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Opinión

  • | 1997/03/24 00:00

    BORRANDO CON EL CODO

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¡Qué gobierno tenemos! Ofrece, incumple, afirma, desmiente, frena, retrocede, dice una cosa y hace otra. Y al final, la única lógica que preside sus inesperados virajes es la de sobrevivir. Sólo eso. A cualquier precio compra sobrevivencia. Aun quebrando el país e hipotecando su futuro irremediablemente. La semana pasada borró con el codo lo que había escrito con la mano. En el presupuesto de 1997 había previsto que los salarios de los funcionarios estatales no serían aumentados sino en un 13 por ciento. La medida podía resultar severa y aun injusta, pues de hecho significaba una disminución del ingreso real de los empleados públicos, pero tenía al menos un viso de austeridad que parecía corresponder a la emergencia económica decretada. Primer error: subestimar la capacidad de reacción de los vociferantes sindicatos del sector público, siempre acostumbrados a pedir y obtener más y no a recibir menos. Para mantener una promesa de rigor, habría sido necesario un gobierno fuerte y un carácter de hierro como el de la señora Margaret Tatcher y no las coqueterías populistas que han unido desde siempre a Samper y Serpa.El segundo error se parece a las pobres astucias de un mal jugador de póker. Negociar por separado con Asonal judicial, concediéndole a los jueces un alza del 18 por ciento (60.000 millones de pesos), en las narices de Fecode y los voraces sindicatos de Telecom y de los Seguros Sociales, era como apagar un incendio con un chorro de gasolina.Tercer error: en vez de desactivar el paro concediendo lo que tarde o temprano se terminaría otorgando, el gobierno se sometió a una prueba de fuerza en la cual salió perdedor. Su alarde de firmeza quedó convertido en patente debilidad. Se le ocurrió entablar una prueba de pulso con la mano fracturada.Tres errores, pues, sumados a dos vistosas incongruencias. La primera es que, de entrada, lo concedido a los sindicatos (en realidad, algo más de 200.000 millones de pesos) se lleva de tajo buena parte de lo que se esperaba recoger con la emergencia económica. Ahí, pese a los recortes en salud y educación y sobre todo a los planes de inversión, se le abre una nueva grieta al déficit fiscal, pues las economías anunciadas quedan demolidas por este chorro inconsiderado de prebendas concedidas a la presión sindical. La segunda incongruencia está representada por los 130.000 millones recortados a los gastos militares. Se le olvidó al Presidente la oferta hecha, luego de la escalada guerrillera, de incrementar los recursos de las Fuerzas Armadas. El vive abriendo huecos para tapar otros. Cede ante quienes desfilan y gritan en las calles y esquilma a quienes arriesgan en silencio su vida sin poder hacer huelga. Pero es que con esta manera de darle al que grita y quitarle al que calla, está comprando melancólicamente su sobrevivencia en el poder y tal vez su continuidad a través de su Ministro del Interior, para quien negociar es simplemente abrir el baúl del tesoro público y repartir dinero sin tacañería. Es un girador y no propiamente un negociador.Los dos, Samper y Serpa, pasan su vida apagando incendios sin poner la casa en orden. El Presidente ha impreso en el gobierno, desde el primer día, el sello de su carácter; carácter cuyo rasgo dominante es una astuta capacidad de improvisar y una flagrante incapacidad de prever. Pues vivimos en el reino de la inmediatez, del equilibrismo, del 'muñequeo', de la gambeta, para desesperación de todo el mundo: de los empresarios, del pueblo raso, de las multinacionales, de los inversionistas, de los militares y de los americanos (que no le creen al Presidente ni el Padrenuestro). El único gordo y contento es D'Artagnan. ¡Y con razón! El poder es para los amigos, dice; y él está recibiendo su tajada.De paso, sacrificando ante los sindicatos de Ecopetrol y Telecom la posibilidad de futuras privatizaciones, el gobierno anula políticas ya tomadas. Vuelve atrás. Es una posición regresiva, reaccionaria ella sí. Prevalece el interés de 10 ó 15.000 sindicalistas contra el de 37 millones de colombianos, que deberán seguir pagando tarifas más altas por los servicios de larga distancia. Se le cierra el paso a la competencia y la renovación tecnológica. Sentado este precedente, mañana los sindicatos de las electrificadoras y de las hidroeléctricas harán paro para evitar privatizaciones. Será imposible privatizar el gas. Pagaremos con más impuestos monopolios estatales burocráticos, ineficientes y costosos. Y al final de toda esta entrega monumental se nos aparece el Presidente en la televisión, fresco como una lechuga, con su traje oscuro y su corbata colorada, con ese rictus de los labios y ese ceño fruncido tan suyos, que le recuerdan a uno al vivo de la clase poniendo cara de inocencia después de una trastada, para presentar el arreglo como un triunfo de la democracia sobre los agitadores neoliberales (sic). ¿A quién se refiere? Cierto: con ayuda de los hermanitos Rodríguez Orejuela, le pusimos la banda presidencial a un humorista, no hay que olvidarlo.
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