investigación

Misterio hotelero

Con multimillonarias inversiones, Costa Caribe será la empresa más grande del sector hotelero. Sin embargo, se sabe muy poco de ella y ha suscitado preguntas.


Hay inquietud en el mundo de las inversiones inmobiliarias y hoteleras luego de que, la semana pasada, varios medios informaron que una empresa llamada Costa Caribe, desconocida en el sector, anunció que construirá siete complejos turísticos por un valor de 700.000 millones de pesos.

Este monto y las 2.200 habitaciones del proyecto convertirán de la noche a la mañana a Costa Caribe en la cadena hotelera más grande del país. Para entender la dimensión del negocio, basta observar que hasta ahora Hoteles Estelar es el grupo más grande del país, con 1.550 habitaciones en 13 sedes. Y que hoy en Bogotá los operadores turísticos Hilton, Marriot y Aviatur adelantan tres construcciones con un total de 860 habitaciones, con inversiones que sumadas no llegan a 250.000 millones de pesos.

Costa Caribe asegura que sus proyectos se financian con los aportes de gente común que ha aceptado sus ofertas. Según cifras de Ibope, esta empresa ha gastado más de 2.000 millones de pesos en publicidad en lo corrido del año, es decir, casi dos veces lo que ha invertido la cadena Decamerón en el mismo lapso. Costa Caribe ofrece a quien invierta 150 millones de pesos en sus proyectos, una rentabilidad anual del 12 por ciento en los dos primeros años.
Transcurridos éstos, se incrementa al 24 por ciento que, según ellos, se pagará de por vida. La meta de la empresa es lograr que 10.000 personas sean copropietarias del negocio, para de este modo recaudar 1,5 billones de pesos, suma que equivale a siete veces lo invertido en el país en el sector hotelero entre 2003 y 2006, según cifras del viceministerio de Turismo.

En el negocio participan varias firmas. Costa Caribe Hotel y Multicentro es en realidad un establecimiento de comercio propiedad de la sociedad Promotora Costa Caribe Ltda., que se encarga de las ventas. Inversiones Mares y Lagos S. A. administra los hoteles que ya operan en Santa Marta, Cartagena, Nilo, El Peñón, Eje Cafetero y Tocancipá, con un total de 350 habitaciones. Y la Corporación Turística Sol Caribe, una entidad sin ánimo de lucro con sede en Girardot, está a cargo de promover el proyecto, es decir, de gestionar los multimillonarios recursos. Esta Corporación recibe el dinero de los inversionistas luego de que éstos firman un “acuerdo de participación” a cambio de un “título de aporte y propiedad”. Sin embargo, según el contrato, la escritura pública de la copropiedad sólo se firmará cuando se complete el número total de los inversionistas. Según Costa Caribe, hasta ahora se han vinculado 1.600 socios, de 10.000 esperados.

Jaime Rodríguez Laguna y su esposa, María Teresa Páez Cala, fundaron esta corporación sin ánimo de lucro hace cuatro años, y son sus únicos miembros. Rodríguez se presenta como abogado de la Universidad Externado. Por su parte, la señora tiene varias anotaciones judiciales. Al menos tres por estafa y una sentencia condenatoria en segunda instancia dictada por un juez en Bogotá en diciembre de 1988. Para esa época la pareja llevaba cinco años casada, pero Rodríguez aseguró a SEMANA que no recuerda los antecedentes de su esposa, ni las razones de la sentencia. “Esto no tiene nada que ver con el negocio, pues ella no maneja la operación”, explicó. También dijo que su esposa es publicista de la Universidad Nacional de Colombia de la sede de Bogotá, pero esta universidad no tiene dicha carrera.

Rodríguez y Páez son también los propietarios de JM Inversiones Turísticas Caribe Ltda., empresa constituida en enero de este año. Rodríguez cuenta que esta sociedad comercializa títulos de Costa Caribe que adquiere a mitad de precio para luego revenderlos al precio nominal. Esto, según él, explica la utilidad del 100 por ciento que cada semestre dicen les pagan a quienes allí invierten un mínimo de 10 millones de pesos.

Hace dos semanas una multitud se agolpó frente a la oficina de esta última empresa en el norte de Bogotá. Las personas alegaban que les habían incumplido los pagos. La oficina se mudó a la sede del Hotel Costa Caribe en Tocancipá, y allá se trasladaron las protestas. Al respecto, Rodríguez sostuvo que “pagamos 135.000 millones de pesos. Hubo un retraso en la comercialización y sólo el 20 por ciento de las personas estuvo inconforme. Se renegociaron los plazos”.

Con el dinero de estos inversionistas temporales, más los 1.600 títulos que han vendido y el capital inicial propio de 10.000 millones de pesos, esta pareja dice haber acumulado más de 500.000 millones de pesos, con los que están trabajando.

La sede de Tocancipá es la más atractiva. En Costa Caribe aseguran que fue diseñada por Rogelio Salmona, algo que niega la oficina del fallecido arquitecto. El predio tiene un campo de golf de 18 hoyos, piscina cubierta, canchas de tenis y varios salones para convenciones. La sede de Nilo, Cundinamarca, es la más nueva y ya se adelantan ampliaciones. En cambio los hoteles situados en El Peñón, Santa Marta y Cartagena se acondicionaron a partir de edificaciones de hasta 40 años de antigüedad, algunas de las cuales incluso estuvieron abandonadas.

Tanto en el sector hotelero como en el inmobiliario es frecuente que se estructuren inversiones colectivas, pero los modelos tradicionales tienen importantes diferencias con las planteadas por Costa Caribe. Una de las más notorias está relacionada con el manejo del dinero. Cuando se promueven negocios similares, lo habitual es que participe como garante una fiduciaria, que es una entidad vigilada por la Superintendencia Financiera, cuya función es dar fe de que los recursos se están usando para lo acordado. En el caso de Costa Caribe, la corporación sin ánimo de lucro con sede en Girardot cumple esa función. Para Rodríguez, acudir a los servicios de una fiduciaria no era lo mejor para Costa Caribe, pues “es un proyecto exageradamente complejo” al que una fiducia no le permitiría la flexibilidad que requiere para lo que denomina “un cluster empresarial”, en donde la garantía del buen uso de los dineros es su honorabilidad.

SEMANA consultó con Ismael Enrique Arciniegas, ex presidente de Cotelco y uno de los abogados con mayor trayectoria en temas turísticos, para conocer su opinión frente al contrato que firman los inversionistas con Costa Caribe. Dijo que “es un documento atípico, que genera una serie de incertidumbres. No se puede asegurar si con quien se hace el contrato es solvente ni si se pueden exigir los derechos”.

Rodríguez acepta que es un contrato sui generis, pero es enfático al afirmar que “no somos unos aparecidos ni estamos improvisando. No somos testaferros de nadie. No tenemos vínculos con personas indeseables”. Asegura que el problema es que han despertado animadversión en el sector financiero por las utilidades que ofrecen.

De las empresas que soportan el negocio de Costa Caribe, sólo la operadora esta inscrita en el Registro Nacional de Turismo. Y a pesar de las sumas que manejan, no están inscritas en la Superintendencia de Sociedades, entidad que vigila todas las firmas que tienen activos superiores a 12.000 millones de pesos.

Ante la posibilidad de que las actividades de Costa Caribe configuraran una captación masiva y habitual de recursos, la Superintendencia Financiera hizo una inspección tanto a la Promotora como a la Corporación de Rodríguez, y conceptuó que ello no es así. Costa Caribe presenta el documento correspondiente como una suerte de certificado de buena conducta.

Es claro que la Corporación Turística Sol Caribe, que no tiene ánimo de lucro y cuya vigilancia corresponde a la Alcaldía de Girardot, es la que concentra el grueso de la actividad del grupo. Pero ni siquiera está inscrita en la Secretaría de Gobierno del municipio. Según Rodríguez, cuando constituyó hace cuatro años esta entidad con su esposa, no había donde registrarla. Y hace un mes, cuando supo de este requisito, inició los trámites. Es decir que en la práctica ninguna autoridad conoce detalles de la operación de este megaproyecto. “Aquí no hay ningún misterio –dice Rodríguez–, lo que pasa es que en nuestro contexto cultural malinterpretan los conceptos novedosos”.