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Opinión

  • | 2019/09/03 14:12

    Brotes verdes

    Contrario a lo que se supondría, los datos indican que el aumento en las cifras de desempleo no se debe a una mayor presión de personas sobre el mercado laboral (efecto migración venezolana), sino a menores niveles de contratación.

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La cifra de desempleo de julio que reveló el Dane (10,7%), causó algo de zozobra en círculos empresariales y económicos. La tasa registrada el mes anterior es, en efecto, un punto mayor que la de julio de 2018, y la más alta para igual mes desde 2012. Contrario a lo que se supondría, los datos indican que el aumento no se debe a una mayor presión de personas sobre el mercado laboral (efecto migración venezolana), sino a menores niveles de contratación. El número de ocupados cayó en 191.000 frente a julio del año anterior, y el porcentaje de personas en edad de trabajar que efectivamente lo hace—la tasa de ocupación—bajó del 57,9 % al 56,7 %.

 Sin embargo, los datos globales esconden algunos “brotes verdes”. Las 13 principales ciudades del país, que generan un 49 % del empleo y bastante más del PIB, completaron dos meses de creación neta de puestos de trabajo, después de una destrucción importante entre marzo y mayo. La tasa de desempleo en estas ciudades alcanzó el 10,3 % en julio, registro superior a los de los años pico del último ciclo (2013-2015), pero inferior a los de 2016 (10,4 %) y 2017 (11,3 %) y solo dos décimas mayor al de 2018. El problema principal radica en las áreas rurales, donde en el último año el número de ocupados disminuyó en 147.000, y el desempleo subió de 5,1 % a 6,1 %.

 Cuando se pone el foco en las cinco principales ciudades del país, que representan un 39 % del empleo total, se constatan divergencias importantes. Barranquilla y Cali, que han sido las líderes en la creación de empleo en los últimos cinco años (+123.000 y +134.000, respectivamente), siguen generando puestos. La primera creó 9.000 empleos en los últimos 12 meses y su tasa de ocupación, de 59,6 %, aunque inferior al récord de 60,6 % en 2015, está muy por encima de su promedio histórico. En cuanto a Cali, logró generar 12.000 empleos en el último año, y su tasa de ocupación está en 60,5 %, a 2 décimas de su mayor nivel de este siglo.

 Esto contrasta fuertemente con lo observado en Bucaramanga y Medellín. La situación de la primera en materia de empleo es dramática; perdió 7.000 puestos de trabajo en el último año y 31.000 en los últimos cinco. Su tasa de ocupación se desplomó de 66,7 % (la más alta del país) en 2014 a 59,8 % en 2019, y su tasa de desempleo subió de 7,3 % a 9,9 %, en igual periodo. En lo que refiere a Medellín, el número de ocupados en la ciudad disminuyó en 40.000 en el último año y su tasa de desempleo escaló 1,3 puntos a 12,5 %. Más preocupante aún es que en los últimos cinco años solo ha aumentado en 16.000 el número de empleos, y su tasa de ocupación, de 56,5 %, es de lejos la más baja de las cinco grandes capitales (era de 59,9 % en 2014).

 Las noticias recientes del lado de Bogotá, que aporta el 19 % del empleo de Colombia, son las más alentadoras. Después de haber experimentado una rápida subida en su tasa de desempleo de 8,5 % a 10,8 % entre 2015 y 2017, la capital lleva dos años reduciendo el desempleo, y en ese lapso ha generado 166.000 puestos de trabajo (48.000 en los últimos 12 meses).

 Mirando hacia adelante, hay una buena razón para ser moderadamente optimistas. La Encuesta Ritmo Empresarial, creada por la Cámara de Comercio de Cali, y que se aplicó hace un mes a 5.062 empresas afiliadas a 19 cámaras del país, señala una mayor disposición a contratar personal en el segundo semestre (www. https://www.ccc.org.co/inc/uploads/2019/08/ERE-II-2019.pdf). En los últimos cinco años, esta ha sido un buen barómetro del empleo futuro en Cali. Las expectativas de las empresas consultadas sugieren un aumento de entre 7.000 y 17.000 empleos en lo que queda del año. Los empresarios barranquilleros son casi tan optimistas en este frente como los caleños, y los de Medellín lo son aún más.

     

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