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| 8/11/2003 12:00:00 AM

El Vaticano, ¿contra los gays?

El texto de la Santa Sede, en el que exhorta a los políticos católicos del mundo a oponerse a las leyes que legalicen las uniones de hecho de las personas homosexuales, demuestra que para el Vaticano éste continúa siendo un tema tabú en el que no admite discusión de ningún tipo.

El Vaticano, ¿contra los gays? El Vaticano, ¿contra los gays?
Para el Vaticano el reconocimiento legal de las parejas de hecho formadas por homosexuales es como un cáncer que ha hecho metástasis, se expande de una región a otra con una inusitada rapidez y amenaza con subvertir el orden natural de las cosas. En Europa países como Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia, Finlandia, Francia, Croacia, Bélgica y Holanda, han aprobado legislaciones nacionales en este sentido.

Del otro lado del Atlántico, Canadá tiene plazo hasta julio del año próximo para emitir una ley federal que reconozca los mismos derechos a las uniones entre personas del mismo sexo. Este hecho bastó para que Fred Henry, arzobispo de Calgary, dijera a un diario de ese país que Jean Chrétien: "está poniendo en peligro su salvación eterna. Rezo por el Primer Ministro porque pienso que su salvación eterna está en juego. Está cometiendo un grave error moral y no está actuando ante Dios con responsabilidad".

En Estados Unidos sólo el estado de Vermont reconoce la unión civil entre personas gay y es probable que está situación no se extienda a otros estados a juzgar por unas palabras que pronunció a finales del mes pasado el presidente George Bush. Este, un reconocido miembro de la Iglesia Metodista, resultó un inesperado aliado del Vaticano al decir: "Creo que el matrimonio es entre un hombre y una mujer y creo que debemos codificarlo de una manera u otra, y tenemos abogados buscando la mejor manera de hacerlo".

En América Latina, un baluarte tradicional del catolicismo, también se sienten pasos de animal grande. A mediados del mes pasado César Cigliutti y Marcelo Suntheim, directivos de la organización Comunidad Homosexual Argentina, se convirtieron en la primera pareja gay en formalizar su unión ante la ley en Buenos Aires. Mientras tanto los congresos de Chile y Colombia, dos países de mayorías católicas, estudian proyectos legislativos que permitan hacer lo mismo a sus nacionales homosexuales.

Aunque este fenómeno no es nuevo, la legislación danesa es de 1989, sí lo es la velocidad de avalancha que ha tomado en los últimos tres años y a la que puede seguir al cabo de un tiempo la aprobación de adopciones por parte de parejas gay. Hasta ahora sólo los holandeses lo permiten.

Por eso, en un intento de contener e impedir donde se pueda este avance de la secularización mundial, la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede presentó al público a finales de julio un documento titulado Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales.

El texto no hace consideraciones doctrinales nuevas. Expone en forma sucinta lo que la Iglesia ha escrito y dicho en relación con el homosexualismo durante los últimos 30 años y hace un llamado a los políticos católicos para que no permitan que proyectos de ley que reconocen las uniones homosexuales o las equiparan al matrimonio se conviertan en legislaciones permanentes. Hacerlo, se concluye en las Consideraciones, "significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad".

Para que no hubiera dudas sobre la posición de la Iglesia sobre este tema el arzobispo Angelo Amato, secretario para la Congregación de la Doctrina de la Fe, le ratificó a la agencia católica Zenit días después de la aparición de los Comentarios que "el matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales están en contraste con la ley natural y son intrínsecamente desordenadas".



El tabú homosexual

Desde la década de los setenta los homosexuales, como grupo, comenzaron a salir del armario y se hicieron visibles para el resto de la humanidad. El Vaticano respondió a este fenómeno con la declaración Persona Humana en la que hacía dos distinciones sobre este tipo conducta. Por una parte presentaba una homosexualidad transitoria resultado de una falsa educación, de un anormal desarrollo sexual, de un hábito adquirido o del mal ejemplo. Esta, en su concepto, podía ser 'curada' mediante terapias especializadas.

Por otro lado hablaba de una homosexualidad definitiva, que era innata en la persona, la cual no podía hacer nada para evitar esta orientación. La Iglesia desde entonces pide respeto y comprensión para los miembros de esta comunidad. Al mismo tiempo les exige para salvar su alma de la condenación eterna, tal y como quedó consignado en el Catecismo, que como las prácticas homosexuales "son pecados gravemente contrarios a la castidad" entonces deben abstenerse de cualquier tipo de contacto genital.

Esta exigencia de castidad, cumplida a cabalidad sólo por algunas personas religiosas que la han asumido con toda la madurez del caso, es un modelo difícil de seguir para los homosexuales por las mismas condiciones de segregación en que se ven obligados a vivir.

El padre Carlos Ignacio Suárez realizó una tesis doctoral titulada El camino espiritual de la persona homosexual, líneas de acompañamiento pastoral, en el que analiza este punto. Según Suárez "cuando el entorno social es hostil a las manifestaciones de cariño y amistad, éstas son sustituidas por la relación genital rápida y oculta. El fácil acceso al sexo, la falta de compromiso con el futuro de unos hijos, las ganas de vivir intensamente y dar vida a todas las fantasías, todo esto puede conducir a que el placer pase a ocupar un lugar primordial en la precaria vida amorosa de muchas personas gay".

Una fórmula de escape de este ambiente hedonista podría ser el establecimiento de relaciones estables duraderas. En la práctica ya muchas personas homosexuales las han mantenido durante muchos años, sólo que ahora quieren que sean reconocidas legalmente por la sociedad. Tener visibilidad jurídica les garantiza, por ejemplo, que puedan afiliar a su compañero o compañera a la seguridad social o tener licencias por enfermedad de la pareja. Esta legalidad es la que le preocupa a la jerarquía católica porque, como dicen en el texto de las Consideraciones, "las leyes civiles son principios estructurantes de la vida del hombre en sociedad, para bien o para mal. Ellas desempeñan un papel muy importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres".

En el mismo documento dan por sentado que las parejas homosexuales existen pero le piden al Estado que no las legalice, que las mantenga en ese limbo, en ese gueto en el que han estado hasta ahora, porque hay que "contener el fenómeno dentro de límites que no pongan en peligro el tejido de la moralidad pública y, sobre todo, que no expongan a las nuevas generaciones a una concepción errónea de la sexualidad y del matrimonio, que las dejaría indefensas y contribuiría, además, a la difusión del fenómeno mismo".

¿Por qué tanto miedo? Porque la existencia legal de esta unión pone en cuestión el modelo de familia, basado en el matrimonio, que la Iglesia ha defendido con vehemencia durante siglos (pese a la crisis por la que atraviesa en la actualidad estas dos instituciones) a partir de cierta interpretación que ha hecho de algunos libros de la Biblia como el Génesis. En algunos apartes de éste fundamenta la Congregación para la Doctrina de la Fe sus Consideraciones.

Sin embargo, en su tesis el padre Suárez sostiene que "el objetivo de los relatos de la creación no es el de establecer la norma de la heterosexualidad o de la complementariedad de los sexos (como si cada género fuera incompleto y necesitara la unión con el otro para quedar entero). Más bien, lo que se nos dice es que cuando Dios creó la humanidad la hizo a su imagen. El Génesis no es una lección sobre orientación sexual. No hay ninguna señal de que la heterosexualidad, en contraste con la homosexualidad, estuviera en la mente del autor. Tratar de leer esta distinción allí es abusar del texto".

En pocas palabras habría que reconsiderar muchos aspectos fundamentales de la cosmovisión occidental de sociedad. Y los cambios siempre producen miedo.

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