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| 8/29/2004 12:00:00 AM

Comida pa' mi gente

Lucho Garzón se está echando al bolsillo a los 2.350 bogotanos que a diario almuerzan en los comedores comunitarios.

Comida pa' mi gente Comida pa' mi gente
Los López Barreto esperaban de primeros de la fila a que el comedor comunitario abriera sus puertas. Eran las 11:25 de la mañana y llevaban allí un par de minutos. Poco a poco, el lugar se llenó de niños, niñas, mujeres, hombres y ancianos quienes pacientemente esperaban la orden para entrar. Todos se conocen. No en vano, se encuentran todos los días a esa hora.

A las 11:30, una de las cinco cocineras del comedor comunitario abrió las puertas y los comensales comenzaron a entrar en un orden impresionante. Todos tenían listos los 300 pesos que cuesta cada almuerzo y los carnés que los identifican como beneficiarios. Zulma Carolina Barreto, Benjamín López y sus cuatro hijos fueron los primeros en entrar. Ella tiene 23 años y aspecto de tener el doble. El es mayor. Pero ambos están desempleados y su nutrición antes del programa era insuficiente. "Comíamos arroz al almuerzo y arroz a la comida. Al desayuno aguapanela o colada, cuando hay con qué", dijo Zulma. Con 1.800 pesos, esta vez comieron carne en bistec, arroz, ensalada de coliflor, un pan, crema de lentejas y agua de panela con leche. Después de eso, los niños ya estaban listos para irse a la escuela.

Las otras 294 personas comieron los mismo y comparten la suerte de los López Barreto. Son familias numerosas, con niños pequeños y padres desempleados que van al comedor comunitario del Centro San Camilo, en el barrio Juan Rey, para almorzar. En algunos casos, por primera y última vez en el día. Todos asisten desde julio pasado, cuando fueron seleccionados como beneficiarios del Programa 'Bogotá Sin Hambre' por una empleada de la Alcaldía que los visitó y estudió su situación.

El de Juan Rey es uno de los ocho comedores comunitarios del proyecto 'Bogotá sin Hambre', del alcalde Luis Eduardo Garzón. Los demás están ubicados en Usme, Ciudad Bolívar, Bosa y Suba. Todos los días alimentan a 2.350 personas. La Alcaldía planea abrir otros siete que en este momento están en proceso de contratación. "Todavía se están identificando las fundaciones, iglesias y otros lugares en los que pueden funcionar", explicó a SEMANA.COM Consuelo Corredor, directora del Departamento Administrativo de Bienestar Social (Dabs), institución encargada de supervisar y asignar los comedores. La administración está a cargo de cada centro o fundación que gana el contrato. "Tienen que ser lugares que cumplan con las condiciones sanitarias, de higiene y estructurales que exigimos", aseguró Corredor.

Al lugar que se le asigna el comedor se le destina un presupuesto mensual para su sostenimiento y el 8 por ciento del valor del contrato para administración, impuestos y utilidades. Lo que se reúne a diario con los almuerzos se le consigna al Dabs. El proyecto tiene un costo de 162.500 millones de pesos.

Los primeros comedores fueron abiertos hace dos meses. Y aunque la idea de que niños, adultos y ancianos puedan tener al menos una comida balanceada al día suena bien, la iniciativa ha recibido algunas críticas. Una de ellas se basa en la experiencia brasileña frente al tema. En cuanto llegó al poder, Luiz Inácio 'Lula' da Silva creó centros en los que los pobres recibían alimentos gratis. Meses después, se comprobó que el modelo era insostenible por los altos costos, la dificultad a la hora de revisar los gastos y porque los restaurantes y tiendas cercanas a éstos quebraron. Ahora el gobierno brasileño emite bonos que la gente cambia en supermercados.

Esa es la sugerencia que algunos ciudadanos y miembros del Concejo de Bogotá le hacen a la Alcaldía, argumentando los mismos problemas. Pero la administración no está dispuesta a rendirse y le atribuye los errores detectados al corto tiempo de funcionamiento. "Es una iniciativa que tiene que construirse. La administración ha tenido sólo siete meses para estructurarla y uno para verlos funcionando", explicó Corredor.

La otra crítica que le han hecho al programa es la de que el Alcalde está haciendo política con el dinero del Estado por empecinarse en mantener un modelo que, además de insostenible, sólo soluciona el problema de la pobreza y el hambre temporalmente. "Es que a la gente que tiene hambre hoy no se le puede decir que espere", afirma Edgar Ruiz, el secretario privado y la mano derecha del Alcalde.

Mientras tanto, Zulma Carolina y otros 2.349 bogotanos le agradecen al Alcalde que ahora puedan comer "como Dios manda". "Ahora mis hijos no se van con el estómago vacío a la escuela".

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