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| 4/13/2003 12:00:00 AM

Una primera Escala en Milán

El programa gubernamental Música para la convivencia, llevó a Milán a un grupo de niños de la orquesta Batuta de Quibdó y de la banda Sinfónica Amadeus de Medellín, para presentarse dentro del marco de la celebración de la asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo, donde demostraron que a pesar de vivir los problemas de la violencia siempre hay un espacio para la cultura.

"Qué me pareció el Duomo de Milán? Pues es igual a la Catedral de Quibdó", responde Tulia, 9 años, y luego sonríe sin dejar claro si lo que ha dicho lo piensa realmente o es solo un chiste. Sus 23 compañeros miembros de la orquesta Batuta de Quibdó caminan detrás de ella, algunos de la mano del profesor Neivo Moreno o de la profe María Cristina, quienes junto al profe Cesar han venido a dirigirlos y acompañarlos. Otros, distraídos, van mirando hacia arriba como todos los turistas que entran a las catedrales góticas europeas.

Es sábado y después de tres días de duros ensayos en el hotel y de un concurrido concierto en la sala de eventos de la Feria de Milán, esa misma donde hace casi un mes se presento Silvia Tcherassi con bombos y platillos, los pequeños músicos de Quibdó (entre 9 y 15 años) y los niños de la banda sinfónica Amadeus de Medellín (entre 14 y 17 años), han decidido tomarse el día para conocer y descansar. Finalmente, esto no es un paseo y ya. Vinieron a mostrarle al mundo lo que hacen todas las tardes después del colegio, y a demostrar que, a diferencia de otros niños de Colombia igualmente golpeados por la violencia, ellos tienen la música como antídoto contra la tristeza, el dolor y la desigualdad.

El viaje a Milán, para algunos desde Quibdó, otros desde Medellín no fue fácil. A parte de la emoción y el ansia de subirse en un avión por primera vez, basta enumerar las escalas: Quibdó, Medellín, Bogotá, Caracas, Madrid, Milán para saber que hasta un viajero experto y curtido habría considerado el viaje devastante. A esto se suma el retardo de los instrumentos que no les permitió ensayar durante los cuatro primeros días. Pero como en los cuentos de hadas, a última hora todo se resuelve y a las 9 de la noche del miércoles 21 de marzo en el hall principal, estaban las dos bandas ofreciendo regalos al presidente del BID, Enrique Iglesias, y entonando ritmos del Chocó, pasillos colombianos y un homenaje a Italia.

Unos minutos antes habían estado todos en un camerino improvisado, poniéndose los uniformes y arreglándose las bufandas para que el nombre de Colombia, bordado en uno de los lados, quedara a la vista. Nerviosos como cualquier artista, hacían chistes, corrían de un lado para otro y se daban ánimo. Cada niño llevando su instrumento, los asistentes a la reunión anual del Banco Interamericano de Desarrollo vieron pasar una larga fila de marimbas, maracas, oboes, clarinetes y saxofones que parecían tener piernas propias, subiendo al segundo piso de la Fiera. Instrumentos conocidos y otros totalmente desconocidos que sirvieron para mostrar Música para la convivencia uno de los programas bandera que el Gobierno colombiano presentó en el marco del encuentro. La creación de bandas y escuelas de música, de acuerdo a estos dos modelos, para generar alternativas en 1.100 municipios del país. Una manera de recuperar valores y hacer presencia a través de la cultura.

Para realizar la idea del presidente del BID Colombia, Luis Guillermo Echeverri fue necesaria la cooperación tanto de la empresa privada como del sector público en cabeza del Ministerio de Cultura. Porque fue igualmente difícil conseguir permisos de salida, pasaportes y visas para niños que en algunos casos no tenían registro civil; como obtener US$100.000 para pagar pasajes, viáticos y transporte de instrumentos musicales. Y todo esto con el fin de mostrar el resultado de las escuelas de formación musical para pedir la cooperación internacional en escenarios como la reunión anual del BID, en donde obtener los $ 10 mil millones necesarios, deja de ser un sueño.

Así dos grupos diferentes, una sección de las escuelas Batuta, que tienen alrededor de seis mil estudiantes de música en todo diecisiete departamentos del país, y la escuela Amadeus, que tiene 3.000 niños en Medellín, cruzaron el océano para mostrar que en Colombia la música une razas, clases sociales y regiones. Estas dos escuelas han sido ejemplo de convivencia porque reúnen pequeños de distintos orígenes en un escenario en donde todos son iguales. Y esto se vio claramente en Milán, donde la solidaridad y el compañerismo se hizo presente incluso cuando uno de los muchachos se perdió en el aeropuerto. Algunos vienen de zonas muy deprimidas y en sus historias personales hay episodios directos de violencia por parte de grupos armados, como el caso de algunos niños que perdieron sus padres en la toma de Bojayá hace menos de un año. Pero no todos tienen la misma historia para contar, y mucho menos hacen gala de esto cuando entonan sus instrumentos con la seriedad y el profesionalismo de quien estudia música al menos dos o tres horas al día desde los 9 años.

Las dos orquestas y cinco profesores recorrieron Milán, Trieste y Lugo. Cerraron su pequeña gran temporada ante el presidente de la región Lombardia, es decir el gobernador de esta región de Italia, Roberto Formigoni en el aula Magna del la Universidad Católica, la segunda más importante de la ciudad, entonando el himno de Mamelli que aprendieron el mismo día. Le sacaron sonrisas a los circunspectos asistentes a la reunión del BID; se tomaron las calles de la ciudad, y mostraron su capacidad de rápida integración cuando al encontrarse con un Senegalés que caminaba tambor en mano por el centro del Castello Sforzesco (el castillo de la familia Sforza, hoy un centro turístico) decidieron demostrar que la música une continentes y sin ninguna vergüenza le quitaron su tambor y entonaron la canción del Profe Nervo. Así sin saber porqué los asistentes a la marcha por la paz se quedaron tarareando una canción que jamás habían oído en sus vidas: "Yo le dije a Tomasa que moliera el maíz / para que preparara un buen plato'e Birimbí/ ella me contestó que eso no le gustaba/ que era mucho mejor si yo mismo lo preparaba".

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