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Opinión

  • | 1986/02/17 00:00

    ALCALDE QUE CAE NO MUERDE

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Entre los casos de los ex alcaldes Hisnardo Ardila y Diego Pardo existió una diferencia fundamental. Que mientras el primero debía caer necesariamente, el segundo no necesariamente, debió haber caído.
Sin embargo, una hábil campaña política montada en contra del segundo determinó que finalmente fuera descabezado, sin que hasta el momento se sepa con claridad hasta qué punto influyó en ello su filiación política. Dicho de otra forma, a lo mejor una filiación política distinta aún lo tendría montado sobre el potro del poder. Quien sabe...
Pero lo que es al caso de Pardo Koppel no podemos perdonarle algunas reflexiones, comenzando por la de que tanto como su filiación política pudo pesar en su contra el costal de torpezas verbales en las que incurrió tantas veces cuántas intentó explicar su vinculación con el caso de la maleta de Fonseca.
En realidad, cada vez que Pardo abría la boca, parecía asesorado por William Jaramillo. De manera que lo que comenzó siendo apenas un territorio gelatinoso para el recién nombrado Alcalde de Bogotá, se convirtió en una peligrosa arena movediza en la que iba enterrándose paulatinamente, a medida que hacian carrera afirmaciones suyas como la de que la moral y la ética son cuestiones subjetivas, o la de que su vinculación con el caso se produjo por la bendición de un prestante personaje nacional, o la de que el controvertido señor Rodríguez al parecer el verdadero propietario del contenido de la maleta, había sufrido un cambio de modelo, como lo que va de un Ford 57 a un Renault 4 del año 86.
No obstante, Pardo pudo no haberse caído.
El problema, a mi manera de ver, no estaba tanto en si Pardo había rendido o no un concepto pagado, sino más bien en si le habían pagado o no para que rindiera su concepto de una determinada manera.
Y tampoco, como algún candidato presidencial lo sostuvo, en si el concepto había o no perjudicado a Colombia.
Por un lado, la tesis de Pardo sobre que la Super de Cambios no era equivalente a un tribunal gringo parece ajustada a la verdad. Si fuera, en cambio, una mentira, habría poderosas razones para sospechar que a Pardo le pagaron para que rindiera su concepto de una determinada manera.
En segundo lugar, rendir un concepto que perjudique al país no es en sí mismo censurable, siempre y cuando que el testimonio que uno rinda sea de buena fe. Pero si a Pardo pudiera censurársele por haber rendido un concepto perjudicial para el país, habría inmediatamente que censurar también -se me viene él ejemplo a la cabeza- al hermano del actual ministro de Gobierno, que firmó recientemente un laudo arbitral para condenar al Estado colombiano (a través del Icel) a pagarle 1.300 millones de pesos a una compañía extranjera.
Llegamos, finalmente, al meollo, del asunto. Una maleta con 250 mil dólares en efectivo no le permite a nadie pensar que su propietario va a gastárselos en cucas. ¿Debió Pardo Koppel rechazar la invitación a rendir el concepto por cuenta de la inmediata asociación de la maleta con las redes del narcotráfico?
Recuerdo que en el examen de admisión a la facultad de derecho, un profesor de la universidad me preguntó si yo defendería a un homicida, estando absolutamente convencida de su culpabilidad.
Después de pensarlo mucho respondí que no.
El profesor, de inmediato, me dio la primera lección de mi vida profesional: la de que la justicia se hizo tanto para inocentes como para culpables.
A pesar de haber supuesto que la justicia era sólo para inocentes, yo logré pasar el examen de admisión a la universidad.
En cambio Pardo, que asumió la acertada actitud de suponer que la justicia también se hizo para los culpables, perdió el examen de admisión a la política.
Eso demuestra, entonces, que Alcalde que cae no necesariamente muerde...
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