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Opinión

  • | 2019/05/10 11:08

    Los sospechosos de siempre

    He tomado prestado el título de una de las 50 mejores películas de la historia para comentar una dinámica judicial que aqueja a Colombia hace tres décadas en particular. Si es amante del cine y no ha visto la película, véala y regrese a este columna otro día, porque cualquier cosa que lea aquí no justifica que se pierda de la trama y la actuación de Kevin Spacey –la película ganó Oscar a mejor guión original y Spacey a mejor actor de reparto-.

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En la película, el único sobreviviente y testigo de un incendio en un barco donde se queman 27 personas, y quienes habían sido previamente asesinados, es un discapacitado físico y mental. Va contando en un su interrogatorio una historia cada vez más compleja mientras intenta aclarar los hechos y el porqué él y sus amigos criminales estaban ahí.

 Termina el interrogatorio y para sorpresa de uno, el discapacitado ni tiene limitaciones mentales ni físicas. Y se ha inventado todo para alejar a los investigadores de él mismo, quien es el cerebro y el jefe detrás de todo lo que pasa desde el comienzo hasta el final de la película. ¿Cómo enreda y convence a los investigadores? Pues entregándoles poco a poco a los sospechosos de siempre, personas que ya han tenido roces con las autoridades y que son conocidos de una u otra manera por la justicia.

 En Colombia tiene que haber varios de estos que pasan por bobitos y lentos y que están detrás de grandes crímenes que ocupan tanto a la justicia como al Estado en distintas instancias e impactan a la opinión pública incluso tras décadas de haberse cometido. Y esos que pasan desapercibidos, y otros no tanto, se han valido de los medios, de la manipulación de la opinión y del uso de testigos falsos para retrasar, desviar y, en no pocos casos, para frustrar el esclarecimiento de los hechos.

 De la misma manera, hay una conveniente lista de sospechosos de siempre a la cual recurre siempre la justicia, sin duda en casos manipulada por un testigo de estos que "no tenía nada qué ver". No hay delito de impacto que no se le atribuya a uno de estos convenientemente ya muertos o en prisión con condenas por hechos contradictorios.

 El primer gran sospechoso de siempre, Pablo Escobar. Independientemente del monstruo asesino que sí fue, ¿cuántos crímenes no se le han atribuido a Escobar que ni cometió él, ni tenía lógica o beneficio alguno que los cometiera? Para dar solo un ejemplo, hace un par de años El Espectador publicó una investigación acerca de la explosión del vuelo 203 de Avianca. En términos técnicos y de pruebas y procedimientos, El Espectador reporta una duda de los expertos, razonable y sólida, no sólo acerca de la existencia de explosivos en los restos del avión sino en los procedimientos de investigación para probarlo. Más aún, entrega detalles sobre la posible falla técnica que causó la explosión, pero ni en el momento le convenía a Boeing desmentir lo de la bomba para admitir la falla técnica, ni con el paso del tiempo a los gobiernos quitarle a Escobar la acusación sobre lo que sería un acto terrorista de esa magnitud.

 El otro gran sospechoso de siempre, Carlos Castaño. Personaje carismático y astuto,-no menos asesino y terrorista que sus enemigos cabecillas de las Farc-, en vida nunca fue ni cobarde ni miedoso para aceptar sus crímenes –lo que toda la vida sí han sido los cabecillas de las Farc-, siempre negó su participación o la de su organización en la muerte de Jaime Garzón. Después de muerto es, convenientemente, el responsable de muchos delitos que no tienen lógica ni relación con base en lo que fue su carrera criminal, su ideología política, ni su  personalidad. ¿Cómo se explica que Castaño secuestra a Piedad Córdoba, -quien tiene un largo historial de relación con las Farc y de quien la justicia ha sospechado en oportunidades que sea parte del grupo terrorista o al menos una auxiliadora de alto nivel-, y la devuelva afortunadamente sana y salva, pero el mismo monstruo esté detrás de la muerte de Garzón, de quien lo peor que se ha dicho es que se beneficiaba de la intermediación en secuestros?

 La lista de sospechosos de siempre es más larga de lo que cabe en esta columna, pero uno de los favoritos es el general (r) Miguel Maza Márquez, noticia de nuevo porque ahora lo van a vincular a crímenes contra la Unión Patriótica. Por ejemplo, una cosa es que los esquemas de protección fueran mediocres o que hubieran sido infiltrados, pero, ¿qué lógica tiene el que Maza Márquez se hubiera aliado con su enemigo personal Escobar –quién trató de matar al general en varias oportunidades-, para asesinar a Luis Carlos Galán?

 En muchos casos, la justicia colombiana ha fallado en mostrar y demostrar los motivos y el beneficiario de importantes crímenes. Sin duda alguna hay varios "bobitos" por ahí sentados muertos de risa viendo cómo todo el país señala, acusa y se convence de que los culpables son los sospechosos de siempre.

 

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