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Opinión

  • | 2019/05/30 08:12

    Cayos y aviones en el mar de la China

    La controversia sobre las islas y cayos en el mar de la China, con algunas similitudes a la que afrontamos por nuestros cayos en del archipiélago de San Andrés, llevó nuevamente a Trump a amenazar a los chinos con el poderío militar norteamericano.

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El presidente Trump en su reciente visita al Japón, aprovechó la oportunidad para lanzar nuevamente una fuerte amenaza contra China, no ya dentro del marco de la guerra comercial que mantiene con Beijing, sino por el caso de las islas y cayos en el mar de la China.

En el buque de asalto anfibio USS “Wasp” en la base naval de Yokosuka, hizo alarde del poderío militar norteamericano y al mismo tiempo propaganda sobre el nuevo poderoso avión de combate F-35, el más caro de la historia, que le está vendiendo al Japón, que mantiene con China un diferendo sobre la soberanía de las deshabitadas islas de Senkaku.

De otra parte, existe otra controversia entre la misma China, de un parte y los Estados Unidos, Taiwán, Brunéi, Vietnam, Malasia y Filipinas, por la otra, por las islas Spratly, varias de ellas de características similares a los cayos colombianos.

Al principio de su mandato, Trump ya había increpado a China por las costosas obras que adelanta tanto en los bancos como en los pequeños cayos que emergen en pleamar en el Mar de la China y que, de conformidad con el derecho internacional, son islas y generan mar territorial. Los chinos reaccionaron advirtiendo que estaban decididos a defender sus intereses e hicieron un despliegue militar en el área.

Pasando a nuestro hemisferio, Colombia y los Estados Unidos firmaron en 1972 un tratado mediante el cual se puso fin al condominio que, sobre el cayo de Quitasueño y los de Roncador y Serrana pertenecientes al archipiélago de San Andrés, se había pactado desde 1928. Sin embargo, en el tratado, los Estados Unidos sólo retiraron sus pretensiones sobre los cayos, pero no reconocieron expresamente que eran colombianos. Exigieron además derechos de pesca para sus buques en áreas marítimas del archipiélago. Para completar, declararon que Quitasueño no emergía en pleamar y que por lo tanto no era susceptible de soberanía, lo que era un tácito respaldo a las pretensiones de Nicaragua.

Durante la primera fase del diferendo entre Colombia y Nicaragua respecto a la soberanía sobre el archipiélago de San Andrés y la delimitación marítima común en la Corte Internacional de Justicia, Nicaragua sostuvo la misma posición de los Estados Unidos con respecto a Quitasueño. Sin embargo, en su fallo de 2012 el alto tribunal rechazó la pretensión nicaragüense, y de pasada la de los Estados Unidos, señalando que Quitasueño pertenecía a Colombia y que no obstante que es una roca que solo emerge un par de metros sobre el mar, era una isla y que pertenecía a nuestro país. Por consiguiente, genera 3.500 kilómetros cuadrados de mar territorial e incluso zona contigua.

Es curioso que precisamente después del fallo de la Corte en el litigio colombo-nicaragüense, China acelerara las obras de relleno en los cayos y bajos del Mar de la China, en los cuales ha construido edificaciones y pistas de aterrizaje e instalado plataformas para lanzamiento de cohetes colocando las relaciones chino-norteamericanas en estado crítico.   

 (*) Decano de la facultad de Gobierno, Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la universidad del Rosario.

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