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| 5/19/2006 12:00:00 AM

Guerreros chinos en Colombia

Los Guerreros de Terracota llegan al Museo Nacional. Cerca de 73 piezas, entre las que están siete miembros del ejército que custodia el mausoleo del emperador Quin Shihuang, serán exhibidas desde el 15 de junio.

Guerreros chinos en Colombia Guerreros chinos en Colombia
Hacen parte del ejército más pacífico, pero más deslumbrante del mundo. Aunque permanecieron ocultos por más de dos mil años, desde su descubrimiento en 1974 se han convertido, no sólo en uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo anterior, sino en la octava maravilla del mundo.

Se trata de Los Guerreros de Terracota, una réplica en cerámica del ejército imperial con que Quin Shihuang, primer emperador chino, logró unificar a esa nación hacia el año 221 a.c. Construidos por orden suya, no es de extrañar que la única misión encomendada a estos siete mil militares, con un promedio de 1.80 metros de estatura, fuera justamente la de custodiar su mausoleo.

Para ello se les dotó de 4.000 armas, se les vistió como su rango lo exigía, se otorgó a cada uno una fisonomía particular y se les ubicó, en el kilómetro y medio que ocupa la tumba, bajo los mismos criterios con que el emperador dispusiera su formación militar.

Sin embargo, ahora siete de esos guerreros abandonan la ciudad de Xi’an (donde se realizó el hallazgo) y su milenaria tarea para venir a Colombia, un país irónicamente sometido a otro tipo de guerras y guerreros. Ya otros de sus compañeros lo habían hecho para ser exhibidos en Estados Unidos y Brasil, entre otros países. Al nuestro llegaran gracias a la gestión del Museo Nacional, entidad que trabajó varios meses para hacer posible la muestra.

Según María Victoria Robayo, Directora del Museo Nacional de Colombia, la ex directora del Museo y actual ministra de cultura, Elvira Cuervo, había soñado con traer Los Guerreros de Terracota desde hace mucho tiempo. “Ella los había visto en China y se enteró, además, que en Sao Paulo se hizo toda la gestión para llevarlos. Empezamos, entonces, a averiguar lo que teníamos que hacer y a quién nos deberíamos dirigir”.

De esta manera, se contactaron con las autoridades encargadas del tema del patrimonio en Xi’an, que son las que tienen a cargo a los Guerreros. “En ese país tan grande era muy difícil llegar a ellos. Finalmente lo logramos y se mandaron las primeras comunicaciones, pero no dieron mucho resultado. En enero de 2005 invitaron a la entonces ministra de cultura, María Consuelo Araujo, a China, como ella conocía nuestro interés y las gestiones que adelantábamos, invitó a Elvira Cuervo para que hiciera la petición expresa de la exposición”, señala Robayo.

Una vez en China, las dos hablaron con las autoridades, quienes solicitaron que fuera la persona encargada de las exposiciones en el Museo Nacional. Por dicha razón, Robayo tuvo que ir en agosto del año anterior, pero para entonces el proceso ya se había iniciado. En adelante, como ella misma indica, se trató más de conocer las condiciones y establecer hasta donde podía llegar el compromiso del Museo. “El Ministerio ya nos había dicho que nos apoyaría con una suma importante, pero necesitábamos apoyo del sector privado. Empezamos a trabajar en ese tema. Ya en noviembre nos visitó una delegación de tres personas del Museo de Terracota y las autoridades locales que manejan el tema, quienes debían evaluar nuestras instalaciones y el trabajo realizado en otras exposiciones para autorizar la muestra”, relata la Directora del Museo Nacional.

Igualmente, el equipo del Museo Nacional presentó sus ideas sobre el posible montaje y el prediseño sobre el que habían trabajado. La experiencia de la entidad y su trabajo en diversas áreas condujo a que finalmente fuera aprobado como espacio de exhibición. “Contestaron con una comunicación muy elogiosa. Incluso dijeron haber aprendido muchas cosas de nosotros para poner en práctica en sus exposiciones”, cuenta María Victoria Robayo.

Segunda parte de un largo viaje

A partir de allí, y dadas las distancias y diferencias de horario, prácticamente toda la coordinación se hizo a través de Internet y con apoyo del embajador colombiano en China. “Esta es una exposición preparada exclusivamente para nosotros (aunque todo el trabajo de producción y museografía lo realizó el Museo Nacional) y hecha a distancia”.

Preparada en exclusividad porque aunque se han presentado muestras en otros lugares del mundo, los Guerreros que se exhibirán en Colombia no son los mismos que han sido vistos en Barcelona, Madrid, Nueva York y otras ciudades (hay varias exposiciones viajando por el mundo). Nuestros ilustres visitantes vienen directamente de Beijing y tendrán que hacer las mismas escalas y trasbordos que cualquier viajero, con todos los costos que ello implica.

Pero además de los siete soldados, Los Guerreros de Terracota: un ejército inmortal – nombre que el Museo le ha dado a la muestra que se apreciará en Bogotá- incluye 63 piezas más. Entre las que se encuentran armas, herramientas empleadas en agricultura, objetos que hacen referencia a la jerarquía militar (dos cabezas de guerreros), piezas vinculadas a la vida cotidiana, así como a la construcción y la arquitectura. Todas ellas originales. La única réplica que hará parte de la exposición es un carruaje cuyo tamaño equivale a la mitad de las extensiones reales del original. “Todo lo que se verá hace parte de aquellas cosas que el emperador atesoró para perdurar su vida después de la muerte”, dice Robayo.

Por supuesto, la sensación de ver estos objetos y a los Guerreros fuera de su espacio natural es completamente distinta a la que se tiene cuando se aprecian en medio de las inmensas excavaciones que los hicieron visibles ante el mundo. Sin embargo, la directora del Museo Nacional cree que los espectadores colombianos tendrán algunas ventajas. “El tamaño del lugar donde se encuentran en Xi’an es impresionante y por supuesto poder verlos juntos es maravilloso. Pero creo que acá la gente va a tener la posibilidad de singularizarlos, verlos más cerca y ver que sus rostros, peinados y vestidos son distintos. Esta es una posibilidad única, además, para los millones de personas que no van a poder ir nunca a China a verlos”.

Pero, además, el Museo Nacional ha venido trabajando seriamente en el montaje, con la idea de ambientar el espacio y permitir a los visitantes evocar en algunos aspectos el mausoleo del emperador oriental. “La idea es que la gente pueda recorrerla en una rampa para que los observe desde arriba, que es como originalmente se ven en las excavaciones. Hemos venido trabajando en el diseño con la idea de crear un clima y una atmósfera apropiados, vamos a tener escenografía, luces, fotografías”.

La exposición estará acompañada por una programación académica e, igualmente, durante su realización, se presentará en la sala didáctica Humanos, dioses y tumbas en Colombia y China, un paralelo entre la tumba protegida por Los Guerreros Terracota y el Parque San Agustín. “Desde hace varios años hemos desarrollado las salas didácticas como una alternativa pedagógica, para que niños y adultos puedan interactuar con los temas de la exposición. En este caso, creímos que el tema de China nos debía permitir también reflexionar sobre nuestros tesoros arqueológicos y nuestro patrimonio en ese sentido. Creemos que la arqueología es un tema importante para que los niños conozcan y comprendan lo que significa la guaquería y el pillaje. Igual, queríamos asociar dos culturas y ver qué pasaba en América y en China en un mismo momento histórico”, explica María Victoria Robayo.

De esta manera, y acompañados por diversas actividades paralelas, los Guerreros se alojarán en Colombia hasta el 10 de septiembre, cuando finalmente regresen a cumplir su misión entre los ríos de mercurio que recorren el mausoleo y recuerden al mundo que cerca de 700.000 hombres trabajaron durante cuarenta años para que el ejército imperial se hiciera eterno.

Y aunque estarán un país en guerra por casi tres meses, su presencia no tendrá nada que ver con ello. Vendrán solo como embajadores de la memoria y piezas de una historia que apenas el siglo pasado empezamos a reconstruir.

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