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| 9/29/2003 12:00:00 AM

El interés en invertir

La semana pasada el empresario Hernán Echavarría Olózaga fue homenajeado en la Universidad de los Andes, institución de la cual es fundador. Su intervención fue un profundo análisis de las causas de la pobreza en Colombia y las teorías que sustentan la difícil situación económica del país y la región. Lea el documento completo.

Doy las gracias a ustedes por darme una oportunidad única para explicar por qué Colombia, como el resto del continente suramericano, es un país de pobres.

Mucho más de cien años después de nuestra independencia, a pesar de muchos progresos, las estadísticas nos muestran que buena parte de la población de nuestro continente está en la miseria y desprovista de la mayoría de los bienes con que debe contar una sociedad civilizada. Esto, y lo que nos dice Douglass North, premio Nobel de economía, que toda sociedad se desarrolla según los incentivos que reciba su población, nos pone a pensar que nuestra sociedad no está siendo incentivada como debiera serlo. Que si nosotros, los latinoamericanos, no somos una sociedad empresarial, es porque no hemos querido que sea. Que en gran parte, si lo que tenemos es una sociedad basada en el empleo burocrático y un reducido sector productivo, es porque siempre hemos querido que así sea.

Los suramericanos, y en especial los colombianos que afrontamos un serio conflicto político, somos pueblos pobres. La fórmula de ahorrar e invertir y después el consumo, que llevó a los países europeos a la abundancia y al desarrollo social y cultural, no parece estar funcionando en América Latina. Pero sabemos que en Asia, con altas y bajas, sí ha transformado las sociedades de varios países surorientales. Con esa fórmula sí se ha mejorado también el nivel de vida de la clase dirigente en el continente latinoamericano, pero gran parte de la población permanece todavía en la indigencia, estancada en el desempleo.

Buena parte de nuestra clase dirigente conoce las reglas del crecimiento económico que aprendió en la teoría de economía clásica: el crecimiento resulta del ahorro que hace la población, de su acertada inversión en bienes de capital y su eficiente administración y el consiguiente consumo. Esta fórmula sencilla la conocen nuestros dirigentes, aun cuando no podemos decir que el país esté plenamente consciente de ella. Siendo necesario también señalar que la dirigencia de un sector importante del partido liberal, quizá el partido mayoritario en el país, estima que esta fórmula sencilla del crecimiento es un vestigio del llamado neoliberalismo.

Guillermo Perry, economista jefe para América Latina del Banco Mundial, nos dijo en una importante conferencia en la Universidad de los Andes que el Producto Nacional de los países de Europa Occidental se triplicó de 1950 al 2000 y que en Asia Oriental se cuadruplicó, cuando el de América Latina solamente se duplicó. Nos muestra también que las fallas en inversiones, en tecnología y en educación, principalmente, son grandes. Viendo las fallas de los países de nuestro continente no podemos, pues, sino ratificar lo que ya hemos dicho, que América Latina es un continente que todavía yace en estado de semi-feudalismo, en el cual el sistema de libre empresa y capitalismo privado aún no ha podido modificar totalmente la estructura social que nos legaron los españoles hace poco más o menos doscientos años.

Como algunos de ustedes talvez recordarán, en 1929 estalló en todo el mundo una violenta crisis financiera, que los mejores economistas no podían explicar. Colombia dejó de exportar café, lo que venía haciendo durante toda la década anterior con gran éxito. Como no podía exportar no tenía cómo pagar por sus importaciones. Su moneda estaba basada en el oro y así, cuando el oro que tenía el país se fue para el exterior a pagar por las importaciones, el país se quedó sin medio circulante.

Todos los países ricos como Estados Unidos, Inglaterra y Francia, se encontraron en una crisis aún más inexplicable. Teniendo oro y equipos industriales de todo género, el consumidor no podía pagar por los bienes producidos. Hubo una gran discusión entre los que creían que todo se arreglaba haciendo que los bancos centrales emitieran y los que, por el contrario, sostenían que esto traería una terrible inflación y depreciación monetaria como la que había sufrido Alemania en 1920, después de la primera guerra mundial. Muchos creyeron que la crisis era una descompensación entre ahorros e inversión. Porque había más ahorro y poca inversión, el dinero no estaba fluyendo en suficiente cantidad al consumidor y, por lo tanto, lo que se producía no se vendía. Los mejores economistas del mundo no pudieron ponerse de acuerdo. La crisis se arregló por sí sola con el rearme que Inglaterra y Francia tuvieron que iniciar, por ahí en 1933, para defenderse de la amenaza hitleriana que se les venía encima.

Durante estos años de crisis y de pre-guerra Keynes era el economista de más prestigio en el mundo desarrollado. En 1936 publicó su famosa obra Teoría general del empleo, el interés y el dinero. Es de público conocimiento que Keynes nunca, ni en las muchas reuniones importantes en las que tuvo que participar, ni en sus escritos, fue partidario de la emisión de los bancos centrales para solucionar la crisis.



La tesis de Keynes, muy cautelosamente expuesta, fue que debido a una diferencia entre los dineros que su país, Inglaterra, estaba ahorrando y lo que los inversionistas estaban invirtiendo, había una deficiencia en la circulación monetaria. De ahí que no estaba llegando suficiente poder de compra al mercado de los consumidores. Esta deficiente demanda era la que causaba la crisis. Años después, muchos hombres de estado, en América Latina, cogieron al vuelo las tesis de Keynes de la deficiente demanda y la emplearon para justificar las emisiones de moneda que habrían de envilecer los sistemas monetarios del continente. Fue la coartada que emplearon nuestros estadistas con el fin de tener dinero para hacer obras, las que empobrecieron al Estado en vez de incrementar su desarrollo.

Para mí las tesis de Keynes más valiosas para nuestro continente son otras, y están en el Capítulo 17 de su obra ya mencionada. En este capítulo Keynes analiza cómo los capitalistas, en una economía de empresa privada y siguiendo las prácticas de la teoría clásica, escogen los bienes de capital en que deben invertir. Considero desafortunado que estas tesis de Keynes, en las que se analiza la excesiva importancia que le han dado los inversionistas a la tierra como activo de inversión, hayan sido ignoradas, porque ello ha conducido al atraso económico y social de nuestro país.

Las inversiones son, naturalmente, el determinante del desarrollo y progreso de la sociedad. Se efectúan con los ahorros, a menos que los fondos necesarios para hacerlas provengan de préstamos externos. Los ahorros provienen de los fondos que la sociedad decide no consumir, o postergar su consumo y economizar como ahorros. Por eso muchas veces la capacidad de la sociedad para invertir y desarrollarse va unida con el porcentaje de la renta que dedica al ahorro, y es bien conocido el poco ahorro que hoy día efectúa el país. Antes era poco, un 16% aproximadamente de su renta, ahora es, si acaso, un 6%, cuando los pequeños países de Asia lograron su desarrollo con algo así como el 20%.

La tesis principal de Keynes, en este capítulo de su obra, capítulo al cual me refiero todo el tiempo, es que el dinero es el vehículo de inversión preferido porque tiene todas las cualidades necesarias para serlo. Luego pasa a explicar por qué él considera que, en ciertas épocas históricas, la tierra ha competido con el dinero en la capacidad de llenar las funciones como vehículo preferido de inversión.

Como época histórica Keynes se refiere, naturalmente, a la época feudal. En Colombia no conocimos el feudalismo en todas sus características, pero sí en la principal, en el trabajo agrario primitivo con peones. Algunas características de este sistema subsisten aún entre nosotros, especialmente la predilección por la tierra como vehículo de inversión patrimonial preferido. Son los vestigios de esto lo que puede hacer aplicable la tesis de Keynes a nuestro acontecer, impidiendo la aplicación del sistema de ahorro e inversión en equipos de producción, que es lo que ha permitido a otros países el extraordinario desarrollo económico y cultural logrado después de la segunda guerra mundial. Esto ha sido posible también por el cambio en la apreciación política del sistema de empresa privada, que en Colombia algunos denominan peyorativamente neoliberalismo, pero que en realidad fue lo que hizo posible la rápida reconstrucción de Alemania, Japón, Chile y otros.

Keynes principia diciendo que la tasa de interés del dinero tiene una peculiaridad muy especial, al fijar los límites del nivel de empleo, puesto que establece un standard que la eficiencia marginal de otros activos de capital tienen que igualar, si deseamos que se aumenten los ya existentes. El dinero es el metro con el cual se miden otros activos de capital. Solamente se producen otros activos de capital cuando éstos tienen características superiores a las del dinero. Entonces, nos debemos preguntar, cuáles son las peculiaridades que hacen que el dinero sea la medida para determinar si otros activos de capital se pueden producir.

En una economía de empresa privada y de mercado son varias las características o ventajas de los bienes de capital, que los inversionistas toman en cuenta, para escogerlos como vehículos de inversión. Los inversionistas comparan las características que éstos tienen con las del costo del dinero y el interés que éste esté devengando y, entonces deciden, después de hacer esta comparación, cuáles son los bienes de capital que tienen un valor marginal superior al dinero, e invierten en ellos.

Según Keynes, las ventajas y características que los bienes de capital deben tener para que sean escogidos por los inversionistas, son las siguientes: ante todo su rendimiento periódico, lo que podemos llamar su rentabilidad. Por ejemplo, en el caso de una casa, el arriendo. En el caso de un cafetal, su cosecha periódica. Esta característica de renta periódica la designa Keynes en su tratado como q. En segundo lugar tenemos el costo de mantenimiento o almacenaje. En el caso de la casa es su mantenimiento y si se trata de una inversión en maíz, por ejemplo, sería su almacenaje. Keynes anota este costo como c.

La tercera condición es la liquidez que, para ser breve, denota la facilidad que el inversionista encuentra para salirse de la inversión hecha y pasarse a otra. Esta la denomina Keynes como L.

Deducimos entonces que el dinero es el medio o escala de medida predilecto, con el cual comparan todos los inversionistas la inversión que van a hacer. Al hacer cualquier inversión el inversionista usa el dinero como medida para evaluarla. Mira las tres características del dinero que lo recomiendan como vehículo de inversión. Primero su rentabilidad, segundo su facilidad para guardarlo, tercero su liquidez. Si el inversionista no encuentra otros bienes cuyas cualidades marginales sean superiores a éstas del dinero, se abstienen de invertir. No hay duda, todo activo en que se va a invertir tiene que competir marginalmente con el dinero en

q - c + L, o no se produce

Se dirá que este cálculo no es de altas matemáticas. Todo lo contrario, que es claramente sencillo y que cualquiera de nosotros que vaya a hacer la inversión lo debe hacer. Veamos la realidad. Si vamos a sembrar papa, calculamos cuánto será el rendimiento de su venta (q), si hay algún costo por que pase un tiempo sin venderla, su almacenaje, (c) y la facilidad que hay para venderla y recuperar el dinero (la liquidez). Todo esto, q - c + L es la fórmula para calcular si vale la pena sembrar la papa, comparado con el dinero que se requiere y su tasa de interés vigente. Si el costo del dinero es superior al rendimiento de la papa o al de la inversión en cualquier otro activo, las inversiones no se hacen y la economía permanece estancada.

Lo que dice Keynes adquiere importancia para nosotros, que todavía vivimos en uno de aquellos ambientes históricos, el del semi-feudalismo, al cual se refiere Keynes obviamente. No queriendo invertir en bienes de capital, que tienen características inferiores a las inversiones en dinero, preferimos invertir en tierras, inversión que en todo tiempo tiene aún mejores características que las que tiene el dinero. Porque a nosotros nos queda del feudalismo la marcada preferencia de nuestro pueblo por las inversiones en tierra. Los inversionistas colombianos, grandes o pequeños, prefieren ante todo la inversión en tierras, entre otras cosas porque no hemos sabido, o no hemos querido desarrollar un mercado de valores vigoroso, en el cual las acciones en sociedades anónimas podrían encontrar inversionistas.

En Colombia las inversiones en tierra tienen las mismas ventajas que anotaba Keynes para el dinero, o aún mayores. Tienden a tener un valor marginal superior al dinero, si tomamos en cuenta su valorización como renta. El activo de la tierra, cuidadosamente analizado como lo hace Keynes, resulta que mantiene su valor, produce una renta anual, muchas veces solamente por valorización, no tiene costo de mantenimiento y tiene liquidez. Como el dinero, su valor marginal es q - c + L.

Siendo necesario añadir que la tierra, como el dinero, no se puede reproducir a discreción. La esquina de la carrera 7. con calle 72 en Bogotá es única, no se puede repetir, aún cuando sí puede haber similares. Y podemos decir que en Colombia hay mucha tierra, pero los predios bien situados y con facilidades de comunicación, son la excepción.

De lo cual se desprende que el producido de la tierra en Colombia, ya sea por su rentabilidad o por su valorización, tiende a producir los mismos efectos que producen las altas tasas de interés del dinero. Y, como éstas, fija la tasa del empleo. Así, como ya vimos, las altas tasas de interés fijan un nivel que otros activos de inversión están obligados a igualar, si queremos que haya producción de esos otros activos.

Estas opiniones las expresa Keynes en su obra mencionada (página 241) [1]: "Puede suceder que en ciertos ambientes históricos la posesión de la tierra se haya caracterizado por un alto premium de liquidez, en la mente de los dueños de la riqueza; y puesto que la tierra se asemeja al dinero en la inelasticidad de su producción, y su sustitución es muy baja, es concebible que haya habido ocasiones históricas en las que el deseo de tener tierras ha jugado el mismo papel en mantener la tasa de rendimiento de interés alto, que juega el dinero en tiempos recientes."

Añade Keynes en la página 242 de su obra citada:

"Que el mundo, después de varios miles de años de ahorro individual, sea tan pobre en activos reales acumulados se explica, en mi opinión, no por la improvidencia humana, ni por la destrucción causada por las guerras, sino por el alto premium de liquidez que antes se le atribuía a la tierra y ahora se le da al dinero." Nosotros podemos añadir: "las muchas ventajas que se le atribuyen a la tierra y las altas tasas de interés resultantes"

En mi época, estando yo aún muy joven, oí discutir en la familia si se vendían en Medellín unos terrenos en La Aguacatala, sembrados en cañaveral, para invertir en Coltejer. Hoy día no creo que se vendan terrenos para invertir en fábricas. No creo que muchos consultores darían ese consejo.

Con la reactivación de la agricultura oímos ahora que se están haciendo grandes siembras, poco más o menos como siempre se había hecho en nuestro país. Se siembra con dinero que presta alguna entidad de crédito y sin necesidad de vender ni un pedacito de tierra, se procede a sembrar. Si la operación resulta mala y se pierde el dinero, posiblemente no hay con qué pagar la deuda, pero pronto el valor de la tierra habrá aumentado considerablemente, y no hay problema. No sería racional el que hoy alguien vendiera tierra para hacer una siembra con el producido.

Es evidente que las clases poseedoras de la riqueza, a las que le sobra dinero para invertir, han encontrado la manera de mantener un nivel de vida satisfactorio para ellas, viviendo del incremento permanente del valor de la tierra, en gran parte debido al aumento de la población y a la mejora de la producción, sin necesidad de preocuparse por inversiones adicionales en activos de producción.

Sin embargo este equilibrio de la sociedad, aparentemente tan satisfactorio, no lo es en realidad. La falta de la inversión en bienes de capital deja a un sector importante sin puestos de trabajo. La continua valorización de la tierra ocasiona el alza de la tasa de interés a un nivel que hace que el costo marginal de producción de cualquier bien de capital siempre tenga que ser superior al costo del dinero. Así, la continua alza del valor de la tierra impide la producción de bienes reales de capital, y de ahí la pobreza de nuestro pueblo, manteniéndose los dueños de la riqueza en la holgura que les permite la constante valorización de la tierra.

De la falta de inversión en bienes de capital resulta la falta de puestos de trabajo y esta falta explica la indigencia de nuestro pueblo. No nos tenemos que preocupar por explicarlo en otra forma. Todo proviene del papel que juega la continua valorización de la tierra y la consiguiente falta de inversión en bienes de capital.

Algunos han pensado que una reforma agraria es la solución porque ella daría al sector desocupado trabajo en el campo. Pero ya hemos visto que una reforma agraria tipo Incora, aun cuando fue un laudable esfuerzo, poco ayudó a resolver el problema de la desocupación y a aumentar la producción agraria.

Mientras las clases más pudientes continúen invirtiendo preferentemente en tierra, con miras a obtener beneficio por su valorización, lo mejor para el colombiano, rico o pobre, seguirá siendo la inversión en tierras, con fines de valorización.

Lo único que puede resolver el problema de la indigencia y la pobreza de gran parte de la población es un impuesto a la tierra que tenga por objeto hacer que la clase que tiene el dinero para invertir deje de hacerlo en tierras con miras a beneficiarse por el incremento de su valorización. En pocas palabras, un impuesto a la tierra sobre su valorización permanente.

En los países desarrollados el impuesto a la tierra, lo que en Colombia llamamos el impuesto predial, de carácter municipal, es un impuesto que en todas partes paga los servicios de educación y de salud. En Colombia estos servicios se pagan con transferencias del gobierno nacional, a partir de la Constitución del 93, lo cual es un error. Los otros egresos, como los de caminos, etc., deberían ser cubiertos por las famosas transferencias, que reciben los departamentos del gobierno central y el impuesto predial debería ser dedicado todo a la educación y la salud.

Por motivo de tiempo y espacio no puedo alargarme más sobre el actual impuesto predial. Me limito a decirles que yo creo que todo predio, fuera de los límites urbanos, adicionalmente a los impuestos que hoy paga, debe pagar a favor de la nación un impuesto de renta presuntiva del 2% al año sobre su valor comercial, repito, sobre su valor comercial pelado, sin tener en cuenta lo que en él haya.

No se entiende un país con un déficit presupuestal enorme, cobrando impuestos tan perjudiciales como el que se cobra sobre los movimientos bancarios, y gravando los huevos y la leche, todo mientras abandona al Instituto Geográfico, que podría servir para establecer y cobrar un impuesto territorial razonable.

¿Que el público puede eludirlo al hacer las escrituras de los predios? No, si el Estado se reserva el derecho de adquirir cualquier predio pagando su precio declarado.

Habiendo estado yo por tanto tiempo seguro de que la reforma agraria no se podía hacer sino mediante la modificación del régimen impositivo, y habiendo estado tan cerca del poder, me siento frustrado por no haber conseguido tan siquiera que la vía de los impuestos fuera considerada.

Fui Ministro de Comunicaciones del primer gabinete del doctor Alberto Lleras Camargo. Me tocó discutir ampliamente con el Director de la Oficina de Rehabilitación, doctor José Gómez Pinzón, un ingeniero inteligente y dedicado a todo lo que se relacionaba con el problema agrario.

La verdad es que no se pudo hacer mucho por la oposición de gran parte de la clase dirigente entonces en el poder. Cualquiera que se tome el trabajo de indagar el ambiente político de esa época, encontrará que los hombres prominentes en el Tolima y Huila, donde el problema agrario era más agudo, eran importantes jefes liberales.

Para ellos toda reforma agraria fundamental era inconcebible. Todo se reducía a distribuir unos lotes por medio del Incora.

Ahora mi situación es muy distinta porque le estoy hablando a un auditorio académico, que sí tiene el entrenamiento necesario para comprender que si los dueños de la riqueza encuentran más conveniente invertir su patrimonio en tierras, más bien que correr los riesgos de la inversión en bienes de capital productivos, el país seguirá estancado y gran parte de la población permanecerá sin empleo y en la indigencia.

Permítanme que, para terminar, les cuente esta pequeña parte de la historia patria, que explica mucho la dificultad que tenemos actualmente para hacer una reforma agraria fundamental.

En 1973 el Congreso estableció un impuesto del 10% sobre la renta presuntiva de la propiedad raíz pero, como los avalúos estaban muy bajos, su efecto no fue muy notorio de inmediato. Sin embargo, en 1974 hubo cambio de gobierno, y el nuevo presidente, habiéndose producido la catástrofe de Quebradablanca, en la carretera a Villavicencio y, casi enseguida, la de la carretera alterna, La Libertad, declaró la emergencia económica, acto que fue inmediatamente aprobado por la Corte.

El gobierno aprovechó la emergencia para anular la ley del Congreso que gravaba la tierra y, como representante de la izquierda liberal, estableció el gravamen para todos los patrimonios, se originaran ellos en la tierra o en otras actividades.

Un gravamen sobre la renta presuntiva significaba que si el predio no tenía renta, pagaba impuesto sobre el 10% de su valor patrimonial.

Si tenía renta pagaba sobre ella, cualquiera que fuera su cuantía, pero no menos del 10% de su valor patrimonial.

Naturalmente un gravamen para la tierra del 10%, estando los patrimonios en tierras declarados muy bajos, era una cosa. Otra cosa era un gravamen de esa magnitud para todos los patrimonios financieros y comerciales.

Fue mucho el alboroto político que se armó y el gobierno pudo hacer lo que verdaderamente quería, que era eliminar todo el impuesto a la renta presuntiva, cualquiera que fuera su origen. Y eventualmente esto fue lo que logró.

Yo estaba fuera del país en esa época y no me enteré quién fue el que capitaneó en el Congreso el proyecto de renta presuntiva sobre la tierra. Creo que sólo el doctor Lleras Restrepo tenía la autoridad técnica y política para hacerlo. Lo que sí sabemos es que el gobierno en ejercicio abolió esta iniciativa, que sí habría producido una reforma agraria fundamental.

Es interesante anotar, para finalizar este post-mortem a la Reforma Agraria en el país:

En 1977 el doctor López Michelsen expidió el decreto 2882, absolutamente impracticable, y con ello todos nos lavamos las manos del knock-out que le habían dado a la reforma anulando la renta presuntiva a la tierra, aprobada por el congreso en 1973.

Han pasado 30 años y en ese período dentro de la clase dirigente colombiana no se ha vuelto a mencionar la Reforma Agraria.

Hemos calmado nuestra culpabilidad social diciéndonos que eso ya no vale la pena porque el país, debido a la guerrilla, ya es un país urbano.

También diciéndonos que les vamos a traspasar a los que no tienen tierras las expropiadas a los narcos.

Pero es tal la vigencia y fortaleza de las leyes que defienden la propiedad agraria en Colombia, que ni aún eso hemos podido hacer.

En 1973 el Congreso estableció un impuesto del 10% sobre la renta presuntiva de la propiedad raíz pero, como los avalúos estaban muy bajos, su efecto no fue muy notorio de inmediato. Sin embargo, en 1974 hubo cambio de gobierno, y el nuevo presidente, representante del Movimiento Revolucionario Liberal, habiéndose producido la catástrofe de Quebradablanca, en la carretera a Villavicencio y, casi enseguida, la de la carretera alterna, La Libertad, declaró la emergencia económica, acto que fue inmediatamente aprobado por la Corte.

El gobierno aprovechó la emergencia para anular la ley del Congreso que gravaba la tierra y, como representante de la izquierda liberal, estableció el gravamen para todos los patrimonios, se originaran ellos en la tierra o en otras actividades.

*Intervención en el homenaje que le rindió la Universidad de los Andes el pasado 23 de septiembre

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