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| 8/1/2006 12:00:00 AM

La Cuba de Fidel

SEMANA.COM estuvo en Cuba. Cómo es la vida cotidiana del país que gobierna Fidel Castro, cuyo estado de salud hoy está en la incertidumbre.

La Cuba de Fidel La Oficina de Asuntos Públicos de Estados Unidos en La Habana está rodeada por 158 banderas negras que el Gobierno izó en 1997. Cada una de ellas significa para lso cubanos un año de inependencia de los norteamericanos.
“Mi Presidente es lo mejor que ha dado la tierra (...) gracias a él mi novia estudia y yo estoy haciendo cursos de Informática donde nos enseñan, por ejemplo, Windows 97 y Excel... ¿Gúgol?, ¿Yajú? No, eso no lo conozco, aquí es muy difícil entrar a Internet, sólo pueden los turistas en los hoteles, o los que trabajan directamente con el Estado”.

El joven cubano, de raza negra y 28 años, le grita a un turista curioso estas palabras en medio de un concierto de los Hijos de la Habana, un exitoso grupo musical que tiene locos a los muchachos de la isla con un ritmo pegajoso que mezcla algo como reggaetón, salsa y champeta. Al lado está su novia, insinuantemente vestida, muy maquillada y montada en unos tacones de equilibrista que arrastra sobre el pavimento de una plazoleta del Vedado, un barrio en el occidente de La Habana, a pocos metros de la oficina de asuntos públicos de Estados Unidos.

Es sábado, 15 de julio. Son las 10 de la noche. La multitud se agolpa frente a la tarima donde los músicos tocan gratis gracias a Fidel. Ellos nunca dicen su apellido. Saben que Fidel sólo hay uno. Ese es su jefe, su comandante, su Presidente. Hace dos semanas, los cubanos pensaban en su cumpleaños 80 y en los días de fiesta que traería el 26 de julio, fecha en la que se conmemora el asalto al Cuartel Moncada que marcó el triunfo de la revolución sobre Batista. Hoy sólo están pendientes de la salud de su Comandante y esperan información nueva en el noticiero de la noche.

Aislados

Durante 47 largos años, Fidel Castro ha gobernado en esta isla que ocupan 12 millones de habitantes. El 70 por ciento de los cubanos nacieron después que Fidel tomó el poder el primero de enero de 1959 y son pocas las familias que viven unidas en su país, pues muchos han huido en balsas hacia Miami, que está a 90 millas.

“Mi hijo no se fue ilegalmente, pero desde hace 14 años vive allá. Es ingeniero, se fue con su novia, se casaron en Miami y tuvieron dos niñas. Vienen poco y eso es muy doloroso, yo pensé que nunca iba a superarlo”, dice entre sollozos Milagros Cordero, una sexagenaria que nació en Pinar del Río, una importante provincia de Cuba, y quien jamás ha salido de su país porque el Gobierno no lo permite.

Como ella hay cientos de cubanos, pero viajar al exterior no es lo único difícil. Por ejemplo, moverse dentro de la isla es una tortura para ellos, ya que escasean las guaguas (buses) intermunicipales y pagar un taxi es demasiado costoso. Eso sólo lo hacen los turistas que viajan en los vehículos de los hoteles hacia Varadero, Santiago de Cuba, Santa Clara o Trinidad. Muchos cubanos, a pesar de que las distancias son cortas, no conocen otras regiones de esta tropical geografía.

SEMANA.COM vio a centenares de personas en solitarias carreteras, con modestos equipajes, ‘echando dedo’ para ir a visitar a sus familiares. Por ejemplo, de La Habana a Santiago se pueden tardar 24 horas, cuando normalmente el recorrido podría hacerse en ocho. A veces deben pasar horas enteras bajo el sol, sin nada que beber. Ya que a diferencia de lo que sucede en los demás países latinoamericanos, donde abundan las tiendas y los negocios informales, aquí este tipo de locales son casi inexistentes .

Rarezas como estas son más comunes de lo que se imagina el mundo entero. Los carros de marcas internacionales, traídos antes de los 60, abundan en La Habana. Algunos están en perfecto estado y son utilizados como elegantes taxis. Otros son carcachas que hieden a gasolina, se varan en cualquier esquina y parece que se fueran a desbaratar.

Esa es la Cuba de Fidel. Casi todas las calles están perfectamente pavimentadas, todos los niños van a la escuela, toda la población tiene servicio de salud (especialmente en el campo preventivo) y no hay un solo indigente. Sin embargo, es frecuente que los isleños aborden a los turistas para pedirle, con cortesía, jabones, jeans, perfumes y zapatillas. “No me importa en qué estado estén. Cuando se vaya a ir, me las deja, ¿sí?”, dice uno de los solicitantes. El pedido es general y forma parte de la vida cotidiana.

En los sectores más transitados de Cuba no se levantan grandes avisos de neón que anuncian publicidad, sino carteles del ‘Che’ Guevara y Camilo Cienfuegos. El segundo, junto con Raúl Castro y el Che, hacía parte de la primera línea de comandantes después de Fidel. El argentino murió en Bolivia, Cienfuegos en un accidente aéreo a los pocos días de la revolución. Las demás piezas publicitarias promocionan frases como: “Viva la Revolución” y “Hasta la victoria, siempre”.

Contrario a lo pensado en este tipo de regímenes, donde se exalta la figura de su gobernante, hay más monumentos dedicados a la memoria de José Martí (héroe de la independencia ante Estados Unidos) que de Fidel Castro, de quien no hay un solo busto en el país. Sólo esporádicas vallas con su otoñal figura al lado de una frase implacable: “Vamos Bien”.

“¿Vamos bien?”, se pregunta Rolando, esposo de Milagros y quien trabaja para una empresa del Estado (como casi todos). “Si firmamos el Mercosur ya no tocaría traer la leche de Holanda, por ejemplo, sino importarla de Argentina. Podríamos traer los medicamentos que hoy no tenemos por el bloqueo de Estados Unidos. Y para exportar... bueno, tendríamos un montón de ideas”, dice el veterano mientras suelta una carcajada.

Esto les facilitaría la cotidianidad a los cubanos, pues a pesar de que Fidel les provee a ras de lo necesario para sobrevivir (alimentos, utensilios personales y servicios públicos que como la energía suelen racionarse, por lo que las ciudades son tenues en la noche), si quieren comprar algo de más deben pagar muchos pesos cubanos por cualquier ‘lujo’ que se quieran dar. Por eso viven de los turistas.

El rebusque

“Es aterrador que todos se rebuscan plata contigo. Si te llevan a conocer un lugar, te cobran. Si te tomas una foto con alguno de ellos que vista el traje típico, te cobran. Si se sientan contigo en un bar, te piden que les invites un mojito. Es obvio que no lo hacen porque quieren, sino porque lo necesitan”, señala Fran, un turista español que por una semana fue de vacaciones a recibir el sol Cuba que calienta hasta 34 grados en el día.

Precisamente, encontrar cubanos que no hacen lo que quieren o lo que deberían hacer es muy común. Un guía turístico de Cubanatur, una de las empresas del Estado que ofrece sus servicios en los hoteles más lujosos de la isla, es políglota (sabe comunicarse tan bien en ruso como en el lenguaje de los sordomudos) y gracias a su profesión ha viajado por varios países. Además de ello, habla de economía cubana como si la hubiera estudiado toda la vida. Ahora está detrás de un escritorio, vendiendo tures por Varadero y no puede salir de Cuba. “Mis conocimientos serían muy bien pagados en cualquier otro país, pero bueno, vamos a ver qué pasa”, comenta.

Algo parecido sucede con Rojas, un moreno bien parecido de 25 años, ingeniero naval y recién metido a conductor de taxi: “Para entrar a la marina tienes que tener amigos allá adentro, y para salir del país debes ser deportista, músico, médico o abogado. ¡Ah! También debes esperar a que alguien de otro país te pida, que el gobierno cubano acepte su invitación, que en el otro país te acepten y contar con suerte. Mejor dicho, es casi imposible”.

La Cuba del 2006 no se parece a la trova de Silvio, Pablo y Puebla que se oyó en la radio colombiana y del mundo en los 80 y los 90. Aunque la flamante bandera tricolor se descuelga de los ventanales de las casas cuando se realiza una reunión del Partido Comunista Cubano, son pocos los que en la calle hablan de política. No lo hacen ni a favor, ni en contra. “Si hablas contra Fidel, te meten preso”, dice el cantante de un conjunto de son que toca en un bar de La Habana Vieja, la zona colonial de la capital cubana.

La arquitectura de este sector es idéntica a las demolidas calles del Cartucho, son casas de gran riqueza arquitectónica, hechas con balcones, grandes portones e imponentes solares, pero que hoy está derruidas, devoradas por el óxido y con los cascarones de pintura que se lleva el viento. Hay lugares que se están recuperando, en especial por inversión de otras naciones como España, países que esperan poder cobrar estos favores cuando Fidel no esté. Por eso, en contraste, algunas cuadras de la Habana Vieja lucen como la Cartagena turística.

Todo el poder gravita alrededor de Fidel. Los demás miembros del PCC (el único partido legal y autorizado para hacer política en la isla) son casi una sombra al lado del líder. Incluso su propio hermano que ni siquiera se le parece físicamente. Al contrario de Fidel, que impone autoridad con su figura erguida y su llamativa barba, el hermano es de una figura, menuda, discreta y poco vistosa.

Se cree que Fidel Castro gobierna desde la oficinas de la famosa Plaza de la Revolución, pero nadie habla con certeza de ello. Dicen que cada noche duerme en sitios diferentes, a pesar de que tiene su residencia en Miramar, un hermoso sector de La Habana, similar al barrio El Prado de Barranquilla. Ahora que está enfermo, ni siquiera saben si ya terminó su cirugía para curar su crisis intestinal, en qué clínica está recluido, ni qué médico lo atendió. Los dos periódicos más importantes del país (Granma y Juventud Rebelde) se limitaron a transcribir textualmente el comunicado en el que se anunció la enfermedad de Fidel con el título de “Proclama”.

Mientras tanto la televisión ha dedicado más espacio a las frecuentes y cotidianas telenovelas. Lo que sí es cierto, es que nadie habla de su hermano y sucesor temporal, Raúl. Definitivamente, él tiene poco carisma.

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