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Opinión

  • | 2018/10/09 02:12

    Andrade

    Robert Moses fue una de las figuras más importantes e influyentes de USA. Se le debe, en gran parte, lo que es hoy NYC en materia urbanística y de obras públicas.

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Por varias décadas, Moses se convirtió en un muy hábil y sagaz agente de poder que utilizó la autoridad y dominio de las autoridades públicas para lograr sus objetivos. El periodista Robert Caro escribió su biografía, merecedora del Pulitzer. “Este hombre, personalmente honesto en materia monetaria, se convirtió en el foco de la corrupción de NYC al remplazar la mano larga por los beneficios que podrían ser derivados, con legalidad, de los proyectos de obras públicas”. Moses no se robó nunca un peso. Sin embargo…

Me he referido en varias columnas a la urgencia de adelantar un debate serio y profundo sobre la corrupción en Colombia. La portada de la última SEMANA me lleva de nuevo a esta reflexión. Sobre Luis Fernando Andrade se enfatiza siempre que nunca se robó un peso (hay como una cierta urgencia mediática por absolverlo). Seguramente así fue. Pero su caso se ha convertido en una telaraña jurídica precisamente por la falta de claridad, tanto en los conceptos como en el lenguaje.

En el gobierno de Santos, Andrade fue director de la ANI, antiguo Inco, una entidad que es como una papa caliente pues sus anteriores directores (Soto y García Morales en tiempos de Uribe) también fueron acusados de corruptos, aunque por otros cargos. Hubo incluso una directora (María Inés Agudelo) que renunció por conducir borracha.

Andrade venía de trabajar en Mckinsey, conocida en el mundo de los negocios como “La Firma” y de la que se lee en Google: “Es globalmente reconocida como la empresa de consultoría más prestigiosa del mundo en la que es más complicado conseguir una oferta de trabajo”. Entre 1950 y 1960, Marvin Bower, uno de sus fundadores, escribió un catálogo de principios para sus empleados que el escritor Eugene Soltes recogió en su celebrado libro Why They Do It: Inside the Mind of the White-Collar Criminal. Un par de ellos: “El cumplimiento de prácticas veraces y éticas en todo momento, la protección de la confidencialidad del cliente y el mantenimiento de la independencia profesional”.

Pero somos humanos: hace una década La Firma se vio envuelta en un gran escándalo porque dos de sus miembros, Rajat Gupta y Anil Kumar, quedaron atrapados en las escuchas telefónicas que socavaron directamente estos principios por darle información privilegiada a Raj Rajaratnam, un millonario que fue arrestado por abuso de información privilegiada, declarado culpable de 14 cargos de conspiración y sentenciado a 11 años de prisión con una fianza de ¡USD 100 millones! Como este, hay otros casos (como el de Navdeep Arora o el de Eskom en Sudáfrica) que no dejan muy bien parada a Mckinsey. Que Andrade haya trabajado allá no significa per sé, como se quiere hacer creer, que sea impoluto.

Ahora bien, SEMANA afirma: “A nadie que haya conocido a Andrade se le pasa por la cabeza que haya abandonado el prestigioso y bien remunerado cargo de presidente de la firma neoyorquina para buscar algún beneficio económico por cuenta del erario”. La verdad es que Andrade (quien casualmente se graduó en Wharton, la misma Escuela de Negocios en Pensilvania donde estudió Anil Kumar), no se retiró de Mckinsey para venirse a dirigir la ANI. Ya para entonces había renunciado y era dueño de una heladería junto con dos socios, uno de ellos la abogada Nohora Acero.

Pero si fuera cierto lo que afirma SEMANA, y como no conozco a Andrade, más bien se me pasa por la cabeza otra inquietud: si es tan difícil conseguir trabajo en esa empresa tan prestigiosa, si Andrade ganaba tan bien y si su cargo era tan importante, ¿por qué se pasó a trabajar como director de la ANI, un cargo del que quienes le precedieron a él salieron tan mal librados? ¿Inmolarse por el bien común? ¡Hmm! Mucha de toda esta información ni cuadra ni convence. Tal cual se dice de Moses, quizá Andrade no se robó nunca un peso. Sin embargo…

@sanchezbaute

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