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| 5/5/2003 12:00:00 AM

Elecciones en el Cono Sur

El fin de semana pasado se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en Argentina y Paraguay, países latinoamericanos donde los dos últimos mandatarios en estado de transición fueron elegidos por el Congreso. En Paraguay salió elegido Nicanor Duarte, candidato oficialista del Partido Colorado. En Argentina, aunque Carlos Menem sacó la mayoría de votos, no le alcanzó para consolidar su triunfo, por lo que habrá que esperar a la segunda vuelta el 18 de mayo.

En una jornada histórica, Argentina y Paraguay -los únicos países suramericanos que carecían de presidentes surgidos de elecciones (ambos gobernados por mandatarios de transición elegidos por el Congreso)-, celebraron sus respectivas elecciones presidenciales el pasado 27 de abril. Mientras los paraguayos ya tienen nuevo mandatario, los argentinos en cambio deberán aguardar hasta el 18 de mayo para saber quién será su presidente. Paraguay Los paraguayos eligieron un nuevo mandatario a la vez que renovaron totalmente su Parlamento. Las elecciones se desarrollaron normalmente pero con un nivel bajo de participación, cercano al 59 por ciento, un 21 por ciento menos respecto de la última elección de 1998. No hubo sorpresas en los resultados. El ganador fue el candidato oficialista Nicanor Duarte Frutos, quien en caso de concluir su período, llevará al Partido Colorado a completar 61 años sin interrupción en el poder, una marca superada sólo por el PRI de México, con 71 años consecutivos en la presidencia hasta su derrota en el 2000. Sin embargo los resultados del Partido Colorado fueron menos exitosos en la elección parlamentaria, donde si bien logró la mayoría absoluta en diputados, quedó en minoría en el Senado (obtuvo 18 de los 45 senadores). El candidato Pedro Fadul, en quien habían depositado sus esperanzas muchos ciudadanos independientes, no alcanzó a poner en peligro la superioridad numérica del oficialismo, aunque obtuvo un caudal de sufragios estimable (22 por ciento). Compartió prácticamente el segundo lugar con Julio César Franco, el candidato del Partido Liberal Auténtico, la fuerza opositora tradicional. De esta forma Fadul quedó instalado como una promesa de renovación en el anquilosado sistema de partidos que prevalece en el Paraguay desde hace más de medio siglo. Un dato que debe celebrarse es el notorio retroceso del controvertido caudillo Lino Oviedo, representante de una modalidad extrema del populismo prebendario y demagógico. Oviedo no participó en las elecciones, pero su candidato, Guillermo Sánchez Guffanti, sufrió un severo revés, al superar apenas el 13 por ciento de los votos si bien logró cinco senadores que pueden ser claves para darle a Duarte Frutos la mayoría que necesita en el Senado. Pero si Duarte alcanzó el triunfo electoral de manera relativamente sencilla, los desafíos que le esperan son en cambio enormes. En el frente político la prioridad pasa por negociar las alianzas y construir los consensos que le aseguren la gobernabilidad en el contexto de un "gobierno dividido" y frente a un Parlamento caracterizado por una amplia heterogeneidad y dispersión. Por su parte, en el ámbito económico-social, deberá liderar los cambios que el país urge para salir del profundo estancamiento económico en que se encuentra, así como emprender la marcha del desarrollo con equidad social. En este ámbito se destacan como prioridades la renegociación de la deuda externa, la puesta en marcha de un ajuste fiscal que parece impostergable, el combate frontal a la evasión impositiva que ronda el 60 por ciento, y una guerra decidida contra la pobreza, la corrupción y la impunidad. Argentina Por su parte, los argentinos vivieron la más enconada pugna electoral de los últimos 20 años, con la esperanza de dejar atrás la peor crisis política, económica y social de la historia del país. En ella participaron como los cinco candidatos a la presidencia mejor posicionados tres peronistas (Menen, Kirchner y Rodríguez Saá) y dos ex radicales (López Murphy y Elisa Carrío). Por vez primera desde el retorno de la democracia en 1983, no existió un candidato favorito y prevaleció la incertidumbre hasta último momento. Tampoco hubo sorpresas en los resultados -los más cerrados en las últimas elecciones presidenciales-, que obligan por primera vez a una segunda vuelta prevista para el 18 de mayo entre dos peronistas: Menen (ubicado en el primer lugar con el 24.36 por ciento) y Kirchner (segundo con el 22 por ciento). Sobre las 23 provincias y la Capital Federal, que constituyen los distritos electorales, Menem triunfó en 12, Kirchner en 8, López Murphy en uno y Rodríguez Saá en tres. De los cuatro distritos electorales clave, Menem triunfó en dos (Córdoba y Santa Fe), Kirchner en uno (Buenos Aires) y López Murphy también en uno (Capital Federal). Sin embargo, debe destacarse que ninguno de los candidatos vencedores en estos distritos clave superó el 25 por ciento de los votos efectivos. De sumarse todos los votos peronistas se alcanza el 59,1 por ciento, lo que convierte al peronismo, pese a sus problemas internos, en la fuerza política hegemónica. Por su parte, el centenario Partido Radical hizo la peor elección de su historia, obteniendo tan sólo un 2,34 por ciento. Cuatro años atrás, el también radical Fernando de la Rúa fue electo presidente con el 48,1 por ciento de los votos. Con el 17 por ciento de los votos, el ex radical López Murphy fue sin lugar a dudas la gran sorpresa de estas elecciones. Estos resultados confirman así la crisis del bipartidismo y un electorado más plural y diverso en términos políticos que en el pasado. Es necesario recordar que estas elecciones presidenciales forman parte de un corto pero profundo proceso de recomposición político-electoral del país, dado que desde ahora hasta octubre se realizarán elecciones de autoridades en la mayoría de las provincias y en la Capital Federal. En octubre, además, se renovará el Congreso Nacional. La votación transcurrió en absoluta normalidad, con un alto nivel de concurrencia a las urnas (80 por ciento), un bajísimo porcentaje de votos en blanco y nulos (2,5 por ciento), y una alta volatilidad electoral. La campaña fue gris, basada en monólogos, y careció del debate público de ideas y propuestas. Estuvo centrada en los candidatos más que en los partidos, debido a que por vez primera durante los últimos 50 años, el bipartidismo (peronistas y radicales) que caracterizó la vida política argentina alcanzó niveles inéditos de fragmentación. Tampoco se produjo la tan reclamada renovación de la política: el grito "¡Que se vayan todos!" se diluyó. La ciudadanía, resignada a la vieja política, apostó fuertemente a la hora de votar a dos prioridades: la gobernabilidad y la economía. En este escenario político inédito, Menem buscará en el ballottage su tercer mandato presidencial. Su principal desafío será revertir la imagen fuertemente negativa que tiene en amplios sectores de la sociedad, que rebasan hoy el 60 por ciento. Para Kirchner, en cambio, el mayor reto será afianzarse en aquellos lugares del país donde su candidatura perdió fuerza, ya que si bien cuenta con el respaldo del aparato político del presidente Duhalde, de mucho peso en la provincia de Buenos Aires, su fuerza se diluye en el interior. Ambos comandos de campaña saben que para ganar necesitan tejer alianzas estratégicas, pero son conscientes al mismo tiempo de que en la Argentina de hoy no bastan los acuerdos de cúpulas, y que para imponerse en la segunda vuelta deberán convencer de manera directa al electorado independiente que les fue esquivo en la primera. Todo ello anticipa una campaña intensa y muy dura durante las próximas semanas, con una ventaja inicial de parte de Kirchner debido al fuerte rechazo que genera la figura de Menen, si bien las estadísticas comparadas juegan en su contra, ya que de los 23 ballotages que hubo en América Latina en los últimos años, sólo en siete ocasiones ganó el candidato que quedó ubicado en el segundo lugar en la primera vuelta. Pero en su favor juega el hecho de que desde 1916 -fecha en que se implantó el voto universal, secreto y obligatorio en la Argentina-, nunca perdió una elección presidencial quien ganó, como lo hizo Kirchner, en la provincia de Buenos Aires. *Director de IDEA (International Institute for Democracy and Electoral Asistance.

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