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Opinión

  • | 2019/06/27 13:10

    Álvaro Uribe

    En vez de pedirle que se retire de la política, resulta mejor que sus adversarios lo enfrenten, sin agravios, en el foro de las ideas

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Circula en redes sociales esta petición: “Expresidente Uribe: no más. Disfrute esta etapa de su vida con serenidad. Gócese a sus nietos. Usted ya hizo lo suyo”. La invitación es inútil. El Expresidente goza de envidiable vigor físico e intelectual; tiempo sacará para disfrutar su familia y montar a caballo que son las pocas diversiones que se concede. Es, además, inconveniente si se busca que guarde silencio sobre muy polémicas propuestas de reforma (o contra reforma) que él, al parecer, inspira. La democracia se fragua en el yunque del debate; y se debate con los que piensan distinto, no igual. Stuart Mill decía con acierto que todo aquel que expone en público sus ideas sobre lo que a la sociedad conviene incrementa la posibilidad de que acertemos.

 Recordemos que el Centro Democrático se desarrolló como un partido de oposición al proceso de paz adelantado por Santos. No logró frenarlo a pesar de los esfuerzos gigantescos de movilización popular desplegados de cara al plebiscito de octubre de 2016, los debates posteriores en el Congreso y el triunfo de Duque en los comicios recientes.  Sin embargo, a veces su ala más radical se comporta, sin proponérselo, como si hubiera perdido las elecciones y Duque fuere la continuación de Santos. Por eso su agenda, en alguna medida, está anclada en el pasado: revertir el Acuerdo del Colón es el anhelo que de tanto en tanto se hace explícito, lo cual coloca al actual presidente en una difícil situación pues ha prometido sacar adelante ese acuerdo, aunque con algunos retoques. (Cuáles sean ellos, luego de la derrota de la objeciones a la ley estatutaria de la JEP, y que factibilidad tengan, es asunto pendiente).

 Mencionemos también que la ambigüedad del CD con relación al Gobierno se inició desde el momento mismo de la posesión del nuevo presidente. Su discurso marcó un agudo contraste, en las ideas y la visión del país, pero más aún en el tono, con el pronunciado en esa misma ocasión por el Senador Macías quien en esa ceremonia debió hablar, y no lo hizo, a nombre de todos los congresistas. Oyéndolos muchos nos preguntábamos si esa discordancia era deliberada, lo cual supondría una postura cínica del joven mandatario, en la que yo no creo, o una temprana demarcación de territorios: te hemos elegido, sí, pero quien gobierna es el partido.   

 Estos problemas de sintonía son visibles en el ámbito económico. Fue el CD quien tomó la iniciativa de hundir la extensión del IVA a todos los bienes que integran la canasta familiar; por esa vía se habrían introducido mejoras en la equidad fiscal, algo que Colombia necesita, y obtenido un gran impacto en el recaudo. A esa alternativa deberá regresar un futuro gobierno, solo que disponiendo su aplicación gradual. En el Plan Nacional de Desarrollo se adoptaron, con apoyo uribista, aranceles a las importaciones de textiles y confecciones que, al margen de su inconveniencia, violan flagrantemente la Constitución, que asigna esa competencia al gobierno, y desconocen tratados de comercio, varios de los cuales fueron negociados en épocas de Uribe. Por último, tenemos el duro hueso que constituye la prima adicional de servicios a los trabajadores de bajo ingreso propuesta por el propio Expresidente, a la que el Gobierno se opone, con sólidas razones, por el demoledor efecto que ella tendría en el empleo formal. Cómo se defina esta cuestión en la próxima legislatura servirá para confirmar que Duque empuña con firmeza el timón de la política económica; tal ha sido la tradición colombiana y la razón de la credibilidad de la que siempre ha gozado. Para consolidar esta regla básica, la posición de Uribe será esencial.      

 Y así llegamos al contencioso sobre el Estado de Opinión que el Expresidente y sus alfiles de nuevo movilizan. Ya se había agitado esta cuestión en el 2009 cuando se intentaba abrir el camino para un tercer mandato presidencial en línea, propuesta que la Corte Constitucional dejó sin piso. La cuestión, hoy como ayer, consiste en si esa noción, que la Carta Fundamental de Colombia no menciona, es o no constitucional. Por el contrario, si se tratare de suscitar el tipo de movilización popular que antecede a los procesos de cambio institucional a través del Parlamento, un referendo constitucional, o una asamblea constituyente, que son las opciones a nuestra disposición, no hay nada que objetar.

 Otra sería la situación si el objetivo consistiera en promover la idea de que las instituciones se encuentran en crisis, y que ésta únicamente puede ser resuelta mediante una convocatoria directa al pueblo soberano sin ataduras de ningún tipo. Así es como se gestaría una revolución de la que emergería un nuevo orden político y jurídico, que, sin duda, serviría para desembarazarnos del Acuerdo con las Farc, y, de paso, de la Carta de 1991. La discusión es relevante. El actual Senador Uribe es uno de los protagonistas en esa conversación.

 Mi invitación, entonces, es la contraria: no se retire usted, señor Expresidente, su partido lo necesita para que le aporte luces en los complejos tiempos que corren. Tiene Colombia unos debates ideológicos abiertos de enorme magnitud para afrontar los cuales su opinión es importante. Además, quizás le tocará en el corto plazo aceptar que el CD no es el partido del gobierno, sino el componente mayoritario de una alianza que es indispensable para fortalecer al presidente que ayudó a elegir.

Briznas poéticas. Franz Kafka nos deslumbra con un breve aforismo: “Su cansancio es el de un gladiador después del combate, su tarea ha consistido en encalar un rincón de un despacho oficial”.

 

 

 

 

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