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Opinión

  • | 2020/02/12 11:00

    ¿Andenes en Bogotá?

    ¿Qué concejal de Bogotá se atreve a presentar el proyecto de acuerdo ordenando reparar los andenes de Bogotá vía valorización? El que lo haga, sin duda, será el concejal del año y claramente la ciudad lo recordará por haber logrado armonizar al ciudadano con su ciudad.

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Algún día hablando con un urbanista español cuyo trabajo se ha centrado en el desarrollo sostenible de la ciudad de Barcelona, me llamó la atención cómo en su concepción académica y técnica interpretaba los roles de los andenes o aceras y los relacionaba íntimamente con el desarrollo de las urbes e incluso de la civilización europea, pues son estos, los corredores naturales en donde se desempeña la vida cotidiana de la sociedad, lugares por antonomasia de la vida urbana, y claramente su cuidado, limpieza y desarrollo son sinónimo de desarrollo o subdesarrollo.

Es así como en los países industrializados, las aceras son pasarelas de tránsito peatonal organizado y sincronizado, basta con contemplar los Campos Elíseos en París, a eso de las cinco de la tarde, lugar en donde coinciden miles de transeúntes y en donde tranquilamente pese al aforo, gracias a sus dimensiones y a su planeación urbanística el traumatismo para el peatón es casi nulo. En los países industrializados la vida del ciudadano se desarrolla en medio de los corredores naturales de desplazamiento o de movilidad: calles, avenidas, vías férreas, sistema de metro y obviamente las aceras, las cuales como acá señalamos, son corredores perfectamente habilitados para el uso de bicicletas, patinetas eléctricas y para los peatones, en donde todos confluyen en tranquilidad, limpieza y condiciones de dignidad y calidad, en donde los ciudadanos en condición de discapacidad que deben utilizar sillas de ruedas o los padres que desplazan a sus pequeños en coches o carriolas tienen garantizada la plena movilidad e interconectividad con los respectivos servicios de transporte masivo.

En ciudades como Denver, en el Estado de Colorado, Estados Unidos, la población en situación de discapacidad tiene garantizado un acceso total para su sistema de metro, así mismo la ciudad de Berlín, capital de Alemania, consiguió en el año 2013, el título a la mejor ciudad accesible mediante el galardón “Acces Cities Award”, por cuanto modificó progresivamente su sistema de andenes convirtiéndolos en integrador total para la población en sillas de ruedas en su utilización de taxis, buses, tranvías y metro, con una cobertura del 100 por ciento de todas la necesidades de interconexión desde los andenes de la ciudad e incluso obligando a todos los edificios públicos a adaptarse a estas reglas de inclusión.

Salzburgo, Austria, ganadora del galardón a la accesibilidad en el año 2012, adaptó desde principios de la década una política gubernamental en la que la misma población en situación de discapacidad diseñó y estructuró los planes y proyectos para lograr la inclusión de sus andenes a todos los ciudadanos; a su turno Milán, galardonada en el año 2016, más allá de solucionar los obstáculos entre andenes y población en discapacidad, incluyó sus monumentos y mobiliario histórico para el total acceso de estos a través de los andenes.

Con pesar y absoluta frustración debemos reconocer que la situación de nuestros andenes y aceras parece sacada de las imágenes de archivo de principios del siglo XIX, para nadie es un secreto que son contados los lugares de nuestra gran ciudad en donde se pueden encontrar primero uniformidad de altura y adoquinado y segundo; amabilidad con la población discapacitada o usuaria de coches para bebés. Contadas son las esquinas de Bogotá en donde existen rampas dispuestas para facilitar el acceso de las personas que descienden del andén hacia la calle y conectarlas con la otra acera, lo normal en nuestro contexto es que los peatones, personas en sillas de ruedas y padres con sus pequeños en coches, deben sortear incluso trampas mortales, como aquellas que se encuentran con tapas de alcantarillas al bajar del andén o incluso antiguas rejillas de empresas de servicios públicos que actualmente parecen obstáculos sacados de un circuito de competencia a campo traviesa, que los ciudadanos han de sortear con astucia y destreza.

Tuve la oportunidad de trabajar muchos años por Bogotá, fungiendo entre otras como director jurídico del IDU, como secretario de Gobierno, como representante a la Cámara por la ciudad y debo reconocer con frustración que los años pasaron, las décadas se agotaron y el avance en humanizar y civilizar nuestros andenes ha sido milimétrico, esfuerzos fútiles, claro está, iniciativas muchas, pero soluciones de fondo pocas o inexistentes, o acaso alguno de ustedes, estimados lectores, no ha tenido que enfrentar el incómodo e indignante suceso de mojarse las medias por cuanto las lozas de los andenes que se reformaron a partir de los años noventa yacen flojas, acumulando las aguas lluvias hasta cuando el desprevenido peatón las pisa de tal forma, que tanto zapato, como bota de pantalón y medias se ven damnificadas por las insalubres aguas que reposadas, salpican como campos minados en las principales aceras de las arterias bogotanas.

En días recientes caminando como transeúnte descubrí la validez y dimensión de un tema que en Bogotá nunca llamó la atención de alcalde alguno, tal vez Peñalosa lo efectuó en algunas zonas de la ciudad, pero realmente ¿será que alguno de nuestros más recientes burgomaestres habrá hecho el ejercicio de llevar un coche con un bebé por la avenida circunvalar e intentar bajar a la séptima? ¿Alguno habrá tenido que ayudar a alguien en silla de ruedas para desplazarse de la calle 127 hasta la 134 por la acera oriental?  ¿Será que alguno pudo sortear la empinada cumbre de escaleras sin acceso de rampa para coches o sillas de ruedas a la altura del Gimnasio Femenino?

Estas preguntas son ejemplos aislados de lo que todos los días los ciudadanos deben enfrentar, sin referirnos a lugares más escabrosos, por ejemplo, si usted requiere movilizarse del centro comercial Gran Estación al edificio distrital donde funciona la Secretaría de Educación, es muy recomendable que tenga en cuenta llevar por si acaso unas botas pantaneras para lograr esquivar el lodazal que se forma a la altura de la carrilera con cada llovizna, esto sin mencionar ciertos lugares en el centro o en el sur de la ciudad en los que permitimos con la cómplice omisión de las administraciones de turno que los andenes se tornaran en bazares, ferias o incluso almacenes de antigüedades, tornando el andén en una verdadera pista de obstáculos por donde deben contorsionarse miles de peatones que buscan desplazarse de un lugar al otro.

No sé si el mecanismo vía valorización permita que ese sueño se haga realidad pero desde ya anuncio, pagaría lo que me correspondiera con gusto. ¿Qué concejal de Bogotá se atreve a presentar el proyecto de acuerdo ordenando reparar los andenes de Bogotá vía Valorización?  El que lo haga sin duda será el concejal del año y claramente la ciudad lo recordará por haber logrado armonizar al ciudadano con su ciudad.

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