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| 9/12/2006 12:00:00 AM

La puja por liderazgo en el Polo Democrático amenaza con una fractura irreversible

La proximidad de las elecciones regionales puso una vez más en evidencia las contradicciones entre los pesos pesados del partido. Lucho Garzón insiste en buscar alianzas con el liberalismo, pero el sector radical se opone. ¿Qué le pasa a este movimiento que abrió una esperanza de cambios?

La puja por liderazgo en el Polo Democrático amenaza con una fractura irreversible El ex senador Carlos Gaviria y el alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, son las dos cartas principales del Polo Democrático para las elecciones de 2010.
El ambiente en el Polo Democrático está cada vez más candente. Mientras sus voceros oficiales se esfuerzan por proyectar una imagen de unidad política en el que hoy por hoy es el partido de oposición más grande del país, los pesos pesados de cada una de las vertientes que lo integran no vacilan en reconocer que siguen teniendo serias diferencias frente a aspectos como su orientación política.

Dicha división, planteada desde el nacimiento de la coalición que llevó al poder a Lucho Garzón en Bogotá, volvió a salir a flote esta semana cuando el propio mandatario capitalino pidió, en entrevista con El Tiempo, que el partido busque una coalición con sectores liberales, conservadores e independientes para pelear por la Presidencia de la República en 2010. Al mismo tiempo, el senador Gustavo Petro, vocero del Polo en el Congreso, dijo en la revista SEMANA que lo que debe hacerse es fortalecer el partido para que se lance por separado en busca del poder.

¿Qué hay detrás de estas declaraciones contradictorias entre las máximas figuras del Polo? Tanto Petro como Garzón quieren ser candidatos presidenciales. El primero le apunta a las elecciones de 2014 y Garzón a las de 2010. Ambos están preocupados por fortalecer su liderazgo antes de lanzarse al agua.

Aunque el Alcalde no lo ha dicho públicamente (su dignidad le prohíbe participar en política electoral) ya lanzó los primeros mensajes de que cuando termine su período buscará el primer puesto en la fila india, al que muchos creen que tiene derecho por haber conquistado el máximo cargo público de la izquierda colombiana en toda su historia.

El problema radica en que el alcalde Garzón ya no es tan de izquierda como antes. Y no se trata de un comentario de sus adversarios para deslegitimarlo, sino que él mismo lo reconoció en la citada entrevista a El Tiempo. Interrogado sobre el tema por el periodista Yamid Amat, Garzón dijo que “el gobierno me cambió, porque aprendí. Aprendí que uno no puede estar gritando abajo a todo. Si estoy gobernando, ¿a quién le echo la culpa?”. En otras palabras, el Alcalde confirmó lo que hasta hace un tiempo no eran más que rumores de pasillo sobre sus críticas a una izquierda que, según él, está acostumbrada a hacer huelgas pero no tiene una agenda de gobierno definida.

El nuevo Garzón tiene gran acogida por fuera del Polo, especialmente en los sectores liberales e independientes a los que dio cabida durante su gobierno. Paradójicamente, es en el Polo en donde más resistencia hay a su modelo de gobierno. Petro y otros dirigentes de la llamada ala “izquierdista” (entre ellos el presidente del partido, el ex candidato presidencial Carlos Gaviria) prefieren que el Polo se mantenga al margen de los partidos tradicionales, pues creen que la estrategia de ampliación debe enfocarse hacia la conquista de los más de 12 millones de abstencionistas que hay en el país. Ese es uno de los ejes centrales de la pelea.

El más reciente ejemplo de esta división fue la puja por la cabeza de lista al Senado en las pasadas elecciones de Congreso. Mientras Garzón intentó imponer desde la alcaldía a la ex canciller María Emma Mejía, Petro se la jugó por una alianza con el ex alcalde Antanas Mockus. Al final todos se quedaron con las ganas de que mockusianos y liberales independientes se vincularan al partido.

A esa antigua pelea entre Garzón y Petro se sumó, en mayo pasado, un tercer competidor: Carlos Gaviria. Más cercano ideológicamente a Petro, pero proveniente del antiguo movimiento Alternativa Democrática, fue ungido como presidente del partido con sobradas razones, pues logró casi tres veces la votación que Garzón obtuvo cuando fue candidato presidencial de la izquierda democrática.

A Gaviria le correspondió la organización del Congreso Nacional de noviembre, en el cual será escogida la nueva mesa directiva. Y como todos los sectores del Polo quieren tener la mayoría en esa mesa directiva (que definirá las listas para las elecciones de alcaldes y gobernadores), se enfrascaron en otra disputa interna por los apoyos regionales para fortalecer sus candidaturas. Aun cuando los aspirantes del partido serán escogidos mediante participación popular, todos saben que tener mayoría en la mesa nacional ayuda a legitimar candidaturas.

Esta nueva división puede interpretarse de varias formas: una rapiña por puestos, un esfuerzo político para fortalecer al partido y una frustrada oportunidad de posicionarse como alternativa al gobierno. En el fondo tiene de todo un poco. Es una pelea por los puestos de control del partido con el objetivo -dicen sus dirigentes- de fortalecerlo como estructura política. Pero también es la razón por la cual el Polo está perdiendo la opción de mostrarle al país que tiene propuestas distintas a las del gobierno, como dice el analista León Valencia.

Según Valencia, mientras el Polo está resolviendo sus problemas internos han ocurrido muchos hechos que ameritaban el pronunciamiento de la oposición y en los que el liberalismo está copando el espacio que debería ser del Polo. El analista se refiere a los contundentes pronunciamientos de la bancada liberal respecto a temas como el proceso con los paramilitares, los escándalos de corrupción en la Superintendencia de Notariado y las denuncias sobre compra de votos entre los congresistas uribistas, entre otros. Mientras tanto, el presidente del Polo toma una temporada de vacaciones en Estados Unidos.

Esa ausencia de liderazgo se hizo más evidente durante los días posteriores al escándalo  por el ‘caso de los montajes’ de los atentados terroristas por parte de militares. Tuvieron que pasar seis días para que el Polo reaccionara y sentara su posición sobre el particular. Aunque la intervención del senador Gustavo Petro no dejó dudas sobre su rechazo al uso de estrategias sucias para ganar positivos -y hasta le ocasionó una nueva pelea con el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos- el liberalismo y algunos sectores del uribismo fueron más rápidos en reaccionar y en poner sobre el tapete la gravedad del asunto.

Ante este campanazo de alerta, la mesa de unidad del Polo se reunió de urgencia este lunes y martes y adoptó algunas medidas de contingencia, entre ellas las de preocuparse más por los pronunciamientos de bancada sobre temas de la agenda nacional y buscar un mayor despliegue en los medios de comunicación. Eso sí, sin dejar de lado su batalla interna por el poder dentro del partido.

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