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| 5/9/2007 12:00:00 AM

“No les importó que tuviera siete meses de embarazo”

Esta es la segunda parte de los testimonios sobre atracos enviados por nuestros usuarios.

“No les importó que tuviera siete meses de embarazo” “No les importó que tuviera siete meses de embarazo”
Este segundo grupo de testimonios también tiene como común denominador la impotencia o indiferencia de las autoridades. Y también hay de todo: desde niñas que bajo el efecto de alguna sustancia les hicieron todo el trabajo a los ladrones, hasta una mujer en embarazo que quedó en la quiebra después de ser atracada.

“Mi hermana y yo les mostramos a los ladrones dónde estaban las cosas de valor”
Sucedió hace varios años en casa con mi abuelita. Tres personas (una mujer y dos hombres muy bien vestidos) llegaron diciendo que trabajaban con mi mamá y que la necesitaban. Recuerdo que mi abuela los invito a seguir a esperarla después de que aportaron algunos detalles sobre mi mamá y su trabajo. La mujer pidió permiso para entrar fumando a la casa, pues desde que abrimos la puerta tenía un cigarrillo encendido. Mi abuela aceptó. Entraron y mi abuelita los invito a conocer la casa. Debo aclarar que este comportamiento tan confiado no era usual en ella, me imagino que los ladrones expedían alguna sustancia desde el cigarrillo. Finalmente mi abuelita se quedó hablando con uno de los ladrones en la primera planta de la casa, mientras mi hermana y yo -de 9 y 8 años, respectivamente- les mostrábamos a los otros dos ladrones los sitios donde mi mamá, mi tía y mi abuela guardaban las cosas de valor. Recuerdo mi esfuerzo por atender a los “visitantes”. Mi afán era tan grande, que les insistía en que buscaran dinero en algunos cajones en los que yo creía que mi abuela lo guardaba. Cuando mi mamá y mi tía llegaron de la oficina notaron el desorden y creyeron que nosotras, las traviesas de la casa, lo habíamos revuelto todo. Mi tía grito "¿quién rompió mi marrano de las monedas?". Después de analizar la situación fueron ellas las que nos dijeron que nos habían robado y ni siquiera nos habíamos enterado. No llamamos a la policía, ¿para qué si siempre llegan después de dos horas?
Andrea Salamanca
Zipaquira, Cundinamarca.

“Nos robaron hasta los tenis”
He sido robado muchas veces en mi vida por conductores de bus que no devuelven el cambio del billete, por meseras despistadas, o por el popular conocido que nunca paga. Pero he sido atracado dos veces, ambas por primiparadas. El primer atraco fue hace ocho años en La Calera, cuando mis amigos y yo salimos a caminar por senderos que no conocíamos. No se nos ocurrió que podía pasarnos algo diferente a perdernos y creímos, además, que un grupo de "gomelos" como nosotros pasaría inadvertido. Por ello no tomamos la precaución de llevar ropa más vieja y menos artículos electrónicos. Cuando estábamos a mitad de camino nos robaron hasta los tenis. El segundo atraco ocurrió hace cuatro años cerca de la Universidad Nacional, cuando un “eleno” poco amigable me pidió una colaboración para la causa con cuchillo en mano. Como me encontraba sólo y ya había anochecido, lo único que pude hacer fue “colaborar” y entregar un walkman y 15 mil pesos que me acompañaban. En este caso la segunda primiparada fue caminar sólo en la noche y no estar atento ante cualquier extraño que se acercara demasiado. Moraleja: No dar papaya y denunciar.
Felipe González
Bogotá

“He sido robada seis veces”
He sido robada seis veces en diferentes ciudades del país. La primera vez fue en Medellín, cuando un joven bien vestido que caminaba en sentido contrario me sonrió, y cuando pasó junto a mi saco su garra y me raponeó una cadenita de plata sin mayor valor. Me dejó sangrando el cuello. La segunda fue en la estación de buses en Santa Marta, cuando me sacaron la billetera del bolso. La tercera vez fue en Cali, cuando un ladrón se llevó una cadena de oro barata de un raponazo. La cuarta, en Santa Marta, una cadena un poco mas valiosa. Esa vez el atracador me apuntó a la cara con una pistola y me gritó que me quitara la cadena, la mano le temblaba y parecía estar drogado. No pude encontrar el broche por culpa de los nervios, entonces el atracador se desesperó y también terminé con el cuello sangrando (todos se dejan crecer las uñas para agarrar mejor, supongo). La quinta fue también en Santa Marta, con cuchillo y raponazo. Y la sexta, también en Santa Marta, esta vez en mi cuadra. El tipo me arrancó la cadena y de paso me rasgó la blusa, por lo que terminé semidesnuda. Lo diferente es que esta vez mis vecinos persiguieron al atracador, que se escapó, pero se sacó la cadena de la boca y la tiró al piso. Después de cada uno de estos incidentes no podía escuchar pasos detrás de mi por que me daba histeria. Pero, como ven, nada me servía para dejar de usar cadenas. Casi entro al libro de los Record Guiness.
Rocío Maryott
Santa Marta

“Fue justo en Colombia donde me robaron”

Sucedió el 24 de marzo. Antes de entrar a cine en Salitre Plaza, mi compañera y yo fuimos a un cafecito en la azotea del centro comercial. Al terminar salimos con rumbo a los cines. En cuanto llegamos noté que había olvidado el maletín que siempre llevo a mis espaldas. Me devolví de inmediato al lugar donde estuvimos sentados y el morral ya no estaba allí. Lo triste es que, después de haber recorrido prácticamente todo el Mundo con mi morral (Asia, África y prácticamente toda Europa) y de haberlo olvidado en más de una ocasión, fue justo en Colombia donde me lo robaron. Antes siempre me lo habían devuelto. Pero eso no pasó en Colombia. A mis 65 años creo que este es un país no sólo con problemas de hambre física entre su población menos favorecida, sino con una cultura fundamentada sobre costumbres que no tienen que ver con eventuales principios de ética, moral y de decencia.
Jorge Ángel
Suecia

“Me encañonó un hombre con uniforme de Emcali”

En el 2003 me robaron dos veces en Cali. La primera fue en el barrio Salomia, cerca a la Fábrica Nacional de Chocolates, donde compraba el insumo para las chocolatinas que vendía en la universidad como parte de mi sostenimiento. Cuando me bajé del bus un hombre con uniforme de Emcali me encañonó con una pistola y me quitó lo que llevaba para las chocolatinas, por lo que esa semana no tuve qué vender. La segunda vez fue dentro de un bus cuando iba a la casa de mi novia, a eso de las 6:30 de la tarde. Cuando pasábamos por el barrio Mariano Ramos se subieron dos señores que cinco minutos después sacaron un revólver y un cuchillo y comenzaron a quitarnos todo. Un joven que estaba a mi lado fue el más perjudicado, pues le quitaron todo el dinero de un mes de trabajo. Yo perdí mi reloj y unos tenis.
(El autor pidió mantener su nombre en reserva)

Me robaron cuando iba al colegio

Fui victima de tres atracos en Palmira en menos de 18 meses, cuando iba al colegio. El balance: tres bicicletas todo terreno y un par de zapatillas Adidas robadas. Afortunadamente en los tres casos no he resultado lesionado porque no ofrezco resistencia. Pero luego del tercer atraco no quería ni salir a la tienda por miedo de que me fueran a robar otra vez. Ahora camino más seguro, ya no soy el ingenuo de antes y no doy tanta papaya en un país inseguro y peligroso en algunos sectores.
Luigi
Palmira (Valle)

“El conductor de bus fue testigo de todo”
Fui atracada en un bus que tomé en la Avenida El Dorado con carrera 38, saliendo de mi oficina. Ese día me ubiqué en el puesto que da a la ventana y no alcancé a guardar mis anillos, reloj y demás -como siempre hago-, porque un sujeto se me sentó al lado, me sacó un arma blanca y me quitó todo. No se si las pocas personas que iban en el bus se dieron cuenta, pero el conductor sí fue testigo de todo.
Gina Moreno
Bogotá

Me robaron mi portátil en Transmilenio
El viernes 13 de abril tomé un bus de Transmilenio en la estación El Virrey. Allí mismo se subieron 3 mujeres y 4 hombres que empezaron empujar de una manera impresionante. Una de estas mujeres se hizo frente a mi y empezó a decir que no la empujara que estaba embarazada, mientras tanto, en medio de los empujones, sus cómplices me abrieron el maletín, sacaron mi portátil y lo volvieron a cerrar. Se bajaron en la siguiente estación, pero alcancé a darme cuenta del robo cuando ya estaba abajo, por lo que hice el denuncio en la siguiente estación. Entonces la policía acudió a revisar a los pasajeros y a pedir papeles. La reacción de varios de los ocupantes fue protestar por la demora. Los policías trataron de llamar a las otras estaciones pero nada se pudo hacer.
Camilo Parra
Bogotá

“Me dijo: ‘saque la billetera y si tiene plata lo chuzo’”
Me llamo Cesar y tengo 20 años. Fui asaltado con un cuchillo de aproximadamente 15 cm de largo, no quiero exagerar las cosas, pero es mi versión. El viernes 30 de marzo me fui a tomar cerveza con unos amigos. Cuando eran como las once de la noche decidí irme para mi casa porque no tenia mas plata. Tomé un taxi con unos compañeros que iban hacia el norte, yo me quede en la Avenida Boyacá con calle 68 (debajo del puente), para poder tomar transporte en la calle 68. Esa fue mi condena. El tramo que conduce hacia el lugar que me dirigía estaba bastante oscuro y desolado. De repente, un “man” salió de un callejón y yo me “timbre”, no pensé en devolverme y lo único que hice fue seguir corriendo hacia la 68, pero el “man” me cerró y me tiró al piso, de una, no se cómo. Él también se cayó. Al pararnos el sujeto sacó el cuchillo y me empezó a insultar. Me decía que me callara, que me iba a chuzar, que le diera la plata. Yo le di lo que me quedaba, y me dijo que se la diera toda, yo le respondí que no tenía más. Entonces me dijo: “saque la billetera y si tiene plata lo chuzo”. Entonces yo la saqué, pero no me acordaba que ahí tenia la plata de la boleta para ir al Nemesio a ver al Santafecito lindo (había clásico). Pero él no se dio cuenta, seguramente por la oscuridad y porque estaba muy alterado. Me quitó todo lo demás: el reloj, la maleta donde tenía un libro, una cámara de fotos, y mi cuaderno con todos los apuntes del semestre. También se llevó mi chaqueta favorita, la que me ponía los viernes y la memoria USB que llevaba en el bolsillo. Ya no tenía nada más que robarme. Entonces me dijo que me fuera hacia la Boyacá, aunque yo debía ir a la 68. Le expliqué y el “man” cogió hacia el otro lado, perdiéndose en la oscuridad de ese lugar. Yo también me alejé y cogí el primer taxi que pasó, le hable al taxista con la voz entrecortada, estaba asustado. Llegue sigilosamente a casa y saque la plata para pagar el taxi. No les he dicho a nada a mis papas, pese a que ahora ando sin maleta, reloj y además tengo que reponer el libro.
César Torres
Bogotá

“Estaba muy asustado, no sentía mis piernas”
La noche del 28 de febrero de 2005 iba en mi Samurai hacia mi apartamento en el barrio La Castellana. Cuando faltaba media cuadra para llegar me cerró un Mazda 6 gris, se bajaron dos encapuchados, cada uno con un arma. Un ladrón se subió por mi lado, me echó para atrás y me tapó con mi saco para que nadie me viera en la calle. Arrancaron el carro y, según mi sentido de orientación, me sacaron por la Suba antes de Iserra 100. Después de casi 20 minutos de decirles que me bajaran, que el carro estaba asegurado, que se lo llevaran, pararon para pasarme a otro carro. Me explicaron que a ellos les habían dicho que yo llevaba un paquete, que después de requisarlo me lo iban a devolver, que no me preocupara. Después de un rato de dar vueltas pararon y recogieron a otro ladrón, me imagino que fue el que se quedó con mi carro y ya lo había escondido. Yo estaba muy asustado, no sentía mis piernas. Diez minutos después pararon en una esquina y me bajaron. Me dijeron que mi carro estaba a tres cuadras de donde me habían dejado y me devolvieron la billetera. Se quedaron con mi dinero, mi celular y mi reloj. Después de caminar un rato encontré a un celador que me dijo que estaba en las Américas con 68. Entonces tomé un taxi y cuando llegué a mi apartamento llamé a la policía, pero no pudieron hacer mucho. Me dijeron que había pasado bastante tiempo después de lo sucedido y que era muy difícil encontrar el carro porque ya debía estar fuera de la ciudad.
Edgar Ramírez
Bogotá

“Me pusieron el arma en la frente todo el tiempo”
La noche del 12 de diciembre de 2004 llegué a casa de una amiga a recogerla. Apenas detuve el carro en la puerta del edificio aparecieron tres jóvenes bien vestidos con armas en sus manos. Uno de ellos se sentó en la parte de atrás, otro le puso un arma en el cuello a mi amigo, le quitó el reloj y lo bajó del carro. El otro me puso un arma en la frente todo el tiempo, me quitó mi reloj, me bajó del carro y se lo llevó con mi cartera adentro. Enseguida llamé a la policía. No sé si llegaron al sitio del asalto, pues esperé como media hora y preferí ir hasta la Sijín a poner el denuncio. No hicieron absolutamente nada. Mi amigo y yo decidimos no identificar a nadie porque sabíamos que de todas maneras eso iba a quedar en nada y no queríamos dejar nuestros nombres registrados. El carro estaba asegurado, así que en poco tiempo tuve cómo comprar otro. Pero lo triste de la historia es que no pude conducir durante seis meses, y todavía no soporto esperar dentro de un carro, ni siquiera mientras cambia la luz del semáforo. Me aterroriza esperar fuera de mi casa a que me abran la puerta.
Ana Carolina Urueta Rosillo
Barranquilla

“Nadie hizo nada”
Fui asaltada en la calle 68 antes de la carrera tercera, donde opera una banda que roban las carteras de los carros. Me rompieron el vidrio del carro. Nadie hizo nada. Autoridades no hay. Es una banda organizada de muchachos con cachucha y morral que atracan las mujeres en los carros.
Jakeline Ortega

“No les importó que tuviera siete meses de embarazo”
Tenía una droguería muy próspera en Piedecuesta (Santander). Un día llegaron dos atracadores que dijeron estar enfermos. Cuando accedí a atenderlos desenfundaron una arma y amenazaron con asesinarme si gritaba. No les importó que tuviera siete meses de embarazo. Me llevaron hasta el baño y uno de ellos se quedó apuntándome con un revólver. El otro sacó todo lo que pudo de la droguería: medicamentos, dinero, un televisor y mis joyas. A media cuadra lo esperaba su cómplice en un taxi. Todo esto demoró mas o menos 15 minutos, pero nadie fue solidario, nadie denunció, nadie hizo nada por defenderme. Las autoridades tampoco hicieron absolutamente nada, aunque puse el denuncio. Esto para mi fue el inicio de mi desplome económico.
Nelly Basto

“Me robaron adolescentes entre 12 y 13 años”
Me sucedió un sábado por la tarde en la unidad deportiva de Belén, en Medellín, donde había partido muy emocionante. Me encontré con un amigo y me quedé con él hasta que terminó el juego. Al lado de nosotros estaban cuatro adolescentes de unos 12 y 13 años. No les di mayor importancia. Cuando salíamos del lugar nos detuvo uno de estos adolescentes con un revolver y me dijo que me quitara la chaqueta que estaba estrenando y mi reloj. A mi amigo le quitaron el reloj y un radio. Me iban a quitar los tenis pero uno de ellos, que estaba muy asustado, dijo que ya, y salieron corriendo. Nota: cuando lo vayan a robar déjese, porque el atracador está más asustado que uno y se le puede ir la mano.
John Mario Garzon H.
Envigado Antioquia

“Los policías parecían de paseo”
Fui victima de un robo por parte de uno de los bien llamados "desechables" que desde que se acabó el Cartucho deambulan por toda Bogotá. El 12 de Abril, a eso de las 7:30 de la mañana, me dirigía a mi trabajo, en la carera 30 con calle primera paré en el semáforo en rojo. En ese momento un indigente se acercó a mi carro y sin mediar palabra se prendió del espejo izquierdo de mi automóvil y lo desprendió. La gente de los carros no hizo nada. Sólo un conductor de un taxi trato de auxiliarme pero ya era tarde, el semáforo había cambiado de color. El del carro de atrás se dio cuenta de todo pero no hizo nada, ni siquiera pitar. El desechable salió caminando como si nada, mientras tanto, unos policías pasaron por ahí, pero parecían de paseo. El resultado: tuve que comprar un espejo que vale 920 mil pesos en el concesionario, mientras que al desechable si acaso le dieron 10 mil pesos.
Ingrid Garay
Bogotá


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Esta es la primera parte de los testimonios sobre atracos enviados por nuestros usuarios.
 
 
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