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| 6/5/2006 12:00:00 AM

Británicos y colombianos se multiplican

Damien Hirst, Tracey Emin y otras de las súper estrellas del arte británico exhiben en la Galería Santa Fe en Bogotá. “Multiplicación”, un proyecto colombo-británico permite ver objetos diseñados por creadores nacionales y algunos de los grandes nombres del Reino Unido.

Británicos y colombianos se multiplican Territorios, obra de Lina González.
Tracey Emin podría ser una estrella del pop. Su nombre y su vida íntima son tan conocidos por el público en general que más que una artista plástica parece una diva de finales de siglo XX y principios del XXI. Igual sucede con Damien Hirst, Sarah Lucas, los hermanos Chapman y otros tantos artistas catalogados y etiquetados como miembros del selecto club “Young British Art”.

Si bien, para muchos la calidad artística de esta generación surgida en los años 90 en el Reino Unido no está en duda, lo cierto es que en torno suyo se han tejido un gran número de mitos y se han escrito cientos de textos tratando de seguirle los pasos a este grupo de creadores que a veces se parecen más a luminarias de la farándula internacional que a artistas plásticos. Lo cual a la larga, despierta más simpatías que rechazo y, entre cosas, no afecta el prestigio de su producción artística.

Tras ganarse el apelativo de “niños terribles”, muchas personas que nunca se interesaron en el a veces demasiado intelectual y acartonado mundo del arte, creen que Emin o Hirst, por ejemplo, están a la altura de Madonna o Björk como personajes icónicos de los años 90. Y sin exagerar, es posible que para el público en general la vida sexual de Tracey Emin les interese tanto como las revelaciones de Angelina Jolie sobre el mismo particular.

Con estos antecedentes es, al menos, emocionante que el público colombiano pueda ver algunas piezas realizadas por aquellos que popularizaron el arte británico. Más si esas piezas, aunque no sean en muchos casos representativas de sus obras, hacen parte de un contexto mucho más amplio de discusión y de una muestra que en algunos de sus aspectos rompe con las pautas tradicionales del montaje.

La Muestra
Por cerca de cinco años, la muestra “Multiplicación” estuvo viajando por Europa. Desde hace dos, el Instituto Distrital de Cultura y Turismo empezó las conversaciones y gestiones para poder traerla al país.

La exposición fue a Caracas, ahora viene a Colombia y luego va para Chile. En la Galería Santa Fe (en el Planetario Distrital) estará hasta el 2 de julio y la idea es llevarla a Cali una vez termine en Bogotá por lo menos con los artistas colombianos, ya que una de sus particularidades es que en cada sede en que se realiza se espera que cuente con una contraparte local.

“Multiplicación es una muestra que tiene una fuerte relación conceptual con los planteamientos de los artistas británicos más recientes, quienes han cuestionado la idea de mercancía y adoración por el objeto artístico, planteando que el alcance de una obra va mucho más allá de su objetualidad inmediata. Lo que la articula es la noción de lo múltiple. En cada país donde ha ido se ha hecho una curaduría para generar proyectos similares o que dialoguen con esas obras. En este caso, nosotros hicimos una convocatoria pública para poder financiar unas becas que garantizaran la producción de los 'Múltiples' colombianos. Participan ocho artistas como complemento a la muestra británica”, explica Jaime Cerón, Gerente de Artes Plásticas del IDCT.

Entre los colombianos que participan está Gabriel Sierra, diseñador y artista, quien se encargó de generar una escenografía para los objetos colombianos y propuso una disposición de montaje. Realizó, además, una serie de objetos que sirven de soporte para exhibir las obras nacionales.

Ya en el terreno artístico, entre los ocho seleccionados por Colombia se encuentran Antonio Caro, Adriana Bernal, Darío Ramírez, Gustavo García, Lina García y Leonardo Herrera, entre otros. Presentan un total de 40 obras.

La contraparte británica la conforman 39 artistas y 43 obras. Casi todas, como dice Cerón, piezas pequeñas que bien podrían ubicarse en una mesa como si se tratara de un plato, un pocillo o unas llaves. La obra más grande es un tapete del conocido Gavin Turk.

Made in England
Entre lo que se exhibe del Reino Unido, hay piezas, por ejemplo, de Tracey Emin, Damien Hirst, Dinos y Jake Chapman, Sarah Stanton, Abigail Lane, Julie Opie y el diseñador de modas Hussein Chalayan.

“La muestra reúne artistas de tres generaciones diferentes, como desde los 80 hasta esta década. Hay una cosa interesante en la muestra y es que se identifica con números, lo cual impide ver de quién es una obra, implica hacer un recorrido y plantea si se pueden generar matrimonios en lo que está agrupado. Es decir, para la gente darse cuenta de quién es quién le toca ir a una pared, mirar un listado, volver y buscar cuál es el número. Ese es otro desafío a la idea no sólo de la objetualidad fetichista de una obra de arte, sino a la valoración biográfica o de autoría como el gran valor que mucho del arte de final de siglo XX pareció traer consigo”, afirma Cerón.

Esta idea de borrar la cercanía entre el autor y su creación provino de Sarah Stanton, quien realizó la curaduría original. Ella eligió los ejes conceptuales, invitó a los artistas y reunió las piezas. “En el caso de algunos de los invitados no se trataba de que tuvieran una obra que tuviera un múltiple editado ya, sino que tenían alguna idea que podía potenciarse como múltiple. Con el tapete de Turk, por ejemplo, uno podía mandar a hacer uno o mil. En el caso nuestro propusimos un juego conceptual más visible. De cada pieza se muestran cinco exactamente iguales, que hacen más visible que la multiplicación se realiza. Eso rompe la idea de autenticidad y originalidad. Lo múltiple tiene que ver con la idea de poder llevar un objeto a un encuentro distinto con el espectador”, explica Cerón, quien para ilustrar esa apreciación habla de lo sucedido con el grabado en el siglo XIX, al ser una técnica capaz de permitir que una obra llegara a lugares donde nunca iría si fuera singular.

En parte, eso es lo que logra esta muestra y de ahí su nombre. Pues en ese proceso de multiplicación y en ese atentado a la autoría que se evidencia en el montaje lo que se plantea, en el fondo, es si el objeto artístico es lo que vale o lo que comunica. Otra de las características llamativas de la muestra es que Stanton escribió un texto curatorial de 20 páginas, lo cual impide que se pegue en la pared como tradicionalmente se hace. Así que quienes quieren conocer todas sus apreciaciones sobre la historia del arte múltiple tienen que sentarse y leerlo en un impreso existente en la Galería.

Dadas todas esas particularidades, un equipo conformado por cerca de diez personas debió trabajar en el montaje. Durante esa labor, el jueves primero de junio, a un día de la inauguración, debieron tratar de entender cómo se armaba una lámpara que llegó desarmada y, aunque tenían fotografías de la pieza, nadie entendía qué tenía por dentro. Igual, tuvieron que definir la disposición de los objetos sin que se perdiera la posibilidad de que conversaran entre si.

Además de todo lo dicho anteriormente, Jaime Cerón cree que un espectador debería ver esta muestra por tres razones: “La más interesante es confrontar las propias ideas sobre lo que sería arte y lo que no lo sería, ese ya es un desafío interesante. También porque es divertida, no es un gran desafío intelectual, ni es un ladrillo, es humorística. Y la tercera, porque es la oportunidad de conocer proyectos que no circulan frecuentemente por estos lados y de ver algunas piecitas de gente muy conocida que de pronto muchas personas no han visto”.

Y es que si bien para el funcionario del IDCT, las estrellas del arte británico de los 90 y sus propuestas son bien heterogéneas entre si, incluso en calidad (“Hay artistas muy interesantes y otros muy poco interesantes que están pescando en ese río revuelto de la opinión”), es innegable que en las últimas décadas han sido modelo de cómo posicionarse con efectividad.

“Los artistas británicos son unos entre muchos de los paradigmas contemporáneos. Hay muchos latinoamericanos importantes en ese sentido, como Doris Salcedo, Cilio Meireles o Vik Muniz. Igual europeos como el italiano Maurizio Cautelan. No creo, entonces que los británicos mar marquen la pauta ahora, quizá lo hicieron hace una década”.

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