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| 6/6/2004 12:00:00 AM

"Un homenaje al mundo Maya"

El fotógrafo francés Miquel Dewever-Plana, aficionado a la cultura indígena americana, decidió recorrer con su cámara territorios desconocidos y mostrar el olvido y la situación en que viven los últimos pueblos mayas. Hace poco lanzó el documental Ser mayas, producido por la Fundación Photographic Social Vision, una recopilación de sus años de trabajo que además incluye la lucha a favor de los derechos de los indígenas. La periodista Marcela Ospina habló con él.

"Un homenaje al mundo Maya" "Un homenaje al mundo Maya"
Miquel Dewever-Plana empieza estudios de bioquímica, pero un viaje a América Latina le hace olvidar los laboratorios. En 1990 conoce en México varios campamentos de refugiados mayas guatemaltecos y decide involucrarse a favor de los derechos de los indígenas. Desde hace 15 años este fotógrafo francés de origen catalán recorre los territorios poco conocidos de las Américas indígenas. Sus fotos hablan de la lucha silenciosa y sutil que llevan los pueblos olvidados por esa historia oficial de los vencedores. Esa compenetración con el mundo indígena se plasma en el libro Mayas, publicado en 2002 por una editorial francesa. El compromiso de Miquel lo lleva a iniciar un reportaje sobre los lacandones de Chiapas, último pueblo maya de los bosques, microsociedad de 1.000 personas forzadas a la sedentarización en los años 70 y confrontadas a la deforestación brutal en su territorio. Su último reportaje se desarrolla alrededor de las exhumaciones practicadas por los antropólogos forenses para identificar los cuerpos de las víctimas del genocidio perpetrado por el ejército guatemalteco en los años 80. Una valiosa recopilación documental de estos años de trabajo podrá verse el 26 de mayo en Barcelona, en el audiovisual Ser mayas, producido por la Fundación Photographic Social Vision.

Marcela Ospina: A lo largo de esta convivencia con los indígenas, ¿cómo ha evolucionado la relación entre un fotógrafo extranjero y la comunidad?

Miquel Dewever: Todo nació de un encuentro que tuve en México, en Chiapas, con los refugiados guatemaltecos que en su mayoría eran de origen maya. Tuve la gran suerte de poder vivir varios meses con ellos en sus campamentos de refugiados. Fue un choque cultural: yo, viniendo de un mundo bastante privilegiado, y viendo que otros vivían experiencias muy dolorosas. Ellos me abrieron las puertas de su mundo para que yo pudiera entender lo que había ocurrido en los años 80 en Guatemala.

Marcela Ospina: Las fotografías de las exhumaciones de las víctimas de la guerra civil en Guatemala forman parte de un trabajo inédito. ¿Este reportaje busca esclarecer el pasado y ayudar a la reconciliación en Guatemala?

M.D.: Se supo muy poco del conflicto armado en Guatemala, aunque fue el más terrible en toda América Latina. Fue muy poco mediatizado por los medios de comunicación. Todavía hoy no me explico el porqué. Si tenemos que hablar de víctimas, no tiene nada que ver con lo que ocurrió en los otros países de América Latina. Lo que ha sucedido en Guatemala es un genocidio reconocido como tal por la Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala. El gobierno y los militares siempre se negaron a aceptar que hubo un genocidio, que hubo masacres. Este trabajo quiere demostrar que sí hubo todas esas masacres que dejaron más de 250.000 muertos, que hubo víctimas; y si hubo víctimas quiere decir que hay culpables, y si hay culpables la justicia tiene que hacer su trabajo. Esperamos que a través de personalidades como Rigoberta Menchú o Rosalina Tuyuc y con el nuevo gobierno que tomó el poder en enero de este año habrá la posibilidad de ajusticiar a los responsables de todas estas masacres, como Ríos Mont, que tuvo el cinismo de presentarse una vez más a las elecciones presidenciales este año.

Marcela Ospina: Este tipo de trabajo es posible gracias a las comunidades indígenas, pero también a otras entidades. Quienes han colaborado para que este reportaje sea una realidad?

M.D.: El hecho de que esté trabajando desde hace más de 10 años en Guatemala hace que las organizaciones y algunos líderes indígenas me conozcan, lo que me facilita los contactos con las comunidades; pero en el caso de las exhumaciones fue a través de las instituciones de antropólogos forenses que trabajan en esto. Yo no quería seguir su trabajo, sino seguir a los familiares en la búsqueda de sus muertos. Dentro de las mismas comunidades se crearon comités de mujeres, de las viudas, de las que perdieron los hijos; son ellas las que hicieron las demandas frente al ministerio público para que se hagan esas exhumaciones. Fueron ellas a quien yo fui a ver para que me dejaran vivir con esas familias, para darme cuenta de su cotidianidad y para que tengamos el tiempo necesario para tener su mensaje y sus testimonios.

Marcela Ospina:¿Cuál ha sido la reacción de los indígenas mayas cuando les has mostrado tu trabajo?

M.D.: Cada uno reacciona de distinta manera, pero es muy interesante ver la manera en la que enseguida se apoderan del libro como suyo, como un elemento más de su cultura, de su identidad. Incluso, algunos lo están utilizando dentro de la misma comunidad, entre los estudiantes, y cada fin de semana se reúnen y a través del libro fortalecen su propia identidad.

Marcela Ospina: Muchas de sus imágenes reflejan cierto aire de misterio y también reflejan mucha paz y tranquilidad. ¿Esto es un efecto buscado o es algo que se vive cuando estás con las comunidades indígenas?

M.D.: Pienso que es lo que vives, con la condición de que hay que convivir con ellos, con mucho tiempo, con mucha paciencia y tomar el tiempo de entender su mundo. Cuando empecé este proyecto yo había previsto quedarme un año. Visto desde Europa me parecía muchísimo. Al final me quedé cinco años viviendo con ellos, pero era la única manera de tener la confianza de todas esas comunidades y poder plasmar, a través de las fotografías, realmente lo que era el cotidiano y la realidad de ese mundo, y no tener una visión muy etnocéntrica, muy europea de un mundo que no es mío. Por eso, desde el inicio, trabajé con un asistente maya. El me dio una educación, siempre me explicaba su mundo y la forma como uno tiene que relacionarse con este.

Marcela Ospina: En qué difiere su trabajo como fotógrafo en las comunidades de los lacandones con las comunidades mayas de Guatemala?

M.D.: Se puede notar una diferencia importante entre las comunidades de México y Guatemala a nivel de contactos. Es decir, en Guatemala el indígena nunca existió, la oligarquía blanca se apoderó de Guatemala como si fuera una finca y los indígenas sólo sirvieron como mano de obra hasta los años 80, después del genocidio maya. Hoy en día el gobierno guatemalteco ya no puede hacer las cosas sin tomar en cuenta al pueblo indígena, pero es muy reciente. En México fueron muy distintas las cosas. Desde hace 70 años el gobierno mexicano ha tenido siempre el afán de meterse en las comunidades, pero para tener un control total sobre ellos, manipularlos, controlarlos y dividirlos.

Marcela Ospina: ¿Qué viene para el futuro?

M.D.: Con suerte habrá un libro sobre los lacandones, como también uno sobre las exhumaciones en 2005. El trabajo que estoy haciendo hoy lo veo como un homenaje, primero a los muertos que perdieron sus vidas por una guerra que no era la suya al inicio, y también a los vivos, a los familiares de esas víctimas que desde hace 20 años están luchando para que el gobierno y el mundo reconozcan que fueron víctimas, y por ser víctimas se necesita que se haga justicia. Guatemala tiene que enfrentarse a este espejo, y mientras no acepten el pasado nunca van a poder construir el futuro, y pienso muy humildemente que este trabajo tal vez será parte de esta construcción de una nueva Guatemala.

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