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| 6/16/2006 12:00:00 AM

Una fecha para celebrar

Sudáfrica, 16 de junio 1976: hace 30 años la rebelión de los estudiantes de Soweto inició el fin del apartheid.

Una fecha para celebrar Una fecha para celebrar
Desde el 1948, cuando el Partido Nacional de los ultra-conservadores Afrikaners, descendientes de los colonos holandeses, llegó al poder en Sudáfrica y comenzó a poner los cimientos de la política de segregación racial, se adoptó legalmente el desarrollo separado de todos los grupos raciales, divididos oficialmente en dos categorías: los privilegiados blancos, por un lado, quienes monopolizaban el poder y la riqueza económica, y los brutalmente oprimidos “no-blancos”, término inventado por los arquitectos del apartheid que incluía varias razas de segunda y tercera categoría: los negros, quienes formaban la abrumadora mayoría de la población, los mestizos, los hindúes y los asiáticos en general.

Con la creación de zonas autónomas para la población negra y la prohibición de la presencia nocturna de los negros en las ciudades blancas, con la excepción de las empleadas domésticas y los celadores, el régimen de apartheid pretendía asegurar la conservación de la supremacía blanca.

Cuando los estudiantes de la educación secundaria en Soweto, la ciudad satélite de los negros cerca de Johannesburgo, empezaron a protestar el 16 de Junio 1976 contra una de las leyes racistas que les imponía el odiado idioma Afrikáans, lengua de los opresores blancos, como medio de enseñanza en las escuelas de los negros, no se imaginaban que daban inicio a una revolución verdadera y espontánea con tremendo impacto para el futuro de Sudáfrica. Ellos se levantaron para enfrentarse no solamente contra un sistema injusto, sino también contra sus propios padres, quienes se conformaban de una manera servil con su situación inaceptable. Para conmemorar esta fecha, desde 1994, cuando colapsó el régimen racista, el Estado Sudafricano conmemora oficialmente el Día de la Juventud, en honor de los centenares de jóvenes que sacrificaron su vida por la libertad y la democracia.

Hace 30 años, los estudiantes iniciaron la lucha contra un sistema educativo injusto y, a la vez, provocaron una disputa intergeneracional entre padres e hijos, entre profesores y alumnos. Ningún partido político o movimiento de liberación puede reclamar la responsabilidad por ese levantamiento. Fue un evento espontáneo e inesperado, tanto que tomó por sorpresa al todopoderoso Buró de la Seguridad del Estado, que había acabado con la resistencia armada de los movimientos africanos, Congreso Nacional Africano y Congreso Panafricano. Por otro lado, se puede afirmar que la revolución estudiantil fue la culminación de una serie de acontecimientos.

Desde 1948 el gobierno racista venía humillando a las comunidades negras con las medidas inhumanas que estaba tomando. Ellas no estaban en condiciones de protestar porque las medidas de represión eran tan temibles que les había quitado la capacitad de protesta.
Dentro de este contexto de miedo e impotencia política, surgió el líder juvenil Steve Biko, un estudiante de medicina, quien fundó la Organización de los Estudiantes Sudafricanos en 1969. La misión de él y de sus compañeros era combatir el complejo de inferioridad que había penetrado la psiquis de la gran mayoría de sus padres. Su eslogan “Hombre negro, estás solo” se dirigía no solamente al gobierno racista, sino a los adultos africanos también, desarrollando en el camino la “Conciencia Negra”. Por eso, los organizadores de la protesta del 16 de Junio no involucraron mayores de edad por el miedo de que les fueran a disuadir. A las 10.30 a.m. del 16 de Junio de 2006 miles de estudiantes iniciaron la marcha de protesta y muchos más estaban llegando para unirse con ellos. La policía local no pudo contener el río humano que se precipitaba como un tumulto y empezó a disparar contra los muchachos.

El primer joven que cayó muerto fue Hector Peterson, quien apenas tenía 13 años. La fotografía dramática de él, sangrando en los brazos del compañero y con su hermana angustiada a su lado, dio la vuelta al mundo y llegó a simbolizar el sacrificio heroico de la juventud sudafricana. Los disparos indiscriminados mataron muchos más jóvenes mientras en los días y semanas siguientes la rebelión se extendía en todas las ciudades.

La detención y muerte de Steve Biko bajo custodia policial en septiembre del mismo año provocó una nueva oleada de la furia pública negra. Hasta febrero de 1977, la lista oficial de las víctimas sumaba 575 muertos en todas las provincias del país. Era un incendio de llamas gigantescas que se extendió rápidamente y llegó hasta el rincón más distante de Sudáfrica.

Uno de los participantes recuerda que los estudiantes pensaban en realizar una protesta pacífica. Sería, según sus planes, una sorpresa, tanto para las autoridades como para sus profesores, pero no contaban con la violencia. El elemento de la sorpresa se hizo obvio, pero también la magnitud de la fuerza brutal que empleó el régimen racista para acabar con las protestas provocó una serie de reacciones que aceleraron el fin del apartheid en Sudáfrica. Después del 16 de Junio de 1976 nada sería como antes. El gobierno racista comenzó a flexibilizar su legislación y a revisar las varias facetas del apartheid, inclusive la odiada política de educación y toda la estrategia de desarrollo económico basada en los bantustanes.

Apenas trece años después, Nelson Mandela salía incondicionalmente libre de la cárcel, donde pasó 27 años condenado a cadena perpetua. Las organizaciones prófugas de los negros ya se habían legalizado para iniciar la última etapa de la democratización del país. Faltaban las negociaciones, largas y muy duras, para la entrega del poder político, pero el fin del dominio de la minoría blanca era un hecho histórico. El papel cardinal del Congreso Nacional Africano (ANC), la organización más importante, y su firme adhesión al principio de la democracia no racial rindió frutos. Estableció la confianza necesaria para que todos los partidos políticos se reunieran en Johannesburgo entre 1991 y 1993 para poner las bases firmes y justas de la nueva constitución. Las primeras elecciones democráticas se llevaron a cabo en 1994 y resultaron en el triunfo de ANC liderado por el carismático Nelson Mandela, primer Presidente negro de Sudáfrica, cuyo papel ha sido fundamental en unir la nueva nación y sanar las profundas heridas del pasado. El sacrificio de los estudiantes de Soweto ya se había vindicado.

*Ex Embajador de Chipre en Sudáfrica


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