
Opinión
Cinismo ministerial
¿Será que el ministro tiene mala memoria o padece de alguna tara que le impide reconocer todo lo que ha hecho él y este Gobierno para afectar las capacidades de las fuerzas militares y de la policía de los colombianos?
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La Real Academia de la lengua Española define el cinismo como la falta de vergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables; esta definición cobra una gran relevancia, pues la falta de vergüenza ha sido la constante en los pronunciamientos de algunos ministros del despacho en el gobierno de Petro desde que comenzó el 7 de agosto del 2022.
Sin restarle importancia a la desacertada petición del ministro del Interior para que se aprobara la elección a dedo de los directores de los hospitales; de su salida en defensa de la industria del secuestro por parte de los terroristas del ELN, con su frase “hay que ver de qué van a vivir”; de la cruel exposición del ministro de Salud atacando la forma como el gobierno Duque dio manejo a la crisis de la pandemia, cuestionando la compra de respiradores, la ampliación de las unidades de cuidados intensivos, además de poner en grave duda la efectividad de las vacunas anti covid-19; de la absurda defensa que hizo el ministro de Justicia sobre el desmonte del decreto 1844 del 2018 con el cual se habilitaba a la policía para enfrentar el flagelo del microtráfico, en la que sentencia, palabras más o menos, que los padres deben educar a los niños para que consuman los alucinógenos en casa, como respuesta a la preocupación manifiesta de la periodista que lo estaba entrevistando; el cinismo del ministro de la Defensa Nacional se lleva el premio mayor.
El pasado 5 de diciembre, en el templo de la milicia, en la escuela del combate, como se le conoce al fuerte militar de Tolemaida, el señor ministro de la Defensa Nacional, Iván Velásquez Gómez, nuevamente, hace gala de una total ausencia de vergüenza por su ineptitud en el manejo de la seguridad de los colombianos. Ya nos había sorprendido señalando que la responsable del secuestro de la sargento Karina Ramírez con sus hijos era ella, por ser imprudente, lavándole las manos a los plagiarios del ELN.
En esta oportunidad, lo hace de nuevo ante cientos de hombres y mujeres acantonados en esa unidad del Ejército Nacional, justificando de una forma absurda como grupos armados han venido consolidando su poder en algunas regiones del país.
Como ha sido siempre, y en una demostración dadaísta de este Gobierno, nada de lo que estaba antes servía y por ello su afán de hacer reformas a como dé lugar, pues antes de ellos solo existía la nada y puntualmente, en esta oportunidad, el ministro dice que “Nos encontramos además con una fuerza pública disminuida por muchas circunstancias y entonces empezamos a definir cómo incrementamos la capacidad de la fuerza pública”, insinuando que al llegar al gobierno Gustavo Petro, recibió unas fuerzas militares debilitadas.
¿Será que el ministro tiene mala memoria o padece de alguna tara que le impide reconocer todo lo que ha hecho él y este Gobierno para afectar las capacidades de las fuerzas militares y de la policía de los colombianos?
Si lo dicho por el ministro hubiese sido en un escenario diferente, se podría entender que es parte de un discurso demagógico para buscar más adeptos en su campaña “transformadora”, pero el tema es que se lo estaba diciendo a los hombres y mujeres que están sufriendo en carne propia el abierto desprecio por la fuerza pública por parte de quienes hoy lideran muchos niveles del ejecutivo. Se necesita ser muy sinvergüenza para mirar al rostro de militares y de policías, y señalar en otra dirección buscando las causas por las cuales enemigos de la paz (este término le da ampolla a un sector importante de la izquierda) han logrado niveles de poder y de control territorial, solo visto antes del año 2002. Esto último también les molesta (¿por qué será?).
Como las voces callan cuando la estupidez se impone, muy pocos elevaron la suya para protestar o mostrar inconformidad por lo expresado, pero es necesario ayudar a recordar al ministro todas las medidas adoptadas desde que este gobierno se posesionó y lo nombró para manejar la cartera responsable de la seguridad y la defensa del país, y que han incidido en el debilitamiento de la fuerza pública, por lo que el panorama actual es solo su responsabilidad y que no necesita mirar muy atrás ni usar retrovisor para buscar sus causas.
Ministro, comencemos por recordar que pocos meses después de posesionado y habiéndose aprobado el presupuesto para la presente vigencia fiscal, usted solicita, sin explicación y de manera apresurada, al ministerio de Hacienda un recorte de 800 mil millones de pesos. Hoy helicópteros y aviones, fundamentales para el transporte de tropas y apoyo de fuego, están en tierra por falta de repuestos y combustible y existen grandes deficiencias en vestuario y equipo en cada una de las fuerzas.
En su afán de mostrar a Colombia como “potencia de la vida”, una de las primeras instrucciones dadas por el Gobierno fue la de suspender los bombardeos sobre los campamentos de los grupos armados ilegales; esta instrucción permitió el trasladado de los campamentos que antes estaban al otro lado de las fronteras, para que fueran instalados cerca de centros urbanos en las regiones donde los diferentes grupos mantienen su presencia más fuerte, sin temor alguno. Antes de este Gobierno, los terroristas y delincuentes organizados no podían pasar dos noches en el mismo lugar y mucho menos dormían tranquilos. Ahora lo hacen y con mucha comodidad.
Al mes, en el mes de octubre de 2022, el senado aprueba la eliminación de la obligatoriedad para prestar el servicio militar en nuestro país, causando una disminución de los efectivos en todas las unidades del Ejército. Desde noviembre del año 2022 no se ha podido reunir las cuotas de reemplazo para cada contingente que se licencia por término de su servicio, dejando a los batallones sin la capacidad de cubrir todos los puntos de la jurisdicción asignada.
El Ejército, en su afán de mantener sus efectivos, implementa la incorporación de soldados femeninos, las cuales no pueden cumplir actividades operaciones, solo administrativas. En este mismo sentido, en el mes de noviembre del 2022, motivado por la masacre perpetrada contra soldados que prestaban seguridad en un municipio del Cauca, usted señor ministro da la instrucción para que soldados regulares no sean enviados a zonas de conflicto y en esa oportunidad usted trina: “Los soldados regulares, como los que murieron hoy en Buenos Aires, Cauca, no deben ser enviados a zonas de conflicto. Los mandos de las Fuerzas Militares tienen que revisar con cuidado los lugares a los que pueden ser asignados, reduciendo al máximo los riesgos para sus vidas”; ¿se acuerda? Hoy los Comandantes militares no tienen suficientes soldados para cubrir sus áreas de responsabilidad.
Finalizando el año 2022, el presidente lanza el anuncio de un cese al fuego de manera simultánea con cinco organizaciones armadas e ilegales, sin análisis, sin consultar ni siquiera con la voluntad de los grupos objeto de ese beneficio y sin que se diera un instructivo claro por parte de su ministerio dejando a las unidades militares y de policía en un limbo jurídico y operacional. Esta intención de cese al fuego ha ido y venido durante lo que va del año 2023, causando una inactividad operacional que ha permitido que miembros de los grupos armados protegidos por esa medida, se paseen por pueblos y vías del país, libremente, sin temor y sin que la fuerza pública actúe para impedirlo. Le recomiendo vea las noticias de televisión y de los medios escritos, que han dado cobertura ampliamente a esta situación.
No sobra recordar al ministro que es el Gobierno quien, con la figura de “gestores de paz”, ha venido sacando de la cárcel a varios delincuentes y suspendiendo órdenes de captura a otros, los cuales ahora están con sus grupos en trabajos de organización, de proselitismo ideológico, reclutando y ejecutando sus acciones delincuenciales, pues como dice del ministro del Interior: “De algo tienen que vivir”. Adicione a esto que este Gobierno retiró del servicio a más de 60 generales, a los de mayor y amplia experiencia en el manejo del orden publico, dejando en cargos sensibles a coroneles para que aprendieran con ensayo y error; ministro, muy grave esto, pues un error militar son vidas que se ponen en riesgo.
Un tema para considerar dentro de su “enorme preocupación” por la situación actual en la seguridad del país, es que el trabajo de la JEP está haciendo efecto sobre la moral combativa de los militares y policías, pues hoy no quieren asumir riesgos que los lleven, en el escenario de un nuevo acuerdo de paz, a ser sometidos al escrutinio de otro tribunal o del ya existente, que mire con la lupa del futuro sus actuaciones desarrolladas en un marco legal que podría ser desconocido después, como en efecto está pasando con el tribunal especial actual. También debe considerar que esos acuerdos entre Gobierno y bandidos por debajo de la mesa para expulsar a los soldados de los territorios, como lo hicieron en El Plateado, los “cercos humanitarios”, como el ministro del Interior llamó al secuestro de los policías en los Pozos, en el Caguán, y en donde asesinaron al patrullero Ricardo Monroy Prieto (Q.E.P.D), tampoco favorecen el ejercicio pleno de la autoridad en las áreas de las cuales usted ahora se queja son de control de los delincuentes y terroristas. Señor ministro, a los soldados se les debe respetar, pero lo que reciben en las zonas donde las llamadas guardias campesinas e indígenas están empoderadas, son solo humillaciones, maltratos y robos, sin que se vislumbre un ápice de justicia.
No sobra decir que el diseño de la política del ministerio en seguridad y defensa, siguiendo los lineamientos de la presidencia, está lleno de improvisaciones y debilidades que dejan en riesgo a los mandos institucionales; en esencia, la inconsistente estructuración del llamado proceso de paz total no permite la definición de planes operacionales consistentes y de larga duración. De pronto ustedes pensaron que por existir algún tipo de afinidad ideológica con algunos de los grupos armados irregulares e ilegales les abriría la pista para lograr un proceso de paz expedito y con menores costos, pero es menester decirle que todos esos actores armados con los cuales buscan lograr la paz sin imponer la autoridad legal del estado, ya han pasado por procesos de paz y siempre han mordido la mano que se les ha extendido con gentileza, y siguen en las mismas.
Ministro, no siga mirando el retrovisor para justificar sus propias incapacidades en el manejo del orden público y para garantizar la seguridad de los colombianos, el país tiene unas fuerzas militares y de policía con experiencia y con capacidades, pero le recuerdo que un perro amarrado y con bozal no muerde así gruña mucho. El aumentar la bonificación de los soldados regulares no va a solucionar los problemas de incorporación, pues se les paga más a jóvenes por no delinquir y sin arriesgar nada, que lo que se le reconoce a los soldados por sacrificar a sus familias, su tiempo, su salud y hasta su vida por medio salario mínimo. Hoy las Farc, lo que llaman Estado Mayor, están reclutando, carnetizando e incorporando directa e indirectamente a las juntas de acción comunal a sus estructuras y la pregunta es ¿qué va a hacer usted?
