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Opinión

  • | 2018/09/12 03:18

    El Centro Democrático al ataque contra el presidente

    Parece una estrategia de este partido crearle hechos cumplidos al presidente para tratar de llevarlo de las narices.

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No le está resultando fácil gobernar al presidente Duque a pesar de sus buenas intenciones o quizá precisamente por razón de ellas. No debido a los partidos de oposición sino a la obstrucción del Centro Democrático que busca desgastarlo e imponerle la agenda y los tiempos. Y lo ha logrado en parte si tomamos en consideración el resultado de encuestas como la de Gallup que reduce su imagen favorable a un 53 por ciento cuando aún no tenía un mes en el poder.

Parece una estrategia de este partido crearle hechos cumplidos al presidente para tratar de llevarlo de las narices.
Al respecto podemos mencionar el despliegue que ha hecho el nuevo embajador en Estados Unidos respecto de que debemos comenzar a fumigar los cultivos ilícitos con glifosato y con helicópteros. Son temas que el señor presidente no ha definido y que contrarían “el principio de precaución” establecido por la Corte Constitucional pues el glifosato probablemente no solo mata la hierba que mata sino que tiene un impacto devastador en la salud de los campesinos y campesinas, especialmente las embarazadas. Ha dicho la Corte en la sentencia T-236/17 que analiza extensamente el tema del glifosato y del principio de precaución:

“La corte cuenta con elementos para concluir provisionalmente que el glifosato es una sustancia tóxica que dependiendo del nivel de exposición puede causar cáncer u otras afectaciones a las células humanas. Por otra parte, cuenta con elementos para afirmar, también de manera provisional, que el uso del glifosato podría estar relacionado con el aumento de afectaciones de salud en los municipios donde se utiliza”.

A su turno el Principio No. 15 de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, también citado en la misma sentencia establece:

“Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente.”

La protección de la salud, de un lado, y al medio ambiente, de otro, deberían impedirle al presidente complacer a su embajador en Washington, a quien habría que recordarle que la salud es un derecho constitucional fundamental inescindiblemente ligado al de la vida. Un país civilizado y democrático no puede erradicar cultivos ilícitos aun a costa de la salud y de la vida de los campesinos que terminan alcanzados por los efectos del glifosato. Es posible que el señor embajador, que antes había propuesto disolver manifestaciones de protestas con choques eléctricos a los protestantes, no sea sensible al derecho a la salud y a la vida. Pero tenemos esperanza de que el presidente sí.

El caso del señor embajador Santos es muy singular: Aunque el presidente de la República le dio como misión en Washington desnarcotizar las relaciones entre Colombia y Estados Unidos, lo que implica centrarlas en aspectos de nuestro comercio internacional, la seguridad en el hemisferio, la cultura, nuestro apoyo o discrepancia en relación con su política internacional, por ejemplo, el embajador insiste en narcotizarlas. Preguntado por Yamid Amat: “Embajador, el presidente ha dicho que lo que mayormente le ha encomendado es desnarcotizar las relaciones. ¿Cómo lo va a hacer?” Responde:

“Desnarcotizar es difícil con 210 mil hectáreas, es complejo… uno no puede dejar de lado el tema de narcóticos… una democracia con 210,220 o 230 mil hectáreas se ve amenazada y yo creo que es el más grave peligro de seguridad nacional que tenemos”. No coincide el señor embajador, figura relevante del Centro Democrático, con el presidente de la República.

Él tiene su propia agenda y será la que lleve a cabo. (Pregunta Yamid, 10 de septiembre de 2.018)
Otro ejemplo, éste más grave aún, es el del expresidente Uribe que ha presentado un proyecto de ley dándole facultades extraordinarias al presidente para incrementar el salario mínimo, como si el presidente de la República no tuviera facultades para hacerlo para el año siguiente y de las cuales hace uso a finales de cada año.

Esta iniciativa es tan extraña que daría la impresión de que el expresidente hubiera olvidado que “Tales facultades deberán ser solicitadas expresamente por el Gobierno”. Es lo que dice el a.150 numeral 10 de la Constitución que por cierto excluye de esta posibilidad ciertas materias: Expedir códigos, leyes estatutarias, orgánicas y las previstas en el numeral 19 de este artículo 150.

Pero como no resulta creíble que el señor expresidente, quien goza del prestigio de tener memoria de elefante, haya olvidado la norma constitucional, resulta inevitable preguntarse ¿qué mensaje le ha querido enviar al presidente Duque? Ha tenido éste el pulso para no avalar la iniciativa del distinguido senador, pero no es menos cierto que todas estas propuestas espontáneas señalándole rumbos de cierta manera lo irrespetan.

Pero no es solo el expresidente Uribe y el ex vicepresidente Santos quienes quieren llevar de las narices al Jefe del Estado. También lo ha pretendido el señor presidente del Congreso y ahora la senadora María Fernanda Cabal. A ambos les parece que el presidente debe cambiar la cúpula militar por “inservible”, según esta última. “La cúpula militar necesita un cambio urgente”. Y debe hacerlo a la mayor brevedad: “el Gobierno tiene que generar cambios rápidos”. “La gente tiene sus tiempos, y el tiempo de ellos se agotó”. “El cambio de Gobierno se dio, no entiendo por qué continúan”.

El presidente Duque está ante un dilema: O actúa como un Jefe de Estado responsable con el futuro del país como lo ha venido haciendo a pesar de uno que otro error, o actúa conforme a la línea que le pretende trazar el Centro Democrático. La ciudadanía en general tiene que estar alerta para apoyar en esta confrontación al presidente.

*Constituyente 91

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