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Opinión

  • | 1999/03/08 00:00

    COMO LA HJCK

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ANte el fallo de la Corte Constitucional sobre una tutela de la senadora Viviane Morales,
decidido por una mayoría de cinco magistrados sobre dos, quienes no estamos de acuerdo en que los
congresistas puedan actuar como jueces absolutamente irresponsables nos sentimos interpretados por el
lema de la HJCK: que formamos parte de una inmensa minoría.
Pero desde esta inmensa minoría queremos advertir que el caótico fallo de la Corte traerá unas
consecuencias para el país que es bueno analizar para que no nos cojan desprevenidos, y son las
siguientes:
. En el futuro acaban en Colombia las sentencias de constitucionalidad, pues éstas no volverán a hacer
tránsito a cosa juzgada. Ha quedado demostrado que con una tutela, que por esencia tiene carácter individual,
puede ser modificada en cualquier momento una sentencia de constitucionalidad, que tiene carácter general o
lo que los juristas llaman elegantemente erga-omnes para decir complicadamente lo que sencillamente quiere
decir que se aplica a todo el mundo. Pagaría lo que me pidieran por ver cómo le explican semejante absurdo
a sus alumnos de la facultad de derecho los cinco magistrados que integran la ya clásica mayoría de la
postrada corporación.
. La Corte Suprema ha quedado virtualmente colgada de la brocha. No en dos fallos, como pensábamos,
sino en ocho sentencias, óiganlo bien, sus magistrados habían aceptado por unanimidad que los
congresistas actúan como jueces en procesos de carácter penal contra el Presidente de la República. Con
base en esos ocho fallos, la Corte Suprema aceptó la demanda de un ciudadano contra 109 congresistas
que pudieron cometer, algunos de ellos, los delitos de prevaricato y de cohecho. Ahora las mayorías de la
Corte dicen que se equivocaron, que se equivocaron no una sino ocho veces, que qué pena, que la Corte
Suprema no puede investigar a los congresistas por sus votos judiciales, aunque en ocho
oportunidades anteriores hubieran dicho por escrito que sí.
. El abogado del presidente Samper, el doctor Cancino, le quitó al proceso su carácter político y lo volvió
jurídico, para que la decisión de la preclusión contra el presidente hiciera tránsito a cosa juzgada y no
pudiera jamás reabrírsele el proceso. Quienes actuaron en consecuencia como jueces del presidente
ahora reiteran el carácter político de ese juicio, para poder defender la tesis de que el voto que en esa
oportunidad emitieron es inviolable.
. Según el fallo que todavía no produce la Corte Constitucional, porque insólitamente anunció esta
histórica decisión a través de un simple titular de prensa que carecía de explicación escrita (parece que se
les ha complicado la redacción de un fallo tan absurdo), los congresistas podrán ser juzgados por cohecho
pero no por prevaricato. Lo que en otras palabras significa que los votos de los congresistas serán inviolables
siempre y cuando cometan prevaricato, pero no cohecho.
. Pero eso, curiosamente, no quiere decir que los congresistas no puedan cometer prevaricato. Al contrario. A
raíz del fallo de la Corte se ha venido a saber que los congresistas sí pueden cometer prevaricato, porque no
les pasa nada.
. Hasta donde entendíamos, la inviolabilidad de los congresistas en cuanto a sus votos y opiniones consistía
en que nadie podía cuestionarlos por emitirlos en un sentido o en el otro. Pero la Corte Constitucional acaba
de resolver que incluso son inviolables hasta cuando van acompañados de un delito.
. Pero el fallo de la Corte también ha dejado claramente establecido que en Colombia hay funcionarios
públicos de primera y de segunda. Los de primera son congresistas, a veces actúan como jueces, y no
pueden ser investigados ni sancionados. Los de segunda son todos los demás, incluyendo a los jueces
comunes y corrientes, a los que la Corte sí los hace responsables personalmente de sus fallos.
En conclusión, este fallo de la Corte, que todavía no existe, ha dejado a Colombia sin jurisprudencia, a los
congresistas con patente de corso, a la Corte Suprema al garete de un representante 'loquito' que se llama
Pablo Ardila, y a la justicia sumida en una gran incertidumbre. Ah. Y a los colombianos, a esos que
formamos parte de la inmensa minoría, boquiabiertos.
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