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| 8/15/2007 12:00:00 AM

Tras el sismo de Perú, ¿Qué tan seria es la amenaza de un terremoto en Bogotá?

El hecho coincidió con la intensificación de las campañas de las autoridades de la capital que indican qué hacer en caso de un sismo. ¿Por qué? ¿Es inminente una catástrofe por un movimiento telúrico? Semana.com investigó el tema y aquí están las respuestas.

Tras el sismo de Perú, ¿Qué tan seria es la amenaza de un terremoto en Bogotá? Foto: León Darío Peláez
El tema de la posibilidad de un terremoto en Bogotá está en boca de todo el mundo. La situación ocurre por la coincidencia de tres hechos distintos. Primero, el terremoto que sacudió en la noche de este miércoles a Perú –con una magnitud 8 en la escala de Richter y que causó la muerte de al menos 520 personas y heridas a otras 1.600-; segundo, en los últimos días, algunos usuarios han hecho circular rumores sobre la inminente fecha de la próxima catástrofe a través de Internet. De hecho, es raro encontrar a alguien en la red al que no le haya llegado a su email semejante anuncio. Y tercero, la intensificación de la campaña de las autoridades para que las personas tomen conciencia y sepan reaccionar en caso de un sismo.
 
El primer caso produjo dolor en Perú y generó una alerta de Tsunami en las poblaciones de la Costa Pacífica que mantuvo despiertos a los colombianos que habitan en esa región del país.

En cuanto a los mensajes en Internet, se trata de mitos urbanos que al reproducirlos sencillamente generan más alarmismo y confusión entre los habitantes.

Y en el tema de los avisos por los medios corresponden a una campaña de sensibilización de la Dirección de Prevención y Atención de Emergencias. Sin embargo, aquí queda claro que su fin no es encender las alarmas y generar pánico, sino preparar a la ciudad para disminuir los riesgos ante un eventual sismo que pueda afectarla.

De hecho, en la noche de este miércoles tras el terremoto en Perú hubo temblores que se sintieron en edificios altos de Bogotá y de otras ciudades como Cali y Buenaventura.

Pero ante esta suma de factores, en boca de todo mundo están estas preguntas. ¿Qué tan seria es la amenaza de un próximo terremoto en Bogotá? ¿Qué tan grave será? ¿Es inminente una catástrofe por un movimiento telúrico en el barrio donde vivo? Para empezar a resolver estas inquietudes el primer gran interrogante es: ¿Cuál es la verdad?.

Una explicación necesaria

Sismo, temblor o terremoto es un movimiento de la corteza terrestre producido por una liberación de energía. Estos se producen cuando hay desplazamientos a lo largo de las placas tectónicas. El epicentro es el sitio de la superficie donde se localiza este movimiento.

El territorio que hoy ocupa Bogotá se ha visto afectado en los últimos tres siglos por siete sismos de magnitudes importantes: en 1743 y 1785 en el páramo de Chingaza; en 1826 en Sopó; en 1827 en Timaná, Huila; en 1917 en el páramo de Sumapaz; en 1923 en Paratebueno y en 1967 en los Cauchos (Huila-Caquetá).

Casualmente el terremoto del 12 de julio de 1785 dio origen al periodismo. Una hoja volante (periódico Santa Fe) que se le atribuye a Antonio Nariño cuando describe el “terrible movimiento” que sacudió la ciudad de sur a norte.

El primer terremoto que pudo medirse con instrumentos fue el del 29 de agosto de 1917, uno de los más fuertes que se ha registrado en la ciudad. En ese entonces en Bogotá había cerca de 100.000 habitantes, casi 30.000 salieron de la ciudad. Durante 10 días se registraron movimientos telúricos. Este terremoto destruyó, casi por completo, la ciudad de Villavicencio. En Bogotá dejó seis muertos y 400 casas derrumbadas, al igual que algunos edificios.

Pero el terremoto más reciente fue el de 1967. En esta ocasión la ciudad ya contaba con cerca de un millón y medio de habitantes. A pesar de que la magnitud fue menor que la de 1917, dejó un saldo de 13 muertos y cerca de 100 personas heridas.
 
La ola de especulaciones 

Hay quienes se atreven a especular fechas de un posible terremoto en Bogotá. En un mensaje en Internet corre el rumor de que entre agosto y octubre se presentaría, debido al cumplimiento de 1.000 años de acomodación de las placas tectónicas. “Eso no tiene sustento científico, las placas están en constante movimiento”, aseguró Fernando Gil Cruz, coordinador de la Red Sismológica Nacional. 

Nadie puede predecir cuándo va a ocurrir un terremoto, sin embargo, debido a su frecuencia en el pasado se estima que en cada siglo se pueden presentan dos o tres de importancia. Según esto, hay una gran posibilidad de que ocurra un terremoto en Bogotá, en el lapso de una vida, pero su fecha exacta no es posible determinarla. 


Debido a los instrumentos con los que ahora se cuenta, y las investigaciones adelantadas, algo que sí es posible medir es la magnitud que puede tener un terremoto. Luego de identificar las fuentesp o fallas, que son los sitios de donde provienen los movimientos internos, y de determinar cómo es el movimiento de una falla geológica se puede anticipar el grado o escala. Para esto también se tiene en cuenta la historia de los sismos.

Bogotá se encuentra en una zona de amenaza intermedia, y de acuerdo con las distancias de las fuentes, “existe la probabilidad de que un sismo esté entre los 6 y 7 grados en la escala de Richter”, explicó Gil.

Riesgo y vulnerabilidad

La Bogotá de hoy difiere de la Bogotá de 1967, y mucho más de la ciudad de 1917. La población ha aumentado a la par con el área urbanizada. Hoy Bogotá cuenta con 6.778.691 de habitantes, de acuerdo con el censo de 2005. Su crecimiento ha sido más de cuatro veces en relación con la cantidad de habitantes que había en el momento del último terremoto.

Por esta razón la posibilidad de que ocurra un sismo en la ciudad obliga la pregunta: ¿Cuál es el riesgo o las consecuencias que tendría un sismo fuerte en la ciudad? Este se mide teniendo en cuenta el grado de amenaza y el nivel de vulnerabilidad. Es decir, el riesgo depende de la posibilidad de que ocurra un terremoto importante y del daño potencial que éste pueda causar.

La ciudad tiene un riesgo sísmico elevado. Esto se debe, en su mayor parte, a cómo ha sido construida. El crecimiento urbanístico acelerado ha impedido que se cumplan a cabalidad las normas sismorresistentes.

Ómar Darío Cardona Arboleda, asesor internacional en Gestión de Riesgos y ex presidente de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica, explicó que esto se debe por un lado a que el primer código de construcciones sismorresistentes se empezó a aplicar en Colombia a partir de 1984, cuando la ciudad ya presentaba niveles altos de construcción informal, y por otro, porque la construcción ilegal sin ningún tipo de normas en los barrios más pobres, ha venido en auge en las últimas décadas y todos los días aumenta.

Después de esa fecha la ciudad ha continuado creciendo. Algunos barrios han sido construidos de manera inapropiada y algunas edificaciones atienden, en los planos, los requisitos de las curadurías, pero como no existe un efectivo sistema de verificación o control urbano, hay quienes incumplen las normas en el momento de la ejecución de la obra. Según estudios realizados para la CEPAL y el BID cerca del 81 por ciento de las edificaciones de la ciudad no cumple con normas sismorresistentes, eso equivale al 69 por ciento del área construida. Si se estima en términos económicos, equivale al 60 por ciento de la ciudad.

”Eso no significa que con un terremoto pueda dañarse todo ese porecentaje. La pérdida máxima probable puede ser entre el 10 y el 15 por ciento, con un gran terremoto”, dijo Cardona.

Tomar conciencia de los desastres

Otro tema que debe contemplarse es el de la vulnerabilidad fiscal. Algunas ciudades grandes toman mucho tiempo para reponerse de un terremoto debido a la falta de previsión. Mucha de la infraestructura pública de América Latina no está asegurada, porque no se tiene conciencia de la posibilidad de los desastres. De manera que cuando ocurren, toman por sorpresa a un país y la sostenibilidad fical puede irse de bruces ante una crisis.

Una política económica preventiva del riesgo implica un análisis financiero, tener fondos de reservas y asegurar el inmobiliario público (edificios, vías, puentes, redes, etc.). Uno de los indicadores que se tiene en cuenta para esto es el Índice de Déficit por Desastre (IDD). Éste mide la capacidad económica de una país para responder ante un desastre tomando en cuenta el más grave que pueda ocurrir. Una investigación realizada para el BID indicó qué en 2000 Colombia tenía un IDD de 5,4. Lo que quiere decir que para esa fecha, en caso de un gran desastre, la capacidad económica para recuperarse estaba limitada a una quinta parte del valor del desastre. La pérdida en dólares evaluada en el 2000 hubiera sido de más de 20 mil millones de dólares.
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“Es necesario tener una política de prevención, hacer que se cumplan las normas, tener créditos negociados y asegurada la infraestructura”, indicó Cardona.

Esto es en materia económica. Otro tema es la vulnerabilidad social. Esta depende del nivel de percepción que la gente tiene sobre un desastre. En Colombia la vulnerabilidad social es alta debido a la pobreza, desinformación y falta de educación en el tema. En países cuyas amenazas son constantes hay una conciencia mayor del riesgo. Por eso en Kobe, Japón, hace tres años hubo un sismo de 7,5 grados y sólo hubo 55 heridos y ningún muerto.

Para Diana Marcela Rubiano, directora de la DPAE (Dirección de Prevención y Atención de Emergencias de Bogotá), uno de los problemas más cruciales en la percepción social del riesgo es la falta de memoria: “Desafortunadamente olvidamos con mucha facilidad lo que ha ocurrido en el pasado, experiencias de las que podemos aprender”.

La iniciativa de la Alcaldía

Preocupados por el tema, la Alcaldía de Bogotá junto a través de la DPAE, ha diseñado una campaña para sensibilizar a los bogotanos respecto del tema: “Con los pies en la Tierra”. Pese a que en un principio la reacción de mucha gente fue de miedo, poco a poco las dudas se han ido disipando, pues lo que busca la campaña es prevenir. Todo con el objetivo de disminuir el nivel de riesgo.

A la campaña se han unido varias instituciones interesadas en el tema de la prevención de desastres. Esta incluye estudios de vulnerabilidad sísmica, charlas en todas las localidades de la ciudad, cuñas radiales, propagandas televisivas y una página en Internet, donde la gente puede aprender sobre los sismos y prepararse con las “seis jugadas maestras”, como se llaman las recomendaciones más importantes. También se adelantan tareas de refuerzo de un número muy amplio de escuelas, hospitales, puentes, estaciones de bomberos, entre otros.


“Son pequeñas acciones que buscan disminuir el riesgo. Es la primera vez que la ciudad se informa y prepara ante la posibilidad de un sismo. Queremos que la gente sepa cómo actuar antes, durante y después”, dijo Rubiano. Todo para hacer justicia del adagio que dice que “es mejor prevenir que curar”, y sale más económico.
 
Y es que todo lo que pueda hacerse en prevención es útil. Ya lo dijo en la noche del miércoles el presidente de Perú, Alán García: “Hay que dar gracias a Dios. Por la magnitud, la situación hubiera podido ser peor en número de víctimas. Nuestro país debe estar preparado, con más educación y desarrollo, para cuando se vuelva a presentar un hecho como este”.


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