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| 4/18/2007 12:00:00 AM

La flecha del tiempo

La flecha del tiempo La flecha del tiempo
La flecha del tiempo de Martin Amis logra lo que pocas novelas conquistan: que el lector al terminar de leerla, sienta la necesidad de volverla a empezar. Y la razón es simple: está escrita de atrás para adelante. En otras palabras, los hechos suceden de tal forma que la historia que se cuenta retrocede y los personajes, mientras se pasan las páginas, se vuelven más jóvenes. Por ello, sólo al final, se logra tejer la historia y que ella cobre sentido, ya que el rompecabezas que se ha urdido se consigue tramar.

Debo confesar que estos juegos narrativos, esta experimentación con la escritura, a ratos puede resultar fatigante. Las obras que buscan crear un “nuevo tipo de lector” y que lo obligan a uno a pasar por una serie de piruetas narrativas, a pesar de la perplejidad y curiosidad que pueden despertar, en muchas ocasiones desembocan en estruendosos fracasos. No es fácil caminar por la cuerda floja de la experimentación literaria. Pero, también es cierto que cuando se logra, la hazaña es mayor. Y me atrevo a decir, que Amis cruza esta arrevesada cuerda floja, a pesar de uno que otro balanceo en su camino, con éxito.

Por ejemplo, a lo largo de la obra construye una serie de diálogos amorosos que se pueden leer de manera continua, así como de abajo para arriba y en ambas direcciones tienen sentido. Este absurdo reverso, hace que la forma con que se cuenta la historia se conjuga con el contenido de lo que se está narrando. En otras palabras la forma y el contenido se entretejen en este mundo invertido que arma el autor.
Lo que cuenta esta novela es dramático: el corazón de la misma es nada menos que el Holocausto nazi. La historia comienza con un personaje llamado Tod Friendly, un médico que se está muriendo en un hospital y odia a los médicos, pero que a su vez, descubrimos es un médico y cuya vida nos lleva por una travesía por la cual cambia constantemente de nombre, pero no de profesión, trasformándose en John Young, en Hamilton, hasta que por fin termina por ser Odilo Unverdorben, un médico alemán que trabajó en Auschwitz al lado del ‘tío Pepi’, un médico carnicero que invoca al terrible Joseph Mengele.

Hay un reverso absurdo entre la práctica totalmente ética del doctor cuando está en Estados Unidos y toma el nombre de Tod Friendly (Tod en alemán significa muerte; por lo tanto su nombre completo sería muerte amigable) y Odilo Unverdorben (que en alemán traduciría incorrupto inocente) como si sus culpas y pecados hubieran sido reversados en Estados Unidos, donde se esconde y lograra metamorfos ear su identidad al trabajar en un hospital y una ciudad sin nombre. Es como si al echar para atrás, al reversar la historia perversa y sicótica de la humanidad, esta cobrara otro sentido. Por ello, el deseo del doctor Tod Friendly de compensar por su pasado comprándoles juguetes a los niños de la calle, al ser reversado por el narrador, se vuelve su contrario: un mecanismo para quitarles los juguetes a los niños y cambiarlos por dinero en efectivo.

El proceso inverso que fabrica la narración termina por conferirle una nueva vuelta a la tuerca a la crueldad del personaje y al mundo bizarro que logra establecer Amis, al proponer que la flecha del tiempo apunte en dirección contraria.

Indiscutiblemente es una novela que fabrica un lector y su lectura de atrás para adelante le confiere otro sentido y nos obliga a reflexionar sobre nuestra cruel realidad.

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