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Opinión

  • | 2018/11/12 21:44

    100 días y contando...

    El presidente de Colombia no solamente está mostrando falta de liderazgo sino una extraña relación con la palabra y con la verdad. Objetivamente, la cosa no va bien. Ojalá, por el bien de todos, esto se componga. Habrá que esperar otros cien días…

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_¿Bueno, y cómo ha visto el inicio del gobierno?_, le pregunté el domingo a un abogado amigo con quien tengo cierta identidad política e ideológica. 

_Pues hombre, la verdad bastante bien_, me respondió. 

Al ser esta una persona que siempre había estado alejada de las tesis y de los postulados centrales del uribismo, su repentino optimismo me dejó sorprendido. 

De inmediato me puse en la tarea de explicarle las razones por las que yo veía distinta la cosa. Cuando iba a empezar mi retahíla, tal vez al leer en los gestos de mi cara el sermón que se venía, mi amigo me paró de taco. 

-¡Espere! Yo se todo lo que me va a decir, pero antes de que empiece déjeme decirle una cosa, déjeme darle un consejo. 

-A ver Camilo, soy todo oídos.

-Mire Federico, existe una línea muy delgada por la que usted debe caminar y a mí me parece que se está desviando y se está yendo para los extremos. A un lado de la línea están quienes conforman el comité de aplausos del gobierno, esos que lo defienden a capa y espada y a quienes todo les parece una maravilla. En el centro, caminando por la delgada línea que usted debe transitar, están quienes hacen una oposición crítica pero a la vez serena, objetiva y basada única y exclusivamente en los argumentos. Al otro lado, están los opinadores tercos, pasionales, resentidos, si se quiere. Usted no puede dejarse caer en ese lado. Tiene que hacer a un lado el corazón, opinar con la cabeza y volver así a ubicarse en la línea del centro. En la adecuada.

 A decir verdad, durante la campaña y en lo que va corrido del gobierno, en mis escritos he sido duro con el presidente Duque. He sido un crítico fuerte de su programa y de su gestión, pues considero que son varios los frentes en los que el jefe del Estado se está equivocando. Sin embargo, debo admitir que esa conversación me dejó pensando. ¿Será que Camilo tiene razón?, ¿será que me estoy dejando cegar por las pasiones cuando debería estar viendo a este gobierno con más benevolencia? 

Así las cosas, con esa duda en la cabeza, me puse a hacer una ronda de medios para leer los distintos artículos, editoriales, columnas y portadas, y tener así una idea general de cómo se veía el país al cumplirse los primeros cien días de gobierno. Para mi sorpresa, ese ejercicio me dejó con más preguntas que respuestas: los calificativos que resumen a grandes rasgos el balance que de los primeros cien días de Duque ha hecho la gran prensa son los de que el presidente es el gran reformador, el equilibrista, el desporalizador, el estadista, el joven simpático, el técnico, el preparado, el inteligente, el que maneja los temas, el que está acabando con la mermelada… Entonces quedé en las mismas. Tal vez peor. De pronto todos tienen razón y yo estoy equivocado. ¿Por qué no? Al sentarme a escribir esta columna mi intención no era otra que aclarar esa duda. Miremos entonces, con hechos, sin pasiones, qué ha pasado en lo corrido del gobierno a ver si logro ubicarme y aclarar la cabeza. 

Para empezar por lo bueno, hay que decir que a Duque sí se le ve una intención de no cazar peleas y de unir al país. Tampoco se puede negar que está haciendo un esfuerzo por cambiar la relación clientelar entre el palacio y el Congreso. Y por último, como cosa muy positiva, fue capaz de hacerse el loco con todo lo que prometió en la campaña frente al acuerdo de paz. 

Por el otro lado, por el de lo malo, no es poco lo que hay que decir. Tenemos un presidente mentiroso. Un presidente que prometió no engañar nunca a su pueblo pero que parece haberse olvidado de todo lo que dijo. Prometió bajar impuestos y subir salarios, pero ahora, en el poder, hará todo lo contrario. Prometió seis días al año sin IVA y de eso se olvidó. Prometió acabar con el fracking y ahora habla de fracking responsable. Prometió trabajar por la educación pero no ha sido capaz de reunirse con los estudiantes. Prometió un país más educado pero ahora pretende gravar los libros y las revistas. Prometió trabajar por los pobres pero ahora va a llenarlos de impuestos. Prometió un Estado austero pero subió sus gastos de funcionamiento y no acabó con las corbatas que antes criticaba. Prometió acabar con la mermelada pero ahora su partido pretende meter un mico para revivirla. En fin… Ustedes cogen la onda. Promesas y promesas que van quedando en el camino. 

Es cierto que Duque está teniendo problemas de gobernabilidad. A la gente le quieren meter el cuento de que eso se debe a que ya no hay mermelada. Eso es falso. El problema en el Congreso es que el presidente parece tener en el Centro Democrático a su más terrible adversario. Yo todavía no he entendido si la agenda del gobierno la dicta Duque o la dicta Uribe a través de Macías y de Paloma Valencia. 

Lo cierto es que hasta ahora nadie tiene idea de para dónde va este gobierno. No se sabe quién manda ni cuál es el mensaje. En términos reales, en estos cien días solo hay dos hecho palpables y materializados. Por un lado, el teatro de la dosis mínima que ya está mas que establecido que solo sirvió para enriquecer a los jíbaros y a los policías corruptos y no tuvo ningún efecto en el consumo. Por el otro, la modificación a la JEP que, acuérdense de mí, no es más que una trampa para que no delaten a los políticos que dieron las órdenes y venga la CPI a llevarse a los militares. 

Entonces, con semejante balance, ¿cómo es posible que haya tanto optimismo mediático? Pues hombre, para no ser muy extensos, lo que está pasando es que tenemos varios medios entregados al poder. Eso sí que es grave en una democracia. Luego de todo este ejercicio creo que sigo pensando lo mismo. 

El presidente de Colombia no solamente está mostrando falta de liderazgo sino una extraña relación con la palabra y con la verdad. Objetivamente, la cosa no va bien. Ojalá, por el bien de todos, esto se componga. Habrá que esperar otros cien días… 

En Twitter: @federicogomezla





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