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| 9/24/2007 12:00:00 AM

Pastrana agita avispero conservador y revive puja con el uribismo

El gobierno y el partido azul arremetieron contra el ex mandatario, quien en entrevista con Semana cuestionó el proceso con los paramilitares. Pastrana se ratifica y dice que ni oye ni le responde a familiares de los narcos.

Pastrana agita avispero conservador y revive puja con el uribismo El ex presidente Andrés Pastrana revivió este domingo sus viejas diferencias con el presidente Álvaro Uribe, cuyos gregarios salieron un día después a defenderlo.
La pelea entre el ex presidente Andrés Pastrana y el uribismo está cazada hace rato, pero llevaba tiempo silenciada. Lo último que se supo sobre ella tuvo que ver con alguno de esos regaños sin respuesta que el presidente Álvaro Uribe suele darles a sus contradictores cada vez que mira por el retrovisor el tema de la seguridad en el país. Pastrana llevaba rato en silencio, a la espera del mejor momento para contragolpear, hasta que decidió irse al ataque en entrevista con Semana publicada este domingo.

El ex mandatario conservador respondió de manera extemporánea una que otra acusación de Uribe y hasta cuestionó la posición del conservatismo frente a la situación del país: Que la negociación con los paramilitares es la legalización de los narcotraficantes; que la seguridad democrática es lo que es gracias al proceso de modernización de las Fuerzas Militares emprendido por su gobierno; que sin el Plan Colombia, gestionado por su administración, Uribe tampoco habría podido avanzar militarmente; que el mandatario actual le debe una explicación al país porque prometió acabar con la guerrilla en 18 meses y lleva cinco años sin lograrlo; y que al autorizar la mediación venezolana para el intercambio humanitario Uribe está delegando responsabilidad constitucional para evitarse el despeje solicitado por las Farc, pese a que despejó Ralito a los paramilitares.

La arremetida de Pastrana fue inmediatamente contestada por dos de los principales defensores del presidente: El asesor José Obdulio Gaviria y el ministro del Interior, Carlos Holguín. El primero calificó las opiniones de Pastrana como un “sartal de sandeces”, mientras que Holguín cuestionó la “falta de objetividad” de Pastrana para referirse a temas como el despeje militar. Mientras Gaviria cree que las palabras de Pastrana son para “desternillarse de la risa”, Holguín sostiene que es una lástima que el ex mandatario haya escogido “el camino equivocado”.

Pero los adjetivos de los funcionarios gobiernistas no hicieron retroceder a Pastrana, quien este lunes se ratificó en lo dicho y agregó sobre el asesor Gaviria que “no leo ni oigo al primo hermano de mi secuestrador, Pablo Escobar Gaviria”. En efecto, Gaviria es primo del extinto capo que en 1998 ordenó el plagio de Pastrana, entonces aspirante a la alcaldía de Bogotá.

La estrategia de Pastrana

¿Qué busca Pastrana con esta sorpresiva reaparición en la política nacional? Es innegable que está tratando de reposicionar su imagen y no parece coincidencia que lo haga en momentos en que comienza a moverse la baraja para las elecciones presidenciales de 2010. Su regreso a escena coincide con los movimientos de reorganización del Polo Democrático Alternativo y el liberalismo, y con las especulaciones uribistas sobre una eventual segunda reelección presidencial.

Al igual que hace nueve años, cuando derrotó a las encuestas que le daban una de las imágenes menos favorables para la Presidencia, Pastrana intenta reencaucharse. Y esta vez lo quiere hacer reivindicando sus obras de gobierno, especialmente el manejo de la economía (que evitó crisis bancarias como las que llevaron a la ruina a varios países de la región) y su fortalecimiento del aparato militar heredado cuatro años después a Uribe.

Ello no significa necesariamente que Pastrana quiera ser Presidente, aunque tampoco se atrevió a descartar ese escenario. Por lo menos busca influir de lleno en la alta política y eso incluye su participación en la decisión conservadora sobre el aval para las próximas presidenciales.

De ahí su pelea con Holguín, el ministro que se apresuró a criticarlo por irse contra Uribe. Desde hace varios años las relaciones entre Pastrana y Holguín no son buenas y ello se debe a que el ex mandatario considera que a Holguín le faltó fuerza para defender la gestión de su copartidario ante los ataques de Uribe al proceso del Caguán. El ala pastranista del Partido Conservador considera que Holguín se apresuró al declarar su apoyo a la candidatura presidencial de Uribe y que tampoco ayudó mucho en la consolidación de aspiraciones serias de ese partido a la Presidencia de la República.

Sin contar al ministro Andrés Felipe Arias, a quien todo el mundo ve como uribista y de todas formas es una figura apenas en formación, no existe en el panorama nacional un candidato joven de origen conservador que se perfile para las elecciones presidenciales de 2010. Las únicas dos cartas que le quedan al Partido son, precisamente, Pastrana y Holguín. El primero, casi tan reducido en las encuestas como cuando lanzó su campaña de hace nueve años, y el segundo jugando a la estrategia de ser amigo del uribismo para beneficiarse de sus éxitos.

Es en este escenario donde se conectan las peleas de Pastrana con Uribe y con Holguín. Se trata de una apuesta arriesgada por cuanto todo aquel que ha desafiado a un presidente con favorabilidad superior al 70% en las encuestas ha salido mal librado. Desde Horacio Serpa, pasando por el Polo Democrático y las fuerzas minoritarias en el Congreso.

Pero Pastrana cree que su pelea es legítima por cuanto él sentó las bases de la política de seguridad aplicada por Uribe y en este sentido, a diferencia de los demás, no se opone a la estrategia de seguridad de Uribe sino que reclama que el éxito de aquel también le pertenece. Eso sí, para establecer diferencia entre ambos acude a la misma estrategia que hace nueve años le funcionó contra el samperismo: Haciendo evidentes sus debilidades en cuanto a vínculos con el narcotráfico, en este caso, debido a que congresistas y funcionarios a Uribe están procesados por la parapolítica. ¿Volverá a salirse con la suya?

EDICIÓN 1888

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