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| 3/14/2007 12:00:00 AM

Por qué es importante la presencia de Gabo en La Habana en la reunión Gobierno-ELN

Gabriel García Márquez está en Cuba para oficiar como componedor entre las partes. Su participación es vital porque el escritor es escuchado por esta guerrilla, el presidente Uribe y también por Fidel Castro. Además, Gabo fue amigo personal de Camilo Torres Restrepo.

Por qué es importante la presencia de Gabo en La Habana en la reunión Gobierno-ELN Gabriel García Márquez, Fidel Castro y Camilo Torres Restrepo.
La presencia de Gabriel García Márquez en La Habana como testigo de los diálogos entre el gobierno del Presidente Álvaro Uribe Vélez y el ELN es buena noticia. Es un hombre apreciado y respetado por las partes y goza de gran aprecio en la isla, por su amistad con Fidel Castro. De hecho, Gabo también fue amigo personal de Camilo Torres Restrepo, muerto en combate.

La amistad de Gabo con Camilo Torres, la máxima figura del ELN y cuya aura se conserva intacta luego de cuatro décadas de haber muerto en sus filas, es de vieja data; se conocieron en los años 40 en la Universidad Nacional, en la Facultad de Derecho, de la cual ambos desertaron; Camilo, para convertirse en sacerdote, y Gabo, para consagrarse al periodismo y la literatura.

Luego de 10 años de distancia y una vez ordenado Camilo como sacerdote, fue este quien bautizó a Rodrigo, el hijo mayor de Mercedes y Gabo, quien así narró este hecho: “Rodrigo, que había nacido el 24 de agosto de 1959 en la clínica Palermo de Bogotá. En familia decidimos que fuera Camilo quien lo bautizara. El padrino sería Plinio Apuleyo Mendoza, con quien mi esposa y yo habíamos contraído desde antes una amistad de compadres. La madrina fue Susana Linares, la esposa de Germán Vargas, que me había transmitido sus artes de buen periodista y mejor amigo.
 
Camilo era más cercano de Plinio que nosotros, y desde mucho antes, pero no quería aceptarlo como padrino por sus afinidades de entonces con los comunistas, y quizá también por su espíritu burlón que bien podía estropear la solemnidad del sacramento. Susana se comprometió a hacerse cargo de la formación espiritual del niño, y Camilo no encontró o no quiso encontrar otros argumentos para cerrarle el paso al padrino.
 
El bautismo se llevó a cabo en la capilla de la clínica Palermo, en la penumbra helada de las 6 de la tarde, sin nadie más que los padrinos y yo, y un campesino de ruana y alpargatas que se acercó como levitando para asistir a la ceremonia sin hacerse notar. Cuando Susana llegó con el recién nacido, el padrino incorregible soltó en broma la primera provocación. ‘Vamos a hacer de este niño un gran guerrillero’. Camilo, preparando los bártulos del sacramento, contraatacó en el mismo tono: ‘Sí, pero un guerrillero de Dios’”.
 
La amistad de Camilo y Gabo se mantuvo hasta que este partió a la guerrilla y su muerte fue sentida por la familia Márquez.
 
Al año de la muerte de Camilo Torres, en 1967, publicó la obra que lo consagró en la literatura universal y lo dio a conocer en todo el mundo, Cien años de soledad; con esta obra ganó el premio de novela Rómulo Gallegos en el año 1972, cuyo importe de 100.000 bolívares, cedió al Movimiento al Socialismo (MAS), grupo político venezolano liderado por Teodoro Petkoff que proviene de una negociación de paz en los años 60, y al Comité de Solidaridad con los presos políticos en Colombia.
 
Incluso a García Márquez y a Enrique Santos Calderón se les considera fundadores de este comité, organización que desde ese año ha defendido miles de presos tanto de la guerrilla colombiana como líderes sociales. Son cientos los presos del ELN a quienes el Comité de Solidaridad con los presos políticos ha prestado asistencia legal y ayuda humanitaria en sus 35 años de existencia.
 
García Márquez, ya en su condición de figura reconocida del boom latinoamericano, movimiento literario en el que los críticos agrupan a las grandes figuras de las letras de esa época, también hizo otro gran aporte al periodismo colombiano.

Fundó, otra vez en compañía Santos Calderón, y de Antonio Caballero y otro grupo de periodistas, la Revista Alternativa, que se constituye en una ventana abierta a todas las voces de oposición al Frente Nacional y que asume con dedicación, el cubrir los pasos de las diversas guerrillas que actuaban en los años 70 y por supuesto que en sus crónicas y reportajes aparecen de cuando en cuando las actividades del ELN.

Por el papel que jugó en esos años, muchas figuras guerrilleras miraban con interés la actividad de la Revista Alternativa, que propugnaba por la unidad de las izquierdas en todas sus manifestaciones, legales y subversivas; estas búsquedas llevaron a un encuentro del joven Nicolás Rodríguez Bautista, ya en el año de 1976 máximo dirigente del ELN, con Enrique Santos Calderón y otras personas de la Revista Alternativa.

De esa charla se informó al detalle a Gabo, quien, según cuentan, miraba con cierta curiosidad a ‘los hijos de Camilo’.

Desde el inicio de los años 70, junto a su amigo Fidel Castro, estuvo pendiente de todos los movimientos armados, y trató desde su condición de periodista y narrador aportar a difundir sus luchas: es célebre su reportaje sobre la muerte de Miguel Enríquez, el principal dirigente del MIR, partido armado de Chile, o su crónica sobre el despliegue de las tropas especiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba en Angola en el año de 1975.

También su solidaridad con los intelectuales del Cono sur que sufrieron el exilio, su permanente actividad de denuncia a los atropellos y vejámenes de la dictadura de Pinochet, sus crónicas sobre las acciones espectaculares del Frente sandinista en Nicaragua.

Igual su estrecha amistad con Fidel Castro y Omar Torrijos y su papel de componedor de amistades entre quienes conspiraban desde sus países y buscaban la amistad y el apoyo, de Torrijos en Panamá y Castro en La Habana es legendaria. García Márquez igualmente consolidó una amistad y vínculos con la dirigencia del PRI en México; con Carlos Andrés Pérez, dos veces presidente de Venezuela; y con los socialistas españoles y franceses. Siempre estuvo atento a ayudar y buscar respaldo para los que llegaron al poder o quienes lo buscaban, y en cada momento de la historia de estas tormentosas décadas de los 70 y los 80 estuvo atento al signo de los tiempos y a jugar un papel de articulador de amistades y de causas compartidas.

Los años han pasado y García Márquez en su ya larga vida ha dedicado parte de sus energías a buscar caminos de entendimiento entre la guerrilla colombiana y los diversos gobiernos que lo han intentado. De hecho, jugó un papel muy importante en el proceso con el M-19, siempre ha estado al tanto de cualquier intento de negociación y ha sido discreto, confiable y efectivo para transmitir mensajes, buscar caminos de entendimiento, conspirar civilistamente y por supuesto que ha contado siempre con el apoyo de Fidel Castro.

Castro, por su parte, siente como una responsabilidad personal el lograr encontrar fórmulas de entendimiento entre la guerrilla del ELN que el ayudó a fomentar en el ya lejano año de 1962 y los gobiernos de Colombia, con quienes poco a poco ha estrechado vínculos desde el restablecimiento de relaciones y que hoy pasan por un extraordinario momento con el presidente Uribe.

García Márquez no llega intempestivamente a este proceso entre el gobierno del Presidente Uribe y el ELN. Fue el que sugirió en mayo de 2004, durante la visita del jefe del Estado colombiano al presidente Vicente Fox, que el gobierno mexicano jugara un papel de facilitador para unos posibles acercamientos y diálogos. Esto llevó a que el embajador Andrés Valencia intentara abrir las puertas a un proceso. En este invirtió 10 meses de consultas, reuniones, construcción de fórmulas de entendimiento, lo cual en su momento no fructificó.

Nuevamente, cuando se inició el proceso de un diálogo exploratorio entre el gobierno colombiano y el ELN, García Márquez estuvo presente, fue en la primera semana de diciembre de 2005 en La Habana y dedicó tres días completos a conversar con el comisionado Luis Carlos Restrepo; con la delegación del ELN, encabezada por Antonio García; con los diplomáticos de Suiza, Noruega y España; con los medios de comunicación; con los garantes de la “Casa de paz”: se le veía radiante, como si estuviera saldando una deuda con la paz de Colombia.

García Márquez, a sus 80 años, asume que puede darles una mano a los ‘hijos de Camilo’ y por supuesto, cuenta con el beneplácito del presidente Uribe, que siente por Gabo, como lo han sentido los Presidentes de Colombia –con excepción de Julio César Turbay– amistad y respeto por el colombiano más reconocido en el mundo.

Son sentidas las palabras del presidente Uribe cuando se refiere a la presencia de Gabo durante estos días en La Habana; “ha estado nuestro Nobel Gabriel García Márquez muy atento a que eso tenga éxito, Dios quiera. Por allá está, esperemos a ver, ojalá”.

De nuevo el gran componedor se juega sus restos, buena noticia para un país que sigue buscándole salidas a la guerra y posibilidades a la paz.

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