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Opinión

  • | 2004/10/10 00:00

    Camboya, un ejemplo para Colombia

    Tanto en la negociación con los paramilitares como frente a la toma del Palacio de Justicia ha surgido la idea de una comisión de la verdad. Hernando Cáceres explica cómo Camboya ha decidido esclarecer el pasado 25 años después.

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El 5 y el 6 de octubre pasados la Asamblea Nacional de Camboya ratificó el acuerdo firmado con las Naciones Unidas (ONU) para establecer un tribunal con carácter internacional, para juzgar a los líderes de las guerrillas Khmer Rouge responsables del 'genocidio' que les costó la vida a más de un millón y medio de personas, en el régimen pro comunista que instauraron entre 1975 y 1979.

Este tribunal es un gran triunfo para Camboya, para los derechos humanos y para el derecho humanitario. Lo es también para las víctimas del 'autogenocidio', a pesar de haber sido aprobado aproximadamente 25 años después del fin del conflicto.

Aunque es prematuro poder hacer una afirmación contundente sobre lo que significa el comienzo del Tribunal Khmer Rouge (TKR) para la comunidad internacional, y en especial para aquellos países que todavía viven un conflicto armado, se puede rescatar que el paso del tiempo no fue un obstáculo para Camboya a la hora de buscar hacer justicia, lo cual es más que una lección un mensaje de esperanza claro para otros países.

El TKR se muestra igualmente como la más reciente manifestación de la suerte que corren los más grandes violadores de las reglas y de las normas humanitarias reconocidas y aceptadas universalmente, así no hayan sido total u oficialmente reconocidas por el país en el momento en el cual los crímenes fueron cometidos, o así se hayan establecido algunas amnistías puntuales, tal como pasó en Camboya

La entrada por la puerta delantera al club de los países 'más civilizados' dispuestos a encarar los crímenes más graves cometidos en su historia, es decir un cambio de imagen internacional, es también otra de las bondades derivadas del TKR, el cual da una posibilidad a los países que llevan una mancha en su nombre de realizar una 'cirugía estética' para cambiar la cara con que el mundo los reconoce. Debido a este hecho, una gran ola de turistas e inversionistas de los cinco continentes ha sido anunciada, la cual desde ya está generando cambios radicales en la economía y desarrollo del país.

El tribunal significa también la posibilidad para este Estado asiático de ser tenido en cuenta seriamente como candidato a la presidencia no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU durante el periodo 2006-2007. Una gran recompensa hecha a la medida de un pequeño país. Para Colombia y los demás países en situaciones similares queda el precedente de una recompensa dada por la comunidad internacional acorde a la talla y el peso del país al buscar enfrentar responsablemente los hechos del pasado.

Pese a las bondades del TKR, este trae igualmente algunos contrapesos que deben ser tenidos en cuenta por los países que quieran seguir el mismo camino. El primero y tal vez más importante es tener que destapar públicamente un pasado enterrado más por el silencio forzado que por el olvido, del cual muchos temen lo que puede surgir. De forma paralela entre los Estados que apoyan el tribunal, y aquellos que lo quieren dilatar, trayendo consecuencias diplomáticas para Camboya, un país que depende económicamente de las donaciones internacionales.

Otro punto que se debe tener en cuenta es el efecto del paso del tiempo entre la comisión de los crímenes y los juicios, puesto que las víctimas y los victimarios han comenzado a fallecer o están demasiado ancianos para poder participar en tal evento. La memoria, testimonios y muchas de las pruebas se desvanecen día a día.

A una escala más individual, las altas e irrealistas esperanzas de las víctimas que erróneamente creen que todo criminal involucrado en el conflicto será juzgado, o la visión opuesta de los violadores de las normas humanitarias que creen que se escaparán de la justicia son grandes contravientos que Camboya debe enfrentar, pues pueden traer consecuencias inmediatas en el orden público. Vale la pena resaltar que solo se espera que 11 personas, los máximos líderes guerrilleros, pasen al banquillo.

Positivo o negativo, el TKR se presenta como ejemplo y alternativa para los países en conflicto interno que pueden encontrar en él un ejemplos para imitar o de los errores para evitar. Tal como lo declaró a comienzos de mes ante la prensa camboyana el jefe del partido de oposición al gobierno: "Para Camboya ya no es el momento de saber si el tribunal y los tratados son perfectos o no, pues es finalmente el momento de juzgar los crímenes cometidos hace más de 30 años en nuestro país. Ojala otros países puedan pronto llegar a hacer lo mismo".

*Director del proyecto de observación internacional posconflicto.

Fundación Dignidad y Desarrollo

Phnom Penh, Camboya

digdescamboya@cable.net.co
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