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Luis Carlos Vélez Columna Semana
Luis Carlos Vélez. - Foto: JUAN CARLOS SIERRA PARDO

Carta desde el futuro (Parte dos)

Participar, votar, elegir es la única carta de quienes queremos y debemos defender la libertad para nosotros y para nuestros hijos. Después no alcanzará el tiempo para arrepentirse de lo que se pudo hacer y no se hizo.


Por: Luis Carlos Velez

Antes de 1991, Colombia era un país aislado económicamente. Entonces consumir productos importados era cuestión de ricos y un lujo que pocas veces las familias podían realizar. Sin embargo, había una manera efectiva y, además, mucho más barata para mercar accediendo a artículos internacionales: comprar en Cúcuta productos venezolanos.

Recuerdo que entonces, con mi hermana, esperábamos con ansias la llegada a casa de galones de salsa de tomate y mayonesa Heinz, Areparina, Malta Polar y Cocosette, que mi padre adquiría para la familia y nos ponía más cerca a la globalización. El ingreso de las cajas iba acompañado de relatos sobre cómo en Caracas había un centro comercial con marcas internacionales que se llamaba Sambil y una autopista que denominaban “la Cota 100”. Venezuela era el progreso.

Mi colega Idania Chirinos creció en esa Venezuela de oportunidades y logró el estrellato rápidamente como reportera, conductora de noticias de Venevisión y luego como vicepresidenta del circuito de Noticias Actualidad, de Unión Radio. Su trabajo impecable hizo de su cara y voz una marca tan propia, tan venezolana, como los Cocosette que mi papá nos traía a casa. Pero el socialismo del siglo XXI destruyó su carrera, dividió a su familia y, como a millones de sus connacionales, la envió a Colombia a reconstruir el camino recorrido.

A ella, como lo hice con Elyangélica González, le pedí que les dedicara unas líneas a los colombianos, ahora que nos enfrentamos a unas cruciales elecciones. Ella, también a su manera, nos envía una carta desde lo que podría ser nuestro futuro:“

–‘Soy médico anestesiólogo, me gradué en el 2017’.

–‘Soy médico con posgrado en medicina interna, hice también un diplomado en la Universidad de Coro’.

–‘Soy médico con especialidad en traumatología, me gradué en el 2019 en la UCV’.

Y así se fueron presentando, uno tras otro, médicos venezolanos, conversando en un Zoom para compartir experiencias y procesos de homologación posibles. Canadá, Chile, Argentina. Frustración, desencanto. ¡Cuánto talento perdido! Años de estudio que hoy se dedican a oficios honrosos (todo trabajo lo es), pero no acordes con su capacidad. Choferes, vendedores, asistentes de algún profesional. Son quienes corren con suerte.

Eso pensaba mientras escuchaba a mi sobrino participar de ese foro. Historias de la diáspora, de esos millones de venezolanos que hoy formamos parte de esa escandalosa cifra. Más de 6,1 millones que hemos abandonado el país. Eso es más que toda la población de Costa Rica, de 5.200.000 habitantes, o que toda la población de Panamá.

Cuando Hugo Chávez llegó al poder el 2 de febrero de 1999, la mayor parte de esos millones de venezolanos que hoy están fuera ni siquiera pensaban en la posibilidad de migrar. Muchos profesionales fueron al exterior buscando ampliar conocimientos, y al término de la especialización había que regresar ‘al mejor país del mundo’. Vivíamos entonces en el país de las oportunidades. Oportunidades que nos daba, por cierto, el único sistema que garantiza la libertad, la alternabilidad en los gobiernos, el respeto a los DD. HH., la separación de poderes, la institucionalidad y el acceso a la justicia. Vivíamos en la Venezuela democrática, esa que durante 40 años nos dio gobiernos civiles.

Los venezolanos en 1998 tuvimos dos alternativas: un militar golpista y un demócrata respaldado por una gestión exitosa, el exgobernador Salas Romer. Los venezolanos no vieron el peligro. Creyeron en el discurso anticorrupción de quienes, más tarde, se robarían un país entero. Pensaron que era cierto el mensaje de ‘más y mejor democracia para todos’, de no persecución a la empresa privada, de respetar la libertad de expresión y a los medios de comunicación. Hoy las cifras hablan por sí solas: en 21 años de revolución, más de 5.000 empresas fueron expropiadas, nacionalizadas o intervenidas. Más de 200 medios de comunicación han cerrado sus puertas y más de 300 venezolanos permanecen en las mazmorras de la dictadura, tan solo por pensar diferente.

El chavismo ha dejado grandes lecciones. La izquierda latinoamericana aprendió la suya.Están advertidos del miedo que genera el socialismo del siglo XXI y por ello firmarán lo que sea y donde sea. Jurarán por un ‘puñado de cruces’ que respetarán las instituciones, que no expropiarán, sino que democratizarán la propiedad, pero, cuando lleguen al poder, lo ejercerán cómo está planificado en su modelo: no soltarlo jamás.

La pregunta: ¿hemos aprendido los demócratas lo que nos corresponde? Los venezolanos, cansados de la política y de los políticos, decidieron quedarse en sus casas aquel ‘aciago día’, y ganó quien, en el fondo, despreciaba la democracia.

Participar, votar, elegir es la única carta de quienes queremos y debemos defender la libertad para nosotros y para nuestros hijos. Después no alcanzará el tiempo para arrepentirse de lo que se pudo hacer y no se hizo. A los partidos políticos colombianos y a sus líderes, por favor, entiendan la importancia del momento. El fin es solo uno, preservar la democracia y el esfuerzo debe ser conjunto. Veintiún años después, la oposición venezolana no ha logrado entenderlo. Esto aplica para empresarios, productores, banqueros.

El futuro es el infierno. Se los digo yo, que vengo de sus profundidades”.