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- Foto: Juan Carlos Sierra

Fútbol y política

El fútbol genera en algunos países profundos efectos, no sólo en el ámbito doméstico, sino en su proyección internacional.

Por: Julio Londoño Paredes

El fútbol que estamos siguiendo ahora entre frustraciones y esperanzas, genera en algunos países profundos efectos, no sólo en el ámbito doméstico, sino en su política internacional.

Cuando regía al Brasil la dictadura militar, pregunté a un alto funcionario de la cancillería de Itamaraty por qué no se apreciaba, como sucedía en otros países, un movimiento de resistencia contra el gobierno. Explicó que Brasil era el país de “las tres efes”: fútbol, fiesta y frijoles y que mientras la selección brasilera ganara, los carnavales fueran esplendorosos y no faltaran los frijoles, todo marchaba bien y que eso los militares lo sabían. Incluso intervenían en la alineación de la selección nacional.

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Los jugadores y entrenadores pueden pasar de la noche a la mañana de héroes a villanos y viceversa. Juan Carlos Osorio, criticado unánimemente en México, se transformó en el más querido en el país, cuando Hirving Lozano marcó el gol del triunfo de México en el partido con Alemania. Pekermán, a pocos días de ser elogiado y de recibir la Cruz de Boyacá, es proscrito y se pide su destitución y reemplazo.

A finales del año pasado el famoso George Weah, balón de oro mundial en 1995, estrella durante una década del Milán y exjugador del Manchester City, del Chelsea, del París Saint Germain y del Mónaco, en la segunda vuelta en las elecciones en Liberia venció al vicepresidente en ejercicio, Joseph Boakai y fue proclamado presidente de su país.

Mohamed Salah, el goleador egipcio y estrella del Liverpool, obtuvo el segundo puesto en las pasadas elecciones presidenciales en Egipto con casi un millón de votos, a pesar de que no era candidato, no había hecho campaña alguna y ni siquiera figuraba en el tarjetón electoral. Cuando fue lesionado en un partido de su equipo pocos días antes del mundial, el presidente tuvo que intervenir para atenuar la indignación nacional.

Gianni Rivera uno de los mejores jugadores italianos de la historia e ídolo en su tiempo del Milán, basado en esa condición, fue ministro de defensa de Italia durante el gobierno de Romano Prodi y luego diputado y miembro del Parlamento Europeo.

El mejor jugador en la historia en la República de Georgia, Kakha Kaladze, también exjugador del Milan y del Genoa en Italia y héroe nacional, fue designado viceprimer ministro y ministro de desarrollo regional. Actualmente es alcalde de Tiflis, la capital de Georgia.

Romario, el delantero brasilero, después de ser diputado en las elecciones de 2014 se convirtió en el senador con más votos en Río de Janeiro. Su vida desordenada le impidió ser alcalde de Rio de Janeiro y de pronto presidente.

Putin se está apuntando un importante triunfo político con la celebración del campeonato, a pesar de la intervención rusa en Siria. Entre tanto Trump, no obstante su encuentro con Kim Jon-un, asediado mundialmente por la decisión de separar 2300 niños latinos de sus padres, tuvo que revocar la medida, como hace con casi todas sus decisiones.

Entre tanto, por más explicaciones formuladas y a pesar de que argentinos y rusos hayan hecho cosas parecidas o peores, las grotescas “chanzas pachunas” de un par de aficionados colombianos en Rusia, con razón o sin ella, dieron la vuelta al mundo y no dejan de afectarnos internacionalmente, más de lo que estamos por el narcotráfico.

(*) Profesor de la facultad de relaciones internacionales de la universidad del Rosario.