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Opinión

  • | 2004/08/22 00:00

    Atenas sin antenas

    Ahora dizque pasan los Juegos en la madrugada, hacia las 3 de la mañana, cuando están dormidos hasta los porteros nocturnos

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Me parece muy educativa la televisión -decía Groucho Marx-, cada vez que alguien la enciende, me voy para el otro cuarto y me pongo a leer". Lo mismo me pasa a mí, al menos con la televisión colombiana. De tan idiota y mala que es, acaba siendo educativa, porque es impotable, imposible de ver para cualquiera que tenga unas pocas neuronas todavía activas. La tele-

visión colombiana no es ni siquiera mala: es grotesca, es una aberración y un insulto a la inteligencia y a la sensibilidad de los televidentes. Las personas religiosas se indignan con el despliegue altivo y orgulloso de los pecados humanos más escuálidos; y los no religiosos no soportamos su vulgaridad, su tontería, su vacuo desfile de vanidades y mala información. Nadie, que yo sepa, está contento. Muchos están resignados, porque el medio de todas maneras entretiene, ayuda a matar el tiempo, pero nada más.

Mientras en Atenas hay una competencia real de relevancia mundial, con los atletas más grandes del planeta, con personas que se han esforzado durante decenios para llegar a niveles de verdadera excelencia en el deporte, aquí nos niegan ese espectáculo, y nos condenan a contemplar competencias absolutamente tontas e irreales, que para burlarse de nuestra inteligencia llaman realities. Que haya realities en todas partes es cierto, pero al menos en esas otras partes pasan también la realidad de los Juegos Olímpicos. Aquí no. Aquí tenemos que resignarnos a las telenovelas interminables, a las sesiones de 'paras' en el Congreso y a los desfiles de modas perpetuos.

Mientras en Atenas corren, saltan, nadan, pedalean, lanzan, pelean, sufren, danzan, gozan, lloran, los jóvenes más berracos del planeta, aquí nos obligan a ver un despliegue de banderas tricolores que acarician las carnes de señoritas en ropa interior. Qué imagen más patética de nuestro patriotismo. Además, las modelos grandes y hasta los modelitos chiquitos (niños) son casi todos rubios, monitos, ojiazules: la perfecta representación estadística de las etnias de 'la patria'. Una vergüenza tras otra, en vivo y en directo. Y una bofetada vergonzante a lo que somos.

Hace cuatro años, ¿recuerdan?, ganó nuestra única medalla de oro en los Olímpicos una negra de apellido Urrutia. Este año nuestra única medalla hasta hoy (19 de agosto) la ganó también una negra, esta vez de apellido Mosquera. Ya verán que también dentro de cuatro años nuestra única medalla la ganará otra negra u otro negro de apellido, digamos, Arboleda. Como ustedes saben, los negros esclavos, en vista de que perdían sus nombres africanos, tomaban el apellido de sus dueños, las grandes familias esclavistas de origen español. Los Arboledas blancos, por ejemplo, en cuanto se abolió la esclavitud aquí, salieron corriendo con su recua de esclavos arriados para el Perú, a venderlos allá como bestias, porque aún en esa parte del continente no habían abolido la aberración. Menos mal que algunos no se pudieron vender, los liberaron aquí, o se volaron, y son los que hoy ganan medallas en Atenas o en Seúl.

Pero volvamos a la televisión. Transmitir la totalidad de los Juegos Olímpicos costaba 800 millones de pesos. La nómina inútil y los avisos sosos de la Comisión Nacional de Televisión cuestan muchísimo más; en vez de tener ahí esas corbatas o faldas que ni siquiera nos saben proteger de los dos monopolios privados que dominan y manipulan la televisión colombiana, al menos Señal Colombia pudo haber comprado esos derechos, como hizo hace cuatro años. Pero no, en lugar de los Olímpicos los televidentes tenemos que tragarnos por el canal público los debates sobre la reelección. Cuál debate, por favor. Ningún congresista cambiará su voto ni ante los más arrolladores argumentos. Cambian el voto por puestos (o resentimientos por falta de puestos), no por razones. Deberían ahorrarnos tiempo y plata. Voten y aprueben esa burrada de una vez, y evítennos el espectáculo inane de un diálogo de sordos.

Los cínicos de Caracol y RCN dicen que la programación de los Olímpicos es muy suficiente. Es la típica actitud mafiosa de quienes se han partido en dos la marrana televisiva: nos someten, de común acuerdo, a horas de programación ridícula de 8 a 11 de la noche (las horas de más audiencia); después nos dan el contentillo de algo menos indigno cuando todo el mundo cabecea. Ahora dizque pasan los Juegos en la madrugada, hacia las 3 de la mañana, cuando están dormidos hasta los porteros nocturnos. ¿Y por cable? Nada, tampoco se puede. ¿Televisión regional? Ni riesgos. Los indolentes de las dos cadenas ni rajan ni prestan el hacha: no prestan un servicio ni permiten que los demás lo presten. Eso pasa cuando la televisión se convierte en un puro negocio y se olvida de que es también un deber público. ¿Colombia globalizada? Qué risa, sólo nos globalizamos en la idiotez, copiando ridículos realities reciclados. Perdonen tanta rabia, pero da ira vivir en un país dominado por mercachifles del entretenimiento y de la información.
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