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| 11/30/2006 12:00:00 AM

Lissette Ochoa perdonó a su marido agresor, retiró los cargos en su contra y volvió con él

El caso de la mujer barranquillera que conmocionó al país sufrió un sorpresivo giro: la víctima se reconcilió con su esposo, Rafael Dangond Lacouture, quien durante casi tres horas la golpeó -porque ella bailó en una fiesta con otro- y que la puso al borde de la muerte. El proceso penal está a punto de caerse.

Lissette Ochoa perdonó a su marido agresor, retiró los cargos en su contra y volvió con él Foto: Soho
La historia de Lissette Ochoa es similar a las miles de mujeres en Colombia. Es víctima frecuente de una violencia despiadada por parte del hombre que dice amarla. La diferencia es que su caso tuvo una resonancia nacional porque sus propios familiares -que le salvaron la vida rescatándola cuando era agredida y trasladándola de urgencia al hospital- le tomaron fotos que colgaron en Internet, lo que provocó un rechazo nacional.

Su golpeado rostro convocó al país a hacer una reflexión sobre esa violencia subterránea que poco sale en los medios masivos de comunicación. Se exigió justicia, y Rafael Dangond Lacouture, su esposo, como era obvio, fue a dar a la cárcel.

Lissette Ochoa escribió un testimonio para la revista SoHo como un ejemplo de lo que no puede ocurrir en el corazón de un hogar (ver texto).

Sin embargo, el caso tuvo un giro inesperado en las últimas horas, cuando trascendió que la víctima decidió perdonar a su agresor, retiró los cargos en su contra y se reconcilió con él. La relación ya se había reanudado en las cada vez más frecuentes visitas que ella le hacia en la cárcel. Después de que él salió de prisión, ella lo recibió.

“Rafael es mío, mío y mío”, le oyeron gritar a Lissette Ochoa ante personas que le preguntaban si era cierto que habían vuelto. Y sí, los temores de los padres de ella, sus familiares y amigos, se volvieron ya una preocupación, ante el desistimiento presentado por la agredida.

Una fuente que sigue el caso le confirmó a SEMANA.COM la información. “Lissete retiró los cargos, dio por terminado el proceso penal y la demanda de divorcio. Ella desistió de manera personal e individual, sin contar con su asesor legal o con su familia”.

Adicionalmente, Lissette cortó toda comunicación con sus padres, a quienes hoy preocupa lo que pueda ocurrirles a los hijos de la pareja, de 8 y 6 años. Ellos están juntos, lo comenta todo mundo en Barranquilla, pues los han visto juntos en el colegio de los hijos y hace unos días tomaron en arriendo un apartamento.

Ante los hechos ocurridos trascendió que el Icbf estaría tomando cartas en el asunto por temores de que algo pueda sucederles a los niños.

Lissette dijo ante la Fiscalía que Rafael Dangond jamás atentó contra su vida. En el terreno legal, los abogados de la defensa de Dangond Lacouture incluso obtuvieron un éxito más para su caso, con un malabar jurídico: presentaron los resultados del Instituto de Medicina Legal en los que se informa que ella no sufrió secuelas, por lo que las acciones por intento de homicidio también están a punto de caerse. Posibilidad que en la práctica es una inminente realidad porque Lissette también retiró las acciones penales y además, suspendió la demanda de divorcio que ya venía haciendo su curso. La historia de Lissette Ochoa es similar a las miles de mujeres en Colombia: son golpeadas y luego vuelven con su agresor. No hay derecho.

EDICIÓN 1888

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