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Opinión

  • | 1995/11/13 00:00

    BEDOYA, ¿GOLPISTA?

    El General Harold Bedoya es visto como un líder por sus compañeros y como un ídolo por sus subalternos.

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EL GENERAL HAROLD BEDOYA ESTA de moda. Es rara la semana que no aparece por uno u otro motivo en los medios de comunicación, asociado con asuntos que van desde la desmilitarización de Uribe hasta la destitución de su amigo, el general Velandia.
En distintos círculos se habla de la posibilidad de que en el seno de las Fuerzas Militares se esté fraguando un golpe de estado contra el presidente Samper.
La semana pasada, incluso, hubo un gesto de ingenuidad conmovedora de unos reporteros que le preguntaron al general Zúñiga -jefe directo de Bedoya- si se estaba preparando un golpe militar. La respuesta era obvia: ¡no!
Pero, de todas maneras, siempre que se habla de golpe se piensa en el general Bedoya. ¿Por qué?
Harold Bedoya ha sido siempre un militar con un perfil muy especial. Por donde ha pasado ha dejado huella, y en todos los escenarios en que le ha tocado actuar se ha destacado por algún gesto a través del cual se sale del molde.
Como comandante de la IV Brigada de Medellín se volvió la figura de mostrar por sus desplantes hacia Pablo Escobar y sus sicarios, aunque en esa plaza el resultado práctico fue menos exitoso que el de la imagen. Otra cosa distinta fue su paso por la comandancia de la II División del Ejército en Bucaramanga, donde las cifras (en especial las de secuestro) demuestran una labor mucho más efectiva en la lucha antiguerrillera, trabajo que viene desempeñando con igual éxito su reemplazo, el general Bonnet Locarno.
Allá mismo en Bucaramanga, en una ceremonia en la V Brigada, el general Bedoya sorprendió a todo el mundo cuando denunció públicamente a tres obispos de estar vinculados con la guerrilla. La acusación fue temeraria y para algunos injusta, pero se mantuvo el estilo de este general que no es capaz de guardarse lo que piensa y a quien ven con mucha admiración (quien sabe si demasiada) muchos de sus colegas.
Con el géneral Bedoya estamos ante un líder. Hace mucho tiempo que no se presentaba esa figura de una manera tan definida como con este oficial de infantería. Tal vez el general Landazábal fue el último caso parecido a éste, y más atrás el del general Alvaro Valencia Tovar. Aunque el perfil humanista de Valencia sólo permite compararlos en cuanto al liderazgo ejercido en las Fuerzas Militares.
El general Harold Bedoya les recuerda a algunos el talante de un tío suyo, el general Rebeiz Pizarro, quien tuvo una participación definitiva en la crisis del gobierno de Guillermo León Valencia, en la que tomó el liderazgo del Ejército y acabó reemplazando a su superior, el general Ruiz Novoa, cuando se rumoraba que éste iba a tumbar al presidente payanés.
Según los testimonios que yo he podido recoger, Bedoya es visto como un líder por sus compañeros y como un ídolo por sus subalternos. No puedo saber qué está pasando por su mente, pero si la idea fuera la de dar un golpe de estado, serían muchos los militares que cerrarían filas tras èl.
Esto, por supuesto, es especulación pura, y más cuando él mismo ha disipado esta inquietud en forma categórica. Y a la gente hay que creerle.
Esa capacidad de influir entre oficiales y soldados, que desde hacía varios años se había limitado a la obediencia jerárquica obligatoria, puede ser, al contrario, un elemento fundamental de cohesión en estas épocas turbulentas. Los resultados militares en Colombia son muy malos, así se saque la disculpa de que los civiles hablan demasiado con la guerrilla y que desmoralizan o entorpecen sus operaciones.
La cúpula militar de hoy está compuesta en buena medida por oficiales que han hecho carrera en el campo de la inteligencia, y su posición actual no es una casualidad. Sin embargo, este tipo de militares ha mostrado en el pasado lo que se podría llamar una deformación profesional, que consiste en limitar su análisis del país a la lucha contra el comunismo.
Tal visión limita la percepción del panorama global y genera un radicalismo que a veces los lleva a cometer excesos, como se ha visto. Pero el futuro inmediato, visto a través de este general y sus compañeros, va a servir para apreciar en qué grado se encuentra la inteligencia militar.
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