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Opinión

  • | 2019/09/30 16:48

    Antisociales

    Si el antisocial es el que con sus acciones perjudiciales le hace daño la sociedad, no veo mejor palabra para definir a los corruptos, a los que hacen de la plata de todos el engorde de su botín particular.

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En su discurso ante el mundo en la Asamblea de las Naciones Unidas del 24 de septiembre pasado, el presidente Bolsonaro de Brasil dijo sin ruborizarse: “Es una falacia decir que el Amazonas es Patrimonio de la Humanidad, y es incorrecto decir, como afirman los científicos, que nuestro bosque es el pulmón de la Tierra. El Amazonas no está siendo devastado ni consumido por el fuego, como dicen los medios de comunicación mentirosos”. ¿Qué calificativo se le puede poner a esto? ¿exabrupto, despropósito, hijueputada? 

El negacionismo impúdico de Bolsonaro es perjudicial para mí, como miembro de la sociedad global que necesita del Amazonas para ayudarse a respirar. Su discurso es contrario al orden social porque irrespeta al método científico tanto como al sentido común y agrede a la gran selva quitándole la potestad patrimonial. Bolsonaro es un antisocial porque sus actuaciones son perjudiciales para la sociedad y contrarias al orden social que intenta salvar al planeta.

Parece que estamos en temporada de ascensos de los antisociales al poder, como Donald Trump, como Boris Johnson, como toda esa gente que desde los gobiernos y los congresos pone en marcha su peligrosísima capacidad de poner a tambalear la institucionalidad para abrirle la puerta a la sinrazón. 

Como los congresistas del Centro Democrático, que radicaron un proyecto de ley dizque para someter a referendo los fallos de la Corte Constitucional, una manera expedita y radical de acabar con los derechos de las minorías que les estorban, para volver a la reelección, para hacer trizas el sistema de justicia transicional, para llevarse de tajo el Estado de Derecho e imponer el Estado de Opinión. Aunque ese proyecto sea un típico distractor con fines electoreros que seguramente no se convertirá en ley (ni siquiera lo apoya la totalidad de la bancada uribista), es otra evidencia de lo que más anhelan estas personas, a las que les da urticaria el orden social y constitucional establecido. 

Entonces, el término antisocial no solamente es válido para calificar, por ejemplo, a los violentos que en medio de la marcha estudiantil le echaron candela al Icetex. O a los robocop del Esmad que lanzaron lacrimógenos dentro del Hospital San Ignacio. La fuerza antimotines actuó sin fórmula de juicio, sin límite y sin ley, en persecución de los estudiantes de la Javeriana que apoyaban a los de la Distrital en la protesta contra la corrupción en la universidad, y después el ministro de Defensa lo negó todo con una mentira rebuscada, con el mismo cinismo al que ya estamos acostumbrados. 

Algo muy serio falla cuando la respuesta a los que se manifiestan en contra de la corrupción es el uso desmedido de la fuerza, dejando de presente la incapacidad absoluta del Estado para tramitar el peor de sus problemas, la robadera de los recursos públicos. Por eso, si el antisocial es el que con sus acciones perjudiciales le hace daño la sociedad, no veo mejor palabra para definir a los corruptos, a los que hacen de la plata de todos el engorde de su botín particular. Corruptos como los que prendieron la chispa de la protesta de los estudiantes de la Distrital: 11 mil millones de pesos que se perdieron, con los que a los corruptos les alcanzó hasta para pagar por sexo con tarjetas de crédito de la universidad.

Me pregunto si las directivas de la universidad se plantearon la posibilidad de una mesa de diálogo que le permitiera a la comunidad universitaria resolver el asco que produce conocer los detalles del desfalco. Intuyo que la respuesta es no, que los estudiantes no solo no encontraron respuestas a sus preguntas, sino que les mandaron al Esmad que arremetió dentro de las instalaciones de la universidad. Lo que comenzó como la expresión de indignación de los estudiantes contra los corruptos de su universidad, convirtió a la calle en la arena violenta de los antisociales, la exigencia de respeto por la educación pública se volvió un clamor de todas las universidades, públicas y privadas, que siguen protestando en contra de la corrupción y el uso desmedido de la fuerza. 

Y así llegamos hasta donde llegamos, a una situación en la que ni las directivas de la universidad ni la administración de la ciudad supieron o quisieron tramitar una demanda legítima y previsible de los estudiantes, la exigencia de sanción a los corruptos y garantías de saneamiento en el manejo de los fondos de la educación de todos. Y la indignación y el reclamo ciudadano por el manoseo de los corruptos, se volvió un asunto de antisociales.

Coletilla: Como Al Capone que llegó ante la justicia por evasión de impuestos, Uribe llegará el 8 de octubre ante la Corte Suprema a rendir indagatoria por el cargo de manipulación de testigos.

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