opinión

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- Foto: Juan Carlos Sierra

¿Nos llegó la hora?

A ocho días de las elecciones, los colombianos debemos estar conscientes de que es la democracia misma la que está juego. ¿vamos hacia un régimen solcialista?


Por: Miguel Ceballos Arévalo

El próximo 27 de mayo de 2018 pasará a la historia de Colombia como una de las fechas más importantes de nuestra historia democrática.  Las elecciones presidenciales no solamente definirán quien será el nuevo mandatario de los colombianos, sino también cuál es el modelo de estado que regirá durante los próximos decenios. La preocupación sobre la supervivencia y estabilidad del régimen democrático que ha venido imperando en nuestro país, comenzó a crecer a partir del proceso de negociación con la guerrilla de las Farc, fruto de la cual las instituciones fundamentales de nuestro Estado de derecho comenzaron a ser reformadas, abriendo un camino de ruptura en el equilibrio de los poderes públicos que hoy ya empieza a mostrar sus nefastas consecuencias.

A pesar de las advertencias que se hicieron desde los sectores que se opusieron a los acuerdos con las Farc, quienes triunfaron en el plebiscito de octubre de 2016, el gobierno de Juan Manuel Santos siguió adelante cediendo a las concesiones exigidas por las Farc, entre ellas la creación de una Justicia a su medida, en la cual no tendrían cárcel, se les perdonaría el delito del narcotráfico y se les concedería el acceso al poder, sin haber sido juzgados.

Esa justicia “especial”, ya está hoy en funcionamiento y ha empezado a tomar sus primeras decisiones sin que aun haya sido aprobado por el Congreso su reglamento, es decir, ya comenzó a romper el orden institucional del país sin que nada ni nadie pueda detenerla. La decisión de la Justicia Especial de Paz -JEP- de suspender la extradición de Jesús Santrich, confirma todos los temores de quienes insistentemente advertimos que ese tribunal se convertiría en un super poder, por encima de las Cortes, la Fiscalía, el Congreso y hasta del presidente.

Esta decisión, que está siendo cuestionada hasta por uno de los padres de la JEP, el Ministro del Interior Guillermo Rivera, es solo la cuota inicial de lo que se nos viene en los próximos días con la implementación de los acuerdos. El 20 de Julio,  10 miembros de las Farc se estrenarán como nuevos congresistas, ellos harán leyes para nosotros y nuestros hijos,  sin que se les haya juzgado por sus crímenes. Habrá constantes choques de trenes entre la Corte Suprema de Justicia y la JEP, entre el Fiscal General y el Fiscal de la JEP, entre los congresistas de las Farc y los recién elegidos congresistas del movimiento político de Gustavo Petro, quienes querrán forzar la  instalación de una Asamblea Nacional Constituyente, con la cual buscarán reemplazar la falta de votos que no les permitió tener mayorías en el Congreso, con la creación de una “asamblea” legislativa, al mejor estilo del chavismo. 

Si a este escenario, que ya no es hipotético, sino que ha comenzado a evidenciarse a través de hechos concretos, se le llegare  a sumar el arribo al poder de Gustavo Petro, candidato que según todas las encuestas pasaría a segunda vuelta, quien, aunque trate de maquillarlo de mil maneras, defiende un modelo de Estado socialista, orientado sin tapujos a la estatización de la propiedad, de la educación, de la salud y de los medios de comunicación, para  llevar al país a un cambio en su modelo económico y cultural, nos habría “llegado la hora” que le llegó a Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, países que han probado en carne propia la “receta” del populismo socialista, con los nefastos resultados que hoy saltan a la vista.

Imposible no recordar las palabras de la sabia escritora judía-rusa, Alisa Rosenbaum, más conocida por su seudónimo de Ayn Rand, quien oponiéndose al régimen Leninista afirmó: “No hay diferencia entre comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante el voto…”

No podemos perder de vista que lo que está en juego es la democracia misma, la posibilidad de seguir viviendo en libertad, sin miedo a que un Estado totalitario y totalizador vigile cada una de nuestras conductas y nos diga que podemos pensar, escribir y decidir. ¿Qué le diremos a nuestros hijos y nietos cuando nos pregunten por quien votamos el 27 de Julio de 2018?  Yo les responderé que voté por una nación libre, negándome a aceptar que a Colombia le “ha llegado la hora” del socialismo.

@ceballosarevalo