la promesa de prosperidad para los futuros inmigrantes y casi copó las expectativas a los aspirantes a una nueva vida, sin que luego en el ocaso de su mandato el presidente se atreviera a tomar decisiones fundamentales para poner coto a la situación.

El actual presidente, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, en cambio prometió y parece cumplirá la consigna de "normalizar a cientos de miles de inmigrantes" (como ahora se dice para no usar el término aznarista caído en desgracia). El plan actual tiene premisas expresas y muy claras para este colectivo, pues le exige a los aspirantes haber residido en España mínimo 6 meses comprobados con el certificado de empadronamiento, la presentación de un certificado de antecedentes penales y la garantía igualmente de estar, como se dice en el argot popular español, "currando", es decir trabajando en un puesto definido.

Ha sido una fórmula salomónica y con un toque de malicia que obligará a "salir del armario" cogidos de la mano a los patronos con sus empleados clandestinos, lo que obligará a unos y a otros a poner las cuentas sobre la mesa en materia del pago de salarios justos, pago de impuestos y de seguridad social.

El hecho de que sea el propio patrón quien avale el trabajo del inmigrante será una garantía más de seriedad y evitará en alto grado la intervención de los famosos intermediarios y demás amigos de las situaciones ilegales. De ahí que haya mucho entusiasmo en las colonias extranjeras, en las ONG, y otros círculos sociales que buscan arreglar las situaciones de los extranjeros sin papeles.

Es una nueva visión de futuro en la España de los 400 años de la primera edición de El Quijote, para millares de personas que dejaron sus países, muchas veces por peligro hasta de perder la vida, y que ahora sostienen a sus familias de aquí y de allá con los resultados de su trabajo sano y honrado en uno de las naciones líderes más prometedoras de la nueva Unión Europea.

* Lector de SEMANA.COM residente en España

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