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Rolando González
Rolando González - Foto: SEMANA

Cautela, presidente Petro

Señor presidente, le pido cautela en sus propuestas y decisiones, porque no podemos defender el consumo de marihuana y cocaína sin medir sus efectos sobre la salud humana.


Por: Rolando González

Uno de los temas de la reforma tributaria presentada por el presidente Petro que ha despertado la atención de los colombianos es, sin lugar a dudas, el de los impuestos a las bebidas y comestibles ultraprocesados con contenido de azúcar, que hace parte del título V del proyecto de ley radicado en el Congreso.

Bienvenido el debate, pero sin populismo ni demagogia y especialmente sin mentiras, porque más allá de colocar un tributo a este tipo de productos, no hemos observado una agenda de política pública impulsada por el Gobierno Nacional para limitar el consumo de este tipo de alimentos y bebidas, diferente a imponer un gravamen.

No solo se hace populismo tributario prometiendo no subir impuestos, colocando incentivos o bajando alguno de ellos. Este tipo de impuestos propuestos en la reforma, sumado a los ambientales como el de los plásticos de un solo uso, reflejan medidas dirigidas a hacer más propaganda política, que a cambiar hábitos de comportamiento.

Serán impuestos “temporales”, dijo el señor Ocampo en una entrevista; en otra afirmó que no es un tributo recaudatorio, sino para cambiar patrones de consumo y algo más alarmante: “que las empresas que producen esos productos cambien su producto”, sin mediar en sus frases una sola cifra.

Por supuesto, es entendible que para un niño o adolescente que tiene como onces un jugo de bebida de fruta o una bebida a base de malta, un ponqué o un emparedado de jamón, no sea el “menú” ideal o el más nutritivo que se pueda tener y peor aún si estos vienen empacados en un plástico de un solo uso. A esto súmenle que, en esa misma familia, sus padres incluyan en la dieta diaria algún refresco con algún tipo de embutido.

Seguramente, para un nutricionista puede haber mejores opciones de alimentación, pero para el bolsillo de estos hogares populares cuyo ingreso no supera un salario mínimo mensual representará un golpe duro a su presupuesto, generando una presión inflacionaria sobre sectores que tienen menos ingresos, eso según datos del propio Dane

Los vaivenes del nuevo Gobierno nacional para “justificar” los impuestos saludables hacen pensar que la medida no fue contemplada inicialmente y preocupa que se repita de nuevo el talante improvisador que caracterizó el paso del señor presidente por la Alcaldía Mayor de Bogotá. No existen metas concretas en el proyecto que evidencien la reducción de casos como la hipertensión, obesidad, diabetes y algunos tipos de cáncer o los eventuales ahorros en gastos de salud pública y de atención médica por efectos de la imposición de tributos a este tipo de productos.

La exposición de motivos en un par de párrafos sustenta la medida; en el texto encontramos que “el sistema de salud colombiano incurre en un costo anual de 1.772,8 dólares por cada persona con esta enfermedad” y que el consumo de las comidas chatarras “han sido causales de enfermedades crónicas no transmisibles, como la hipertensión, obesidad, diabetes y algunos tipos de cáncer, generando un gasto al sistema de salud de, aproximadamente, 25 billones de pesos anuales (2,1 % del PIB) (Portafolio, 2022)”.

Las citas usadas en la justificación de la medida son de la Federación Internacional de la Diabetes y del diario Portafolio, que provengan de esas fuentes no significa que no sean verídicas. Sin embargo, ¿Cuáles son los datos oficiales que soportan económicamente la decisión? Sería bueno en el debate tener información sobre cómo un peso adicional pagado en impuestos a estos productos reduciría los casos y costos de atención a enfermedades crónicas no transmisibles. Señores del Gobierno, el proyecto en esta materia debe tener más rigurosidad técnica.

Dar un debate vía impuestos, distorsionando los precios no es la forma correcta de abordar este problema del consumo de los colombianos, se necesita fortalecer los demás aspectos. De lo contrario, tendremos las mismas enfermedades que el gobierno busca combatir, pero pagando unos pesitos de más.

La Organización Mundial de la Salud ha propuesto diversas alternativas para reducir la ingesta de estos productos, sería bueno que las ministras de Salud y la de Agricultura con el ministro de Comercio dieran a conocer sus estrategias encaminadas a cumplir las recomendaciones de la OMS como “aumentar los incentivos a los productores y vendedores minoristas para que cultiven, utilicen y vendan frutas y verduras frescas”, o para asegurar “la disponibilidad asegurada de alimentos saludables, nutritivos, inocuos y asequibles en centros preescolares, escuelas y otras instituciones públicas”.

Mientras abundan los memes en redes sociales con imágenes de frutas y verduras frescas haciéndole guerra a las bebidas procesadas, observamos con mucha preocupación la reducción de las áreas cosechadas y de la productividad en el campo de varios productos ubicados en este segmento. El posible desabastecimiento en las centrales de abastos de varias ciudades ―de acuerdo con los reportes del Dane en su boletín mensual mayorista― refleja que la escasez y el aumento del precio van más allá de una eventual estacionalidad de los productos; aspecto que los nuevos ministros deben tener en cuenta. Esperamos el paquete de medidas del Gobierno nacional que potencie un desarrollo del campo, abarate los márgenes de intermediación y donde efectivamente los productos lleguen a las ciudades en su presentación natural, para evitar que sean los procesados los que permanezcan en la canasta familiar.

Señor presidente, le pido cautela en sus propuestas y decisiones porque, por un lado, no podemos defender el consumo de marihuana y cocaína sin medir sus efectos sobre la salud humana; y, por otro lado, atacar a la industria nacional que ha impulsado el desarrollo empresarial de las regiones. La agenda legislativa no puede estar cargada de apasionamientos y posturas personales sobre un tema, sino que debe obedecer a criterios razonables, recuerde que está en juego el futuro de nuestra nación, tanto de los colombianos que respaldaron su propuesta de gobierno, como también de quienes no apoyamos su candidatura ni votamos por usted.

Finalmente, hago un llamado al Congreso, especialmente a los señores representantes “alternativos” a dar un debate serio, sensato y riguroso, que aglutine el sentir de los colombianos, para que los llamados impuestos saludables no pasen pupitreado.