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| 5/18/2002 12:00:00 AM

El atraso de la tasa de cambio real

Ultimamente se ha generado una amplia discusión sobre la situación de la tasa de cambio real en Colombia. El presidente, Alvaro Uribe Vélez, ha expresado su preocupación sobre la reciente revaluación cambiaria. Representantes del Banco de la República sostienen que no hay atraso cambiario. ¿Se encuentra atrasada? ¿Está en un buen nivel? ¿Cuáles son las implicancias? ¿Qué debería hacerse? César Ferrari, Ph.D y especialista en esta materia, escribe sobre el tema.

El atraso de la tasa de cambio real El atraso de la tasa de cambio real
Las pruebas indirectas, el grado de apertura de la economía

Si la tasa de cambio real en Colombia no se encuentra atrasada, ¿por qué las exportaciones colombianas no han crecido de manera importante? Efectivamente, entre 1990 y 2002, las exportaciones colombianas pasaron de 7.120 millones de dólares a 11.900 millones, un crecimiento de 4,4 por ciento anual. La conclusión es obvia: Casi no crecieron porque la tasa de cambio real se mantuvo atrasada.

Sin embargo, si está atrasada y, además, en el mismo período, hubo una reducción arancelaria considerable ¿por qué las importaciones no se desbordaron? En efecto, en 12 años las importaciones pasaron de 3.131 millones de dólares a 12.700 millones, un crecimiento de 12,4 por ciento anual. La respuesta es también clara: no se desbordaron porque aunque sus precios se redujeron relativamente por la reducción arancelaria y el retraso cambiario, la restricción relativa del ingreso, que junto con los precios define la demanda, evitó una mayor expansión de las importaciones. Efectivamente, entre fines de 1990 y 2002, la cantidad de medios de pago totales, que es lo que en última instancia determina el ingreso disponible de los agentes económicos, pasó en términos reales de 5.390 millones a 9.485 millones de pesos de 1990, un crecimiento de 4,8 por ciento anual.

De tal modo, a pesar del atraso cambiario y de la liberación arancelaria, la economía colombiana no logró una mayor apertura. En efecto, en 1990 la dependencia de la economía colombiana respecto al comercio exterior (promedio de exportaciones e importaciones respecto al PIB) era 13,0 por ciento, en 2002 era 15,2 por ciento. La realidad es que la llamada apertura no condujo efectivamente a una mayor apertura.

El concepto de tasa de cambio real

Pero, ¿cuán atrasada está la tasa de cambio real colombiana? Para responder a dicha pregunta, es necesario precisar el concepto de tasa de cambio real (TCR). A una fecha dada, la TCR es la que resulta de descontar de la tasa cambio nominal peso/dólar (TCN) la inflación acumulada en el período con respecto a una fecha base. No obstante, como la tasa de cambio representa una medida de intercambio respecto al resto del mundo, interesa conocer no sólo cómo se comporta la tasa de cambio peso/dólar respecto a los precios internos sino también respecto a los precios de los socios comerciales y a la devaluación de sus respectivas monedas respecto al dólar.

En ese sentido, lo que interesa conocer no sólo es la evolución de la TCR sino la evolución de la competitividad que el peso colombiano mantiene frente a las monedas de los socios comerciales del país. En ese caso, interesa computar un Indice de Competitividad de la Tasa de Cambio Real (Ictcr) para diferenciarla de la TCR.







Las mediciones

Para el Banco de la República, a diciembre de 2002 el índice de competitividad de la tasa de cambio real colombiana se encontraba muy próxima a la de enero de 1991. Los resultados del Banco de la República están condicionados por el uso en los cálculos de una canasta fija de comercio correspondiente al año 1994.

Cuando se emplea una canasta de comercio variable anualmente, considerando la suma de exportaciones e importaciones de cada socio comercial, y se pondera la participación de dichos socios en forma geométrica, similar a la forma que emplea el BR, el Ictcr a diciembre de 2002 comparado con el de enero de 1991, muestra un atraso del orden de 40 por ciento, pasa de 227.3 a 137.0.

El atraso cambiario se hace mucho más notorio si la ponderación empleada es aritmética. De tal modo, en enero 1991 el índice era 214.9 y en diciembre de 2002 era 111.8; es decir, a esta última fecha, el Ictcr estaba atrasado en 48 por ciento, aproximadamente la mitad del índice inicial. Esta es la medida correcta por cuanto el comercio total es un agregado de comercios bilaterales.

Los resultados indicados se presentan en el cuadro. Se incluyen los del BR (Itcr6 en sus publicaciones, el que más se aproxima a la manera correcta de calcular el Ictcr porque considera el comercio total y es deflactado por el IPC). El gráfico muestra dicha evolución. Claramente, el Ictcr tiene un atraso considerable, ponderado aritmética o geométricamente. Para el BR el atraso no resulta importante.

VER GRAFICA

Las consecuencias

Como se mencionó, el notorio retraso en que se encuentra la tasa de cambio real colombiana condiciona negativamente las exportaciones y la producción nacional que sustituye importaciones, restándoles competitividad. Si al retraso cambiario se le añade una tasa de interés real y precios de servicios públicos que superan notoriamente a los internacionales, es apenas consecuente que la producción colombiana que exporta y que sustituye importaciones, tenga una difícil situación económica; sus precios de venta se ajustan a la baja, debido a la tasa de cambio, mientras que sus principales costos al alza.

En tal situación, es transparente el efecto negativo sobre la rentabilidad del sector de bienes exportables e importables. Con una rentabilidad decreciente, no es en vano que la inversión privada sea tan reducida. Mientras no se supere esa situación no habrá inversión ni empleo. La economía no produce milagros.

Las soluciones

Lo anterior sugiere la necesidad de una modificación en la política cambiaria que permita una recuperación progresiva pero decidida de la competitividad de la tasa de cambio real. Ello implica una modificación de la política monetaria que es, en última instancia, la principal responsable de la determinación de la tasa de cambio.

En ese contexto, es apenas consecuente la necesidad de preservar una reducida inflación. Cualquier elevación de las misma sólo conducirá a un deterioro de las condiciones de inversión. Para lograrlo, el aumento requerido de la tasa de cambio real que termine traducida en un aumento de los precios de los bienes transables, debe ser compensada con una reducción relativa de los precios de los servicios.

Elevar los precios de los bienes transables y en forma paralela reducir relativamente los de los servicios para mantener la inflación bajo control, será contrario a lo que ha venido ocurriendo sistemáticamente durante la última década, fenómeno que, por cierto, no es exclusivo de Colombia sino que se repite en toda América Latina y que, en gran medida, explica la crisis sostenida de sus economías. Para ello, también será necesario modificar las políticas de regulación económica que han permitido que los precios de los servicios crezcan de una manera acelerada.

En última instancia lo que es necesario es una revisión completa de la política económica. No se trata de cambiar el modelo de economía abierta en un mundo crecientemente globalizado. Se trata de hacerlo viable, con empresas privadas rentables, generando crecimiento, estabilidad de precios y equidad en beneficio de toda la población colombiana.

*Ph.D. Director, Maestría en Economía, Pontificia Universidad Javeriana.

Las opiniones contenidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no comprometen a la institución a la que se encuentra vinculado.

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