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| 4/12/2006 12:00:00 AM

Los puntos polémicos sobre el fraude electoral

El Presidente Álvaro Uribe se ha defendido a capa y espada de las acusaciones de fraude electoral. Estos son sus argumentos y los interrogantes que aun permanecen.

Los puntos polémicos sobre el fraude electoral Los puntos polémicos sobre el fraude electoral
1. El Presidente dijo que acusaban su campaña de haber ganado 300 mil votos en el Magdalena, cuando en realidad solo ganó 113 mil votos.

El Presidente en el Magdalena no sacó 300 mil votos. Sacó una tercera parte de esa votación. Sin embargo, en los cuatro departamentos (Bolívar, Cesar, Magdalena y Córdoba) que denunció Rafael García que se hizo fraude, sacó 337.085 votos, como lo dijo Semana el domingo pasado.

Álvaro Uribe ganó la presidencia con 5.862.655 votos equivalentes al 53% de la votación para las elecciones presidenciales de 2002, con lo cual accedió al cargo en la primera vuelta. Si a esa votación se le restan los 337.085 votos que sacó en Magdalena, Córdoba, Cesar y Guajira, habría tenido que disputar el cargo en segunda vuelta con Horacio Serpa pues habría sacado solo el 49 por ciento de los votos. Obviamente no todos estos votos fueron producto del fraude, pero sí es un hecho que la votación en algunos de estos municipios con presencia paramilitar creció de manera atípica, con votaciones superiores al 90 por ciento, cuando tradicionalmente la abstención ha sido más del 50 por ciento. Y en esos municipios, sí gano el candidato Uribe.


2. El Presidente dice que para el momento de su candidatura ya tenía una larga trayectoria política que le bastaban para ganar, sin necesidad de un fraude.

Como lo confirmó y reveló Semana en su pasada publicación, a Álvaro Uribe lo conocían en el Magdalena desde 1997, cuando era gobernador de Antioquia y lo invitaban a Santa Marta a dar charlas sobre su exitosa política de seguridad en su departamento. Luego, como también lo reveló Semana, ya de candidato, Uribe estuvo por lo menos seis veces entre 2000 y 2001 en el Magdalena haciendo campaña. “Hizo mucho trabajo político y tenía mucha gente apoyándolo”, dijo un político que prefirió hablar bajo el anonimato. “Excepto por J. Vives y Flor Gnecco todo el establecimiento político del Magdalena votó con Uribe”.

3. El Presidente dijo que en los departamentos donde se ha denunciado que ocurrió fraude él perdió contra el candidato Horacio Serpa.

Es cierto que el Presidente perdió en los departamentos de la Costa Atlántica frente al candidato Horacio Serpa. Sin embargo, el 66% de los votos de Uribe en Magdalena fueron en los mismos municipios con presencia paramilitar en los que congresistas como Dieb Maloof y Jorge Luis Caballero, expulsados del uribismo por su supuesta relación con autodefensas, lograron concentración atípica de electores. Sólo el 34% restante lo obtuvo en zonas ubicadas por fuera de esos `distritos electorales´.
 
En el caso de Serpa la tendencia fue a la inversa. El 31% de sus votos fueron en las zonas de dominio `para´ y el 69% por fuera de ellas. De hecho, en municipios bajo influencia paramilitar como El Difícil, Serpa perdió un 84 por ciento de electores en el 2002 respecto a 1998. Lo mismo en Chivolo. En Salamina, donde los paramilitares mataron a un delegado de la Registraduría que denunció fraude en las elecciones para alcalde de 2003, Serpa sacó un 73 por ciento menos de votación. Uribe sacó 2.420 votos y Serpa solo 368.

4. El Presidente dice que no tiene como presidente influencia en la Registraduría, mucho menos la iba a tener como candidato.

En efecto, el Presidente parece no tener ascendiente sobre la Registraduría, ni ahora ni como candidato. Sin embargo, como lo dijo la revista Semana, el fraude electoral denunciado por Rafael García, ex jefe informático del DAS, y que fue confirmado por periodistas de Semana en algunas de las localidades, no se hizo a través de la Registraduría Nacional. García denunció que habían comprado los censos electorales de cuatro departamentos de la Costa Atlántica para saber quién votaba en qué mesa y luego, los paramilitares habían presionado a los jurados de votación para que llenaran los tarjetones sin necesidad de que la gente fuera a votar.

Por ejemplo, en El Difícil, Magdalena, la descripción que hizo García del presunto fraude coincidió plenamente con los testimonios que recogieron periodistas de Semana en varios municipios de la Costa Caribe, con fuentes muy diferentes que no se conocen entre sí y no sabían de las declaraciones de García a la justicia ni a al prensa. En este municipio pequeño y montañoso, de casas en tabla muy pobres, donde Uribe sacó 9.858 votos y Serpa 1.102, un jurado de votación confirmó a Semana que en su mesa depositaron 40 votos. Pero que al final de la jornada, el paramilitar de la zona se acercó a su mesa y le ordenó marcar otras 400 tarjetas electorales con los nombres de los inscritos para votar en esa mesa.

Un funcionario de la Registraduría de El Difícil agregó que en los escrutinios para Presidente, los jurados tacharon dos veces los tarjetones que favorecían a Serpa para anularlos.

Un ‘colaborador’ de las autodefensas en esa zona de Ariguaní le contó a Semana que para las elecciones legislativas del 2002 él apuntó los números de las cédulas de varios amigos –algunos de ellos incluso en Bogotá- y llamó y se las dio al paramilitar Tolemaida para que las inscribiera para votar en el Magdalena. Luego de las elecciones se las devolvieron con los registros electorales. “Tolemaida y su combo casaron al delegado de la Registraduría. Si no lo hace se muere. El delegado inscribió las cédulas de manera legal pero es ilegal porque la gente no fue a votar”, dijo el colaborador. “Al cierre, ellos les dicen a los jurados marque estos votos y deme el registro para devolverlos a los dueños de las cédulas”.

Explicó que eso sucedió en muchos corregimientos rurales. En las cabeceras fue diferente: “Del miedo que uno le tiene a esos carajos, uno va y le dice al jefe aquí le traigo a estos diez a votar”.
Eso fue exactamente lo que encontró un corresponsal de Semana que viajó a la zona. En el Plato, Magdalena, por ejemplo, la gente hablaba tranquilamente del “ fraude electoral del 2002”.

Una funcionaria de la Registraduría local confirmó que este municipio de 90 mil habitantes rompió en el 2002 su record histórico de votaciones con más de 10 mil sufragios, 5.562 para Horacio Serpa y 4.616 para Uribe. Contó que se dieron casos sorprendentes como los de los corregimientos de El Barbudo y los Pozos, en los cuales hubo tantos votos como personas aptas para sufragar, pese a que siempre habían sido abstencionistas. Según varios habitantes, fuera del casco urbano, en unos corregimientos un concejal enviado por las autodefensas dio la orden de votar para Congreso por dos listas y para presidente por la de Uribe. Y en otros, la gente no fue a votar, sino que votaron por ella.

En el apartado corregimiento de Los Pozos casi toda la población es analfabeta y vive en precarias condiciones. Una profesora que fue jurado electoral en 2002 no sale de su asombro al relatar que los propios jurados pasaban el día de las elecciones de Congreso casa por casa devolviendo las cédulas que habían recogido el día anterior y entregándole a cada persona el certificado electoral sin que la gente supiera por quién había votado. “Se aprovecharon al verlos sin un peso y tirados en sus trojas” (improvisados tablados usados como camas), dijo a Semana un ex funcionario de la alcaldía. Otras personas de la región confirmaron que el mismo procedimiento se repitió para las presidenciales en este municipio, en Nueva Granada, en zonas aledañas a Zambrano (Bolívar) y a Bosconia (Cesar), según dijeron a Semana múltiples fuentes locales.

“Sabemos que 200 ó 300 votos de más no influyen en una elección, pero sumados los de varios municipios sí ayudan. De que hubo fraude lo hubo”, dijo un concejal de Zambrano que exigió el anonimato. En ese municipio de Bolívar había amenazas desde que comenzó la campaña de Presidente y Congreso. Allá muchas personas dijeron que habían votado obligadas por el paramilitar Jorge 40.

Para la comisión de este fraude no se necesitó que el candidato “comprara” a la Registraduria, ni siquiera que tuviera influencia sobre ella. Bastó que los paramilitares intimidaran a un puñado de registradores y a varios jurados de votación nombrados por los políticos que se habrían beneficiado de esta manipulación en las elecciones inmediatamente anteriores. Todo esto pudiera haber ocurrido sin que el candidato Uribe quisiera ni supiera. Pero lo que despierta hoy tantos interrogantes, y exige que la justicia investigue a fondo, es el hecho de que una vez elegido presidente, Uribe haya nombrado en cargos importantes a personas que pudieron haber estado involucradas en este fraude.

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